Capítulo1: Transformándome.
Mila.
Desde que pase para secundaria todo ha sido diferente, realmente no estaba preparada para estos cambios, pero lo he venido manejando a mi manera. «Que realmente no sé si es una buena manera ja, ja, ja».
Me llamo Mila Alejandra Monasterio Zipp, tengo doce años, soy tez blanca, ojos verdes grisáceos, cabello larguísimo castaño claro con reflejos dorados, estatura promedio baja (un metro cuarenta y ocho centímetros), me caracterizo por ser callada e introvertida.
La única amiga que tenía en la primaria se fue a estudiar a otro liceo, quedándome un verdadero vació en mi pecho, por esta razón tenía una gran tristeza.
Pero ahora que lo pienso es algo realmente absurdo estar triste por alguien que no sabías que era la única persona en tu grupo, a la que de verdad te quería o importaba. Sé que está mejor a donde ella está ahora porque sufría Bullying no era algo severo porque estudiábamos… yo aún sigo estudiando allí… en una escuela católica, no estricta, pero si orábamos todas las mañanas; creo que por eso se fue y sí fue por otra razón no la sabré hasta ahora.
—Mila Monasterio.— Llama la profesora Sol de Castellano, pasando la asistencia y sacándome de mi ensoñación.
—¡Presente profesora!.— Le digo levantando mi mano en señal de que si estoy presente.
Para ser una chica introvertida, soy muy buena en el momento de improvisar, realmente no estaba segura si aún tuviera alguna amiga allí en esa escuela, pero estaba muy ansiosa por el primer día de clases. «Sí, lo sé el típico nerviosismo que sientes después de unas vacaciones de casi 2 meses sin saber que los de tu salón están más guapos o más feos, pero uno nunca lo sabe».
—La profesora Sol nos pide, levántense muchachos, vamos a hacer una dinámica de inicio.— Casi que temblando, me levanto para colocarme al lado de mi compañera Mónica, en ese momento me saluda como si se está recién dando cuenta de mi existencia.
—Hola Mila, ¿Cómo estás?.— Yo dudo en responder el saludo. «Pero porque no la voy a saludar, si ella me agrada».
—Hola Mónica, yo estoy bien ¿y tú?.— Le digo casi en un susurro.
—Bien Mila, ¡Gracias!.— Me dice con amabilidad.
—De acuerdo jóvenes, vamos a hacer la dinámica del telefónito.— Dice la profesora Sol. En lo que hacemos un gran círculo.
—Consiste en que voy a dar un mensaje a la persona a mi derecha y esperaré si llega el mismo mensaje con la persona que tengo a la izquierda.— Nos explica la profesora, está es la explicación gráfica de cómo se deforma un mensaje.
Así lo hace la profesora, en un susurro le dice al oído algo a Carlos que está a su derecha, entre risas por los susurros en el oído.
Se van pasando la voz hasta llegar a Claudia la cual está a la izquierda de la profesora Sol, cuando así pasa, la profesora le dice que lo diga en voz alta el mensaje.
—La vida es un desastre, no vale la pena sufrir.— Dice Claudia con cara de incrédula.
—Ese no era el mensaje.— Dice la profesora Sol, con desgano.
—El mensaje era: “La vida es Bella, vale la pena vivir”. — Cuando la profesora termina de hablar todos reímos por lo distorsionado de la comunicación.
—Pueden sentarse jóvenes.— Nos ubicamos cada uno en su puesto y así comienza la explicación de la primera clase de Castellano.
Transcurrió la mañana sin ninguna novedad, participando en otras tres clases más con un respectivo receso y luego de eso, llegó la hora de la salida, lo cual disfrute, ya que volvía a casa a contarle a mi madre lo bien que la pase el día de hoy.
—¡Mamá llegue!.— Grito a penas, entro en la casa sin verla a simple vista.
—Ven que estoy aquí en la oficina.— Mi mamá a veces trabaja desde casa, por eso tiene una oficina aquí.
—¡Bendición!.— Le digo cuando la veo.
—¡Dios te bendiga!, cuéntame, ¿cómo te fue?.— Dice emocionada.
—Mejor de lo que yo esperaba.— Digo para no dar tantos detalles, ya que no le quiero decir que la única que me saludo hoy fue Mónica.
—Tu comida está en el microondas, ve y búscala mientras yo termino aquí.— Dice mi mamá, volviendo a ver los papeles que tenía en la mano cuando entre a su oficina.
Transcurrió la tarde, sin hacer grandes cosas, solo ver televisión, luego de la cena me fui a dormir ore por mi familia. «Aunque no lo creas, no soy tan religiosa como estás pensando o como lo estoy relatando ja, ja, ja». Pero bueno, sigo, no soñé nada, algo curioso de mí es que mis sueños son significativos, normalmente me dejan dejavú o cosas por ese estilo.
Mi mamá me despierta con besos en la cara, lo que me hace muy feliz, pero eso no se lo digo, la veo sonriente porque es mi segundo día de escuela
—¡Báñate que apestas!. — Dice con una sonrisa sarcástica.
—Ok, ya voy dame un momento para tomar energía. — Le dije como sí tuviera una cruda bárbara.
—Sí, llegas tarde, ya no es mi culpa.— Siempre dice eso para que tome acción rápido.
