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1695 Palabras
—No piense por mi, Myke. El mencionando apretó su quijada diciendo—:¿Quién te ha dado permiso para llamarme por mi nombre? Ella dió dos pasos hacia atrás logrando así que Myke se acercara más a ella. —No sabía que era necesario pedir permiso para llamarte por tu nombre. Lo siento —Y sí, se había disculpado, ella no tenía la valentía para revelarse ante él. Era impotente tenía ese aire de grandeza el cual era imposible hacer esfumarse. Al contrario de Lizzie, Myke contenía esas ganas que estaban dentro del él, esa actitud sumisa lo hacía querer atarla no sólo literalmente, si no también de forma emocional, que nunca se revelara y que sólo esté de rodillas ante él, para él, dispuesta siempre a él. —Volviendo a la realidad, señor... —Lizzie, hablando de eso, me han dicho que no soy digno para que usted con su tal presencia y prestigio me llame su rey ¿es acaso eso cierto? —«Oh, maldito Lucas» pensó. En el momento en que esas palabras salieron de los labios de aquel hombre ella salió de una posible prisión que podría haberle hecho Myke, con sus brazos. Al hacerlo Myke, miró sus ojos directamente y esta hizo lo mismo; sus miradas se habían conectado y la incomodidad de Lizzie igual, aunque eso había pasado ella no apartó sus ojos de su rostro, se fijó atentamente en aquel tatuaje que estaba en su rostro, el ligero roto que tenía su labio inferior y esa mirada penetrante y profunda que este portaba, de manera inconsciente ella remojo sus labios lo cual hizo que una carcajada de parte de Myke sonará en aquel silencio abrumador. —¿Acaso desea besarme, mi reina? El sarcasmo era obvio, el veneno en sus palabras hizo que la chica se diese una bofetada mentalmente y que caminara hacía la puerta de la habitación y de forma inmediata abrirla, esta al hacerlo retrocedió de forma abrupta ya que una pistola se colocó en su frente. Uno de los hombres de Myke, estaba allí, vigilando y al parecer no tenía planes de dejar salir a nadie que no sea por órdenes de su jefe. —No intentes huir de mi —La chica suspiró pesadamente, no habían ni siquiera podido entablar la conversación por la cual ella había aceptado ir. Myke intentó pasar de ella haciendo intento de salir de la habitación pero al parecer eso no estaba en los planes de ella, la chica puso su mano extendida haciendo así una barrera—Necesitamos hablar, señor Myke. Este miró su brazo y luego miró a sus ojos, esta por la gran intensidad que le había transmitido con la mirara tembló ligeramente en su lugar— Quita la mano de en medio, Lizzie—Esta lo hizo de inmediato. Él caminó a la salida y ella iba tras él, y tras ella estaban los hombres de Myke, esta los miró con actitud baja ya que no se iba a hacer la valiente frente a hombres que tenían una gran arma entre sus manos ¡Ni loca! —Myke, por favor, mírame, necesito hablar contigo—Él la ignoró y la puso de menos, ella parecía una asistente desesperada con un jefe al cual le daba igual asistir a las reuniones importantes. Ella se cansó de insistir y en un momento caminó más rápido que él pasándole así por delante. «Es hora de regresar de donde salí» pensó. No sería mala idea volver a casa, lo malo podía ser tener que lidiar con su familia, las preguntas que harían, como por ejemplo: ¿por qué volviste? ¿dejaste alguna deuda? ¿pagaste a tiempo la universidad? ¡Ah, mierda, la universidad! Caminó de forma más apresurada, el día que se aproximaba tenía clases y un trabajo que buscar ¿que iba a hacer? No se podía conseguir un trabajo de la noche a la mañana, o en este caso, de la tarde a la noche. Aunque de alguna manera podría hacerlo, estaba dispuesta en trabajar en lo que sea necesario. —¿A donde crees que vas, Lizzie? —Lejos de todo lo que tenga que ver contigo, Myke —«Me la vas a pagar maldita Lizzie, y lo vas a sufrir y a la vez lo vas a gozar» pensó Myke. —Suerte con ello, recuerda esto Lizzie, de mi nadie ha escapado y tu no serás la primera —Este la miró de manera amenazante—Y que sea la última vez que me dices, Myke, yo soy tu rey, métete eso en la cabeza. —Siempre hay primeras veces, señor Myke—El cuerpo del rey se dirigió hasta el de ella. —Conmigo no. •⚡️• «¿Mi rey?» pensó Que se vaya a comer mierda, él no era rey, nunca lo será. Eso quiso decir en voz alta pero nunca pasaría ¿por qué no te atreves a decir eso en voz alta? ¿a qué le temes, Elizabeth McGraham? ¿en serio le temes a