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1655 Palabras
El sol se había hecho presente y hizo arder su rostro un poco, se movió sobre el pasto y su mejilla izquierda picó. Sus ojos se abrieron y vió hacia arriba «no puedo creerlo» pensó. Se había quedado dormida frente al parque del departamento que pagaba. -No puedo creer que me haya dormido aquí— Su voz se escuchó, hablando para ella misma. ¿Qué fue lo que pasó? En el momento en que entraron al hospital se revolvió todo, personas con armas estaban allí, y al parecer todos estos conocían a Lucas ¿Será que eran de los guardias de Myke? Sí, definitivamente. Se puso de pie, caminó hasta su departamento que era todo menos eso en estos momentos, debía ir a la universidad y por la puesta del sol se dió cuenta de que si no se apuraba se le iba a hacer tarde. Se dirigió hasta donde estaba el edificio y al estar en el piso superior donde estaba su departamento vió los orificios en el piso y un nudo se instaló en su garganta y lloró internamente. Caminó hacia el frente y abrió la puerta -O lo que quedaba de ella- Al entrar buscó a su pequeño perro pero este no estaba en ningún lado, estaba completamente sola en esos momentos. Adelantó su paso y miró la casa como si fuese una desconocida en un nuevo lugar, desconocía todo en ese momento, estaba destruido y el ruido tras ella la hizo espantar. -Hola, Elizabeth. -Sr. Edward ¿Como está? Su voz había salido cordial e inocente, él, el dueño del edificio estaba frente a ella, esta lo miraba atenta y él la miraba igual. -Estoy muy bien, Elizabeth ¿como estás tú? La sorpresa fue notable en el rostro de la chica, este estaba calmado y le hablaba como si a su alrededor no hubiese pasado nada y esta le seguía la corriente. -Estoy como el departamento. Destruida. -Bueno, Elizabeth, no te preocupes. El cuerpo de ella se acercó al hombre que tenía unos años menos que su padre, pero que también era muy maduro. -¿Como puede decir eso? ¡Me quedé sin casa! -¿Llamas a esto casa, Elizabeth? La voz de aquel hombre salió venenosa ¿como podía decir eso? Tan frío, tan cruel... Con tanto veneno en cada palabra. -Le pagaré todo. El hombre negó con la cabeza e hizo un sonido extraño con su lengua, él se volteó y se dirigió a la salida no sin antes estas palabras salir de sus labios: -Un rey paga las deudas de su reina. •⚡️• -Buenas tardes ¿qué desean ordenar hoy? Su voz había salido amable, su cuerpo estaba frente a las personas que en esos momentos eran clientes del café en que trabajaba. -Aún no nos decidimos, en unos minutos -La voz del chico se le hacía conocía y esta simplemente asintió. -De acuerdo. El tiempo pasaba lento, despacio y era completamente doloroso «¿donde vas a dormir hoy, Liz?» pensó. El día en la universidad fue completamente aburrido, lo único que había pasado fue que un nuevo entrenador había llegado y por ello todos comentaban eso, menos ella, claro. Las personas de hace unas horas se habían marchado y no habían pedido nada, y ella por su parte solamente guardó silencio y no volvió a la mesa. Su cuerpo estaba de espaldas y por ello la persona tras ella logró hacerla asustar. —¿Qué deseas ordenar?— Siempre cordial ante una persona que pueda ser un cliente, ese era uno de los lemas del dueño del lugar. —A tí, y ahora. La demanda de su voz hizo que sus dientes se apretaran, ¿quién se creía él? —Lo lamento pero no hé terminado mis horas de trabajo, y no eres nadie para darme ordenes. —Pero, Myke, sí. —Él tampoco es alguien en mi vida. Al esas palabras salir de sus labios, con toda la seguridad del mundo no pensó que tal vez se iba a arrepentir. El cuerpo de su jefe al Lucas, salir de allí se acercó hasta ella. —Necesito que te vayas de mi negocio. La sorpresa fue evidente ¿la estaba echando acaso? —Pero ¿por qué? No hé hechos nada mal, necesito el trabajo. —No quiero otro negocio perdido, pequeña, lo lamento. —Pero, señor... —Sus palabras fueron cortadas por la voz de su jefe, no podía creer que eso estuviese pasando «¡Te voy a matar Myke!» pensó. —Recoge tus cosas, y pasa por mi oficina para darte tu pago. Y así fue, luego de que aquellas palabras salieran de los labios de su jefe se despojó de su delantal y caminó hasta donde estaba su ahora ex compañera de trabajo. —Vine a despedirme. —¡Al fin! Hé esperado este