Caminaba con duda pero a la vez decidida, lo que le había dado Lucas era como si se tratase de una tarjeta VIP.
Al llegar al frente del bar, la vista hacia el le cayó como un balde de agua fría, los recuerdos cayeron sobre ella de manera que sus manos se abrazaron a su cuerpo.
-Vamos Elizabeth, da la vuelta y olvida el dinero. Vuelve a tu casa, vuelve hasta donde están tus padres.
Se hablaba a ella misma ¿tenía el valor de huir y dejar sus deudas? ¿tendría la valentía de volver hacia la casa de tus padres? Sí. Definitivamente la tenía. Aunque tuviese que dar mil explicaciones, aunque pasara vergüenza frente a su familia ella necesitaba volver, si no conseguía el empleo claro está.
-Nunca pensé volverte a ver.
Su voz hizo que el cuerpo de Elizabeth temblara, y que un escalofrío subiera por su espina dorsal. La chica se negaba a voltear, el bar le traía recuerdos horribles y el chico que estaba detrás de ella muchísimo más.
-¿No piensas voltear, Elizabeth?
-¿Que quieres? -No sabía su nombre, pero su voz la reconocía. Esa voz.
El cuerpo de ella volteó encontrado así al rubio. Él, él fue uno de los hombres que la golpeó bajo orden de Connie.
-No sé cómo me atreví a golpearte. Eres una chica demasiado atractiva.
-Por favor, aléjate de mí -La voz de ella se había escuchado suplicante ¿podrías dejar de ser sumisa una vez, Elizabeth? No, definitivamente ella no estaba dispuesta a ello.
Una sonrisa se dibujó en los labios de aquel chico. El cuerpo de él se acercó hasta el de ella y en el acto él miró sus ojos-: Soy Mathew.
Los ojos de la chica vieron su rostro al igual que el camino, pensó que tal vez si se fuera hasta su departamento él la podría seguir y ella no quería tener a otro hombre tras ella, suficiente tenía con él. Con el rey.
-Yo soy Elizabeth aunque al parecer eso ya lo sabes, ahora tengo que irme... Adiós.
Sus palabras salieron bajas y dulces ¿ella no sabía hablar mal acaso?
Al parecer los modales que la madre le había inculcado iban a durar por años, aunque su madre no la enseñó a ser una sumisa ¿por qué eres así? Se quiso preguntar, pero no lo hizo. Ya se sabía la respuesta.
Le dió la espalda a Mathew y caminó hasta el bar, esto le traía malos recuerdos, pero no podía detenerse por ello.
Los ojos de la chica se dirigieron hasta la puerta la cual estaba dividida en dos, le gustó el estilo y una sonrisa se dibujó suave sobre los labios de la chica. Empujó la puerta viendo en lleno el lugar.
«Joder esto es gigante» pensó. Ella no recordaba el lugar así, aunque la noche en la que fue el lugar estaba lleno de gente, eso podría explicar la cantidad.
-Estamos cerrados, hermosa.
La voz de un chico hizo que se pusiera a buscar de donde provenía. Al darse cuenta de dónde era una sonrisa se deslizó por sus labios, un chico alto aunque no tanto estaba de pie viendo hasta donde ella estaba, este tenía el pelo corto y su piel morena lo hacía ver más sensual.
-Yo... Vengo... Mmhm -Una carcajada salió de los labios de aquel chico caminando hacia ella.
-Soy Jonathan, habla sin vergüenza. No te comeré.
Un sonrojo adornó las mejillas de la chica y esta le sonrió al chico.
-Vine a buscar trabajo.
Él la miró de arriba hasta abajo y su labio inferior se atrapó entre sus dientes en un acto nada inocente-:¿Qué puedes hacer?
-Mira, me dieron esto -Mientras decía aquellas palabras le extendió la tarjeta y el semblante de él cambió rápidamente.
-Tienes el trabajo, comienzas mañana. Ven te mostraré el lugar -La rapidez en la que él le habló hizo que la chica se confundiera.
-¿Está todo bien? -La voz de ella salió delicada y se acercó a él.
-Maldita sea ¿como me dijiste que te llamabas? -Ella se confundió mucho más.
-Me llamo Elizabeth.
-Oh, j***r ¿eres la mujer del jefe?
-No ¿de qué me hablas? -Un suspiro salió de los labios de aquel chico. No fue que cedió rápido ante la idea, lo pensaba pero la manera en la que ella reaccionó y le respondió hizo que él le creyera.
-¿Estás segura de que no eres la mujer de jefe?