él? Sí, definitivamente sí le tenía miedo. —Sra. McGraham ¿está muy interesante la conversación que está teniendo con su conciencia? La voz de la maestra Jessika Wesson la sacó de sus pensamientos, la maestra mencionada era la cual impartía Literatura, una de sus clases favoritas era esa ya que la maestra siempre tenía una base en la cual apoyarse, también no daba lo mismo y era excelente en lo que hacía. —No maestra, lo siento —La mujer miró atenta a la joven. Una mujer de veinticinco años de edad había llegado a darle clases a adolescentes hormonales, llevaba un vestido pegado a su cuerpo y sobre sus hombros una chaqueta de cuero, sus pies eran diseñados por unas zapatillas de piso. —Aunque es algo que no le interese en estos tiempos a los adolescentes quisiera saber ¿qué significa leer un libro para ustedes y qué libro quisieran que fuese su vida? si se pudiera claro está. —Cincuenta sombras de Grey, de seguro ¿quiere ser usted mi Anastacia, maestra Wesson? —Algunos en la clase estaban sorprendidos por su atrevimiento mientras que otros estaban riéndose con ganas a conjunto de la maestra. El dueño de la voz era el chico bromista del lugar, se había ganado el cariño de todos en la universidad. —Paso de eso Sr. Dante, quiero a un hombre en mi vida, no a un niño —En ese momento la sonrisa de él fue reemplazada por una mueca la cual logró hacer que todos los presentes se explotaran a risas. —Usted se lo pierde —La maestra sonrió y continuó hablando sobre el tema, hasta que llegó hasta donde estaba el cuerpo de Elizabeth. —¿Quieres responder tú la pregunta? —La maestra la miró atenta, una pequeña sonrisa a labios abiertos dibujaba su rostro. Ella no se podía dar el lujo de no responder a la pregunta ya que había pasado las clases en el aire, esta asintió y todos los ojos se dirigieron hasta donde estaba su cuerpo—Yo bueno... Pienso y siento que leer un libro es algo mágico, algo que te puede sacar de la realidad abrumadora que te rodea. Algunas personas creen que leer es aburrido pero en verdad no es así ¿qué tal si en realidad somos una página de un cuento, hum? O tal vez ¿un personaje más de una historia bajo las locuras de un escritor? Pienso que en realidad leer, es algo que nos hace ser más interesantes, más llamativo y más pasionales. La sorpresa era notable en el rostro de la maestra y la clase por primera vez estuvo satisfecha al darle la atención a la chica insignificante —¿Y qué historia quisiera que fuese su vida, hum? —Yo escribo mi propia historia, maestra Wesson. Y esas palabras fueron el toque final, en el momento en que las terminó de decir el timbre de salida sonó haciendo que ella se tuviese que preparar mentalmente para aceptar trabajos y para no ser aceptada en algunos. Levantó su cuerpo de la silla tomando su mochila y bajando las extensas escaleras del salón, la maestra la miró y le dedicó una sonrisa diciendo—: Hay cosas rojas y oscuras, Elizabeth, pero las rojas son más divertidas. Se quedó en las nubes con lo que le había dicho la maestra así que no tuvo más remedio que salir tras el cuerpo de la misma. • ⚡️• —¿Y cuales son tus experiencias, hum? Estaba frente a un hombre mayor, el cual era dueño de un café al igual que el antiguo en el que estaban. —Trabajaba en un café al igual que este —El hombre la miró de arriba hasta abajo y remojo sus labios «¡No! ¿por qué me pasa esto a mi?» pensó Elizabeth. Al parecer ella se había dado cuenta que este hombre era un total pervertido. —Oh, ¿y ofrecías servicios especiales? —La joven lo miró con su cabeza hacía un lado. —¿A qué se refiere? —Esto no es un café común, niña. En el momento en que le iba a responder la puerta fue abierta por un chico, o más bien por el que estaba en todos los lados: Lucas. —¿Qué haces tú aquí Elizabeth? —Este la miró con cierto enojo. —Busco trabajo... Una sonrisa se dibujó en los labios de Lucas, tenía ganas de jugar con ella en ese momento, pero no, no podía. La mano de Lucas viajó a su bolsillo trasero y le extendió una tarjeta pequeña a la chica diciendo—: Vé allí y dí que fuiste enviada por Lucas. La chica lo miró—No sé porque haces esto, pero muchas gracias. —No te creas importante. Y al él decir esas palabras la chica salió del lugar dejando de lado al mundo, viendo la tarjeta fijamente, la cual tenía un nombre el cual ella podía recordar pero no sabía de donde. —Vamos por ti, Art red
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