Se frotaba de manera seguida el brazo izquierdo, sus nervios se veían a kilómetros de distancias. Hoy sería el día en el que iba a empezar a ganar dinero suficiente para todas sus deudas, había pensado en mandarle dinero a sus padres por todo lo que ellos le habían dado. Lo cuál no era mucho si se trataba de lo material.
—Señorita Elizabeth ¿se siente bien? —La voz del maestro se escuchó en el salón, claro que no se sentía bien, se iba ahogar en cualquier momento.
—No le tome importancia profesor, ella sólo busca llamar la atención.
Aquella voz tan chillona e insoportable se escuchó. Hacía mucho tiempo que ella no mostraba sus garras hacía su dirección.
—Al parecer tu me la das demasiado y ya no obtienes nada de mi —Había sido sólo un comentario inocente, de hecho su voz salió cálida y sin ningún tipo de veneno en ella pero en realidad eso Connie no lo notó al igual que el resto de la clase ya que el bullicio se hizo escandaloso.
—Silencio—La voz del maestro se escuchó pero los chicos no tenían planes de callarse —¡Dije SILENCIO!
Todos los ojos fueron a la dirección del profesor el cual estaba rojo en estos momentos—La clase completa tiene -10 puntos del promedio del mes.
Los bufidos se escucharon por toda la estancia, todo por su culpa.Si sólo dejara de echarse la culpa de todo; todo siempre sería diferente. Su mirada viajó hasta donde estaba el cuerpo de Connie y vió como esta la miraba con dolor, resentimiento y sobre todo con enojo.
«¿Ya no manejas a tu títere, Connie?» pensó Elizabeth, ella tenía claro de que la chica que se hacía llamar su amiga sólo la utilizaba. Eso antes no le importaba pero cuando se dió cuenta que era mejor estar completamente sola que a con ella supo que esa decisión había sido la correcta.
Su rostro se volteó y miró al frente, el profesor estaba escribiendo algo sobre la pizarra y por ello Eli sacó su libreta de apuntes y se dispuso a escribir lo que el maestro estaba colocando sobre la pizarra. Un papel chocó en su cabeza y la volteó dándose cuenta que se lo habían lanzado adrede y por ello lo tomó en su mano y leyó.
Día importante el de hoy ¿no?—La nota la hizo bajar la cabeza y una sonrisa se dibujó sobre sus labios pero no por ello pasó por alto lo que había pasado, aunque le dolía tenía que saber que los papeles se habían invertido y Connie al parecer quería recuperar a lo que ella le llamaba suyo.
—Bueno clase, nos vemos a la próxima. El trabajo es para dentro de dos días.
Y tras aquellas palabras toda la clase se levantó haciendo que una gran horda se creara y por ello la chica se detuvo un momento hasta que todos lograran salir.
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Caminaba atenta a todo. Su cuerpo cada segundo estaba más cerca de la pastelería y por ello se alegraba, tenía algo que cumplir. Tenía poco dinero encima pero era suficiente para comprar el pastel, las velas y un regalo para la persona. Una sonrisa triste se deslizó por sus labios.
Al entrar no duró mucho, sólo tomó el primer pastel, velas y una pequeña bolsa llena de dulces.
—Gracias por venir. La esperamos pronto— La voz de la chica encargada de la tienda hizo hacer que su cuerpo se volteara dándole una sonrisa y saliendo del lugar. Estaba bastante lejos de su casa y poco a poco las horas iban cayendo. Eran las cuatro de la tarde, tenía tiempo suficiente pero no tenía muchas ganas de caminar.
Decidió caminar en lo que podría aparecer el bus el cual la dejaba a unos cuantos pasos de su casa. Suspiró; un suspiro cargado de cansancio, angustia y lleno de duda ¿qué pasaría hoy en aquel bar? Club, o como fuera.
Sabía que tal vez a ella le pesaria encajar ahí. Prostitución, posiblemente droga, armas, j***r eso la podía nerviosa la lograba aturdir. Una mueca adornó su cara.
—Elizabeth.
