Roi Después de pasar la vergüenza de que el licenciado Rodríguez fuese a sacarnos de la comisaria. Lo único que quiero es dormir. Al llegar a casa, subo a mi habitación y me lanzo sobre las sábanas, así vestido. Cuando despierto me doy cuenta de que ya pasa el medio día. El maldito dolor de cabeza no me deja ni caminar. En la casa solo hay silencio, por un instante me parece extraño, luego recuerdo que desde que redujimos la servidumbre, la mansión aparece abandonada. Escucho risas en la cocina y descubro a mi primito, riendo con la cocinera, mientras disfruta de su almuerzo, creo que ya no me sorprende lo que haga. —Buenas tardes, señor— Saluda Eva, apenas mirándome. —Pensé que ya no despertarías— me dice, sonriendo. —No me hables, tengo un terrible dolor de cabeza—. Me siento en una