día mucho tiempo —Aquella frase la había sorprendido y un pequeño nudo se formó en su garganta. —No pensé que eso te alegrará tanto. En su voz se notó la tristeza ¿qué era lo que estaba pagando? —¿Bromeas? Obvio que me duele que te vayas —Su voz salió fingida y era obvio que para ser actriz no daba, la cabeza de su compañera bajó un poco y una de sus manos se colocó sobre su boca, la manera en la que su rostro se ponía rojo demostraba que si quitaba la mano que había puesto sobre sus labios iba a explotar de la risa. —Espero que goces aquello que tanto deseabas. —Claro que lo haré. Tras aquella chica decir ello, no tuvo más opción de tragarse todo lo que había pensado. Dió paso a caminar a la oficina de su jefe el cual estaba sentado con la cabeza apoyada entre sus manos, se veía afligido. —Permiso. —Pasa, pasa. El hombre la había visto atenta, ni siquiera dudó en pasarle el cheque, luego de hacerlo hizo una señal con sus manos para que esta saliera. Iba a protestar pero pasó de ello, no tenía ganas de rogar, ¿pero si no lo hacía que iba a pasar con sus deudas? Debía si quiera pedirle a sus padres ayuda. Salió del establecimiento y miró a su alrededor, varias personas la miraban y esta estaba atenta ante cualquier movimiento que pudiese atentar contra su vida. En un momento sintió una presencia tras ella y quiso huir pero no lo iba a hacer, ya no lo deseaba. Había huido de su casa, sí, tenía que admitirlo. —¿Te darás la vuelta? —La voz de Lucas hizo que párpados se apretaran, suspiró y caminó. —Quiero que me lleves a él. La voz de la chica salió de sus labios, aún seguía caminando y la persona tras ella seguía sus pasos. —Deberías llamarle rey —Los ojos de la chica se cerraron y un suspiro hondo dió paso a dar. —Él no es digno para yo llamarle mi rey, Lucas, así que no lo es. Una carcajada salió de los labios de él—: Quisiera saber lo que piensa rayo a que tu digas eso. —A mi no me importa, puede que sí, pero no. Eso Lucas no lo había escuchado, eso lo dijo en un susurro para ella misma, sí, ella definitivamente le temía pero no estaba dispuesta a exponerse ante él, tampoco podía permitir que su vida se pusiera de cabeza por los gustos de él. •⚡️• Había pasado el tiempo y no podía si quiera dudar en ese momento, estaba frente a el hospital y todo parecía una verdadera película de misterio, hombres en n***o frente al hospital, pocas personas allí, y el ambiente estaba cargado de tensión, de miedo, de... ¡No sabía ni siquiera que pensar, no sabía que palabra ponerle! —Sigueme Elizabeth. Y así lo hizo, caminó tras él. En un momento se detuvo pero tras ella habían hombres y a sus lados, los cuales no la dejaron ni tomar impulso. —¿Podrían dejar de pisar mis talones? por favor. No había sonado pesada, si no, tímida. —Es aquí. —Gracias, Lucas. Él estaba acostado sobre la cama del hospital, esperando paciente a que llegara su nueva adquisición, tenía planes con ella, sí, obvio que los tenía. El mismo plan que había usado con todas las anteriores lo usaría con ella. Era obvio que aquel plan no era el que había utilizado con las chicas que sí quiso de verdad. Al fin había entrado, sus lentes, su cola y su ropa ancha, aunque no tanto hizo que una mueca se formara en el rostro de él. —¿Por qué me quitaste mi trabajo? —Buenas tardes, casi noches, me alegro de verte igual. —Yo no, por ello no saludé, señor Myke. Necesito de vuelta mi trabajo. —Él la miró mal y miró hasta la puerta. Se levantó y se dirigió hasta una habitación que tenía puerta, al entrar este se miró al espejo y esperó, hasta que la voz de ella se escuchó. —Señor Myke, si no me dirá nada necesito irme. Este se empezó a vestir, ya le habían dado de alta ese día, sólo esperaba que ella llegara, se la llevaría, quiera o no. Salió de la habitación y la miró, ella también lo hizo. —Acércate y bésame Lizzie —Ella lo miró sorprendida y se negó. —Tu me encantas, Lizzie, quiero todo contigo. Y la sorpresa fue más grande, ¿qué le pasaba a ese hombre? La confundía. —¿Por qué me está diciendo esto?— Ella balbuceó y este se acercó a ella, estando pegando tanto que el pecho de él era lo que ella veía a su frente. —Porque era lo que querías escuchar y es divertido ver tus expresiones al ver que alguien te dé su atención.
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