La voz tras ella la hizo detener abruptamente, su cuerpo se volteó y sus labios dejaron salir su nombre—: Xander.
—El mismo —Ella sonrió y miró sus pies «Corre Elizabeth, corre» pensó ella.
—No lo hagas, no vale de nada.
Su cuerpo se estremeció y miró a sus alrededores fijándose así en qué estaba rodeada de alguna manera «¿como rayos pasó eso?» se preguntó internamente.
—¿Me vas a matar? —La voz de ella salió rota, sus ojos se habían hecho agua y su cuerpo se enfrió de inmediato.
Una carcajada salió de los labios de Xander, había descubierto lo que a Myke le volvía loco de aquella chica. Esa actitud sumisa hacía que a cualquier hombre le diese ganas de manejarla—No, Elizabeth, no pienso matarte— La voz de él salió en modo de burla y el cuerpo de ella se puso rígido al sentir como el pasaba su mano por su cabello—Eres muy hermosa, pero no eres mi tipo.
Un suspiro salió de los labios de Elizabeth lo cual hizo al chico sonreír y verla fijamente.
—Ya veo que eres tú la nueva presa del rey que una vez le llamaron cazador.
—¿Disculpa? —Su confusión hizo que el chico la mirara de forma más profunda.
—Myke quiso encontrar una vez a una persona que lo salvara de aquel abismo en el que estaba perdido —La sorpresa de ella hizo negar con la cabeza a Xander —Eres tú, aunque no lo creas.
—No puedo ser yo se fue de mi vida y me alegro que ese chico haya desaparecido de mi vida —Él se alejó de ella y se río de forma escandalosa.
—Si aparecí yo, él seguro lo hará.
Ella ignoró aquellas palabras y le dió la espalda, intentó caminar hacia su casa pero eso no estaba en los planes de él —Sube— no se negó, sinceramente aunque fuese peligroso se subió y agradeció. Él subió unos segundos después de ella.
El transcurso fue tranquilo, se sentía fuera de peligro junto a Xander, él era fresco aunque no fuese para nada inocente cuando se trataba de lo ilegal —¿Como sabes lo de Myke?—La voz de ella rompió aquel silencio.
—La primera chica a la que amó era mi chica.
La sorpresa en su rostro fue notable y él miró su expresión y negó con la cabeza a su dirección perdiendo la vista del camino en la acción.
—Él no lo sabía, ella era un verdadera zorra.
—Ouh...—la atención de ella viajó hasta él—¿Es por eso que estás tras él?
El miró dudoso hasta donde estaba ella —Sinceramente sí, Elizabeth.
—Pero ¿por qué? Él no te hizo nada. Tú mismo dijiste que ella los engañó a ambos...
—Lo persigo porque él tuvo el amor que ella nunca me dió, Elizabeth.
—Lo siento de verdad, ella no te merecía.
—¿Y tu como estás tan segura de eso, Elizabeth?—Tras él decir esas palabras tocó una pantalla del auto y soltó el volante, ella supo así que había puesto el control manual y le dió su atención.
—Creia que eras malo... No lo eres.
—No estés tan segura de eso, Elizabeth. Guardó demonios en mi alma.
Y más nada salió de los labios de ambos. Habían llegado hasta donde vivía ella y esta agradeció, salió del auto, subió hasta su casa, abrió su casa, fue a su habitación y se cambió de ropa.
Caminó hasta la sala de la casa y sacó el pastel de la funda en la que estaba, junto a las velas y la funda de regalo. La dura realidad le dió una bofetada en la cara, era su cumpleaños y no había recibido si quiera una llamada de sus padres.
Puso el pastel sobre la mesa frente a ella y las velas, la funda de regalo. Bajó hasta la altura de la mesa, colocó las velas y las prendió suspirando. Pasó un minuto en el que miró las velas, ese sería el momento de pedir el deseo y por eso sopló las velas, ese sería el momento del bullicio pero en vez de eso escuchó esa voz tan varonil que se le había grabado.
—Feliz cumpleaños, Lizzie.
Ella volteó y lo encontró con un semblante enojado—: Myke.