-¿Crees que si fuese la mujer de tu jefe estuviese buscando trabajo como su empleada? -La voz de la chica salió con una carcajada detrás.
-Tienes razón...
-No soy la única Elizabeth.
-Lo siento, me confundí. -Ella asintió aún más confundida, no tenía idea de donde se había metido.
-No hay problema ¿podemos hablar del salario? Tengo muchas cosas que pagar -Una sonrisa se dibujó en los labios del chico y la miró diciendo un sígueme
Llegaron a una habitación un tanto lujosa aunque no tanto.
-A esta habitación puedes venir a descansar en tu hora de descanso. Aquí se amanece, a ti tocó el turno nocturno el cuál es el mejor ¿por qué? Simple. En la noche se junta todo lo sucio en este lugar, todo lo exclusivo. Al contrario de en el día, en el día sólo se bebe nada más, no hay cosas especiales.
-Dios, creo que me estoy arrepintiendo... -Un susurro salió de los labios de ella y él arqueó una de sus cejas pobladas de forma delicada hacía ella.
-No puedes hacerlo, hermosa. No es una amenaza, te conviene quedarte.
Ella asintió y le susurró un continua.
-Aquí está todo lo del bajo y alto mundo, aquí puedes encontrarte a quién menos piensas -Ella asintió -Hay habitaciones en las cuales las parejas o las chicas estrellas se divierten.
-¿Por qué chicas estrellas? -Él sonrió a su dirección.
-Porque por una noche con ellas son cincuenta mil dólares, y ellas merecen la pena, son hermosas. -Los ojos de ella se abrieron como platos. -Sigamos.
Caminaron el club completo y sus pies se quejaban, aunque mentalmente no, ya que el lugar era demasiado hermoso, llamativo y sobre todo exclusivo.
-Bueno, vamos a la planta superior.
Ella asintió.
Subieron a la planta VIP, y esta tenía mesas las cuales en este momento estaban recogidas pero que se sabía dónde iba cada una, ella no. Aún.
Llegaron al fondo de la habitación y se encontraron con una puerta, y a lo largo de ella siete puertas más.
-Bueno hermosa, estás ante la presencia de las habitaciones estrellas. Las tres puertas de la izquierda son de las chicas estrellas, y la de la derecha de los chicos ¡j***r! Sabía que se me había olvidado decirte que también habían chicos estrellas.
-No te preocupes ¿y esa habitación del final? -Una sonrisa ladina se dibujó en los labios de él y la tomó de la mano, acción que la sorprendió y tomó desprevenida.
-Esta es la habitación del jefe.
Una corona adornaba la puerta de forma que destacaba entre las demás.
-¿Y es como las otras? -Los ojos de él miraron hasta donde estaba el cuerpo de ella con incredulidad.
-Claro que no hermosa. Esa habitación es otra cosa. Tiene de todo, y tiene una cama gigante sólo para él, porque el jefe no mete a nadie a su habitación.
-¿Y como sabes eso si él no deja entrar a nadie? -Una carcajada salió de los labios de él.
-Aquí sólo trabajan personas de confianza hermosa, y yo soy una de ellas. ¿Sabes cuantas personas han estado ahí dentro?
La chica lo miró y negó.
-Cuatro y llevamos tres años con el club. Lucas, la mujer que limpia, él jefe y yo.
-Wow...
-Sí, wow. Bién, hablemos de tu paga.
Él caminó hasta las escaleras y tras él estaba la chica.
-Son cinco mil dólares, esa será tu paga. Serás mesera.
No le molestó, de hecho el hecho le agradó. Tenía experiencia con ello y por eso era ese el trabajo perfecto.
-¿Mensual?
-Semanal -Su sorpresa fue notoria, eso era demasiado dinero.
-¿Por qué tanto? -Su voz salió con balbuceos, a tropezones.
-Aquí no existen los límites, el dinero llueve y nuestro jefe es todo menos un tacaño.
Ella asintió a su dirección, él la miró añadiéndole a lo dicho anteriormente-: Pequeña, aquí tu cuerpo es nuestro.
-¿Qué quieres decir con eso? No me pienso prostituir. -La voz de ella salió temblorosa, tenía ganas de huir.
-Ya te dije que serás mesera. Me refería a que no trabajarás bajo esos lentes, y ese cabello desordenado. Mañana tienes que estar aquí a las siete y tu salida es a las siete.
Ella asintió, ese trabajo le daría problemas para la universidad y no quería eso tampoco, quería poder tener su rendimiento como el principio. Excelente.
-Hasta mañana, Jonathan.
-Nos volveremos a ver Elizabeth.
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ig: Cafre.writer