Ella se va doy media vuelta y me froto los ojos no muy fuerte, ya que siempre he tenido el miedo de que se me hundan. «Sonará gracioso mi miedo, pero para mí es algo muy serio». Camino unos cuantos pasos hacia mi armario para ver cuál es la mejor chemisse azul «Aunque todas se ven iguales».
Escojo una que según yo es la mejor, el pantalón que me queda menos acampanado porque estos estúpidos pantalones me quedan como si fuera una hippie de los años 80.
Porque así es la tonta norma de la escuela, las medias blancas nuevas y los zapatos nuevos especialmente para la escuela, ya describiendo esta tengo mucho privilegio y lo agradezco.
Siguiendo me saltaré algunas partes, me bañe, me vestí, tomo mi desayuno, preparo mi bolso y me tomo la tradicional foto para mostrar que cambie de uniforme.
Y les digo la verdad, salí horrible, pero frente a los ojos de mi familia Woao “La Diosa del olimpo” la más divina de todas, me sonrojo y me subo al transporte personal que tengo con mi mamá.
Llegamos a la escuela… Sonrisas, caras de asombro, reencuentros, cosas que me emocionaban antes, pero ahora siento que tengo que salir corriendo, pero me mantengo contemplo toda la cancha de la escuela repleta de gente… ah … Gente, pero espera alguien viene hacia mí, es una chica que conocí en cuarto grado según ella era mi amiga, según yo era alguien que yo trataba bien.
Porque era “La nueva” pero mis amigas decían “no me cae bien, siento que me da mala espina ella” solo porque era nueva, pero yo sabía que solo era parloteo de ellas, aun así me deje llevar por ellas y no le hable más.
Me abraza con la cara llena de alegría, al abrazarme me siento mal porque no seguí hablando con ella, pero lo reprimo y le devuelvo el abrazo, donde me dice:
—Waooo, tanto tiempo sin verte de verdad, te estaba esperando.— Dice como si fuésemos amigas de kínder, pero bueno como dicen los norteamericanos “sigue la corriente” de verdad no soy mala, nada más que no la conozco
—Bueno me alegra encontrarte aquí también has cambiado.— Digo temblorosa
—Ok, pero que has estado haciendo dime, ¿No estás nerviosa?.— Me pregunta extrañada.
—Sí, lo estoy, pero ¿Por qué no hablamos con los del salón?.— Digo para que me acompañe a socializar con las personas.
—No sigamos hablando.— Dice determinada.
—Ok, bien.— Dijo con aquella flojera que me invade el cuerpo
Entre tanto parloteo veo que vienen mis amigos de verdad el rarito pero de buen corazón. «Aunque te confieso creo que en algún momento desde que lo conozco estuvo enamorado de mí, solo lo sé, pero lamentablemente su amor nunca ha sido correspondido». Él se llama Wolker, es moreno, pero claro, mide igual que yo, así como uno cincuenta centímetros. «Lo sé, no somos tan altos». Él es delgado, cabello liso, color marrón oscuro, ojos oscuros y el asqueroso, que se llama Jan, digo asqueroso porque siempre piensa en sexo o en masturbarse, pero es buen estudiante, saca buenas notas, es lo bueno de él. «Aunque su mamá me quiere emparejar con él, pero ni él ni yo queremos». Para que tengas una idea de él, te lo describo mejor, es uno sesenta, no diría ni delgado, ni robusto, normal, ojos oscuros, cabello corto, usa lentes pequeños y rectangulares, siempre utiliza un suéter que parece de abuelita pero cada quien con sus gustos.
Hable con ellos me sacaron de la onda en la que estaba en eso llega mi otro amigo Ian Camacho, moreno, pero no tan oscuro, ojos oscuros, casi una uni-ceja casi siempre tiene un olor a mantequilla.
Uno cincuenta y cinco, llega todo desesperado porque está metiendo su comida en su bolso, pone una sonrisa incómoda
—¿Qué pasó chicos?, ¿De qué hablan?.— Dice normalmente.
—Pues nada, menos mal que llegas, pensé que no lo harías.— Digo bromeando, él siempre llega tarde
—Bueno, mi papá tiene que hacer unas vueltas antes de traerme.— Dice excusándose
—Bueno, jugaste ayer ¡No!, ¿Cómo estuvo la partida?.— Dice Wolker cambiando de tema
De verdad no tengo memoria de esa conversación bien realmente para mí era estúpida, aún no puedo entender por qué los hombres tienen conversaciones ridículamente estúpidas.
Paso el día nada nuevo nos presentaron a los profesores, tú debes de saber cómo se debe sentir un segundo día de clases, donde se presenta más gente.
Que el día anterior, con la misma clase que has estado estos últimos años, pero con menos personas porque cambian de escuela o por razones que desconozco.
No había mucho que decir, una chica introvertida con poca vida social nada más sale de su casa al colegio, en verdad mi vida es aburrida, todo el mundo al verme siempre se me quedan mirando.
Casi escudriñándome los ojos, para saber qué es lo que pienso, para saber que hago todos los días, pero, gran decepción se llevarían al enterarse cuando sepan que no hago nada interesante.
Mi belleza es algo que siempre ha llamado la atención más yo no le encuentro que es lo importante, siempre me quedaré con esa duda, aunque sé que estoy transformándome, siendo como una estrella.
Siempre está allí callada sin llamar mucho la atención hasta que la miras con un telescopio porque está tan lejos con sus inseguridades que ella no es capaz de acercarse y mostrarse tal y como es. Ser ella misma con todo y sus consecuencias por el miedo de qué opinarán las otras personas.