Olivia. Estoy que me lleva el diablo, pensando en lo estúpida que me vi en la oficina con Damián, me prometí nunca más tener miedo, sin embargo, no me atrevo a dar el siguiente paso. Damián está apoderándose de todos mis pensamientos y tengo tango terror, que la manera más fácil de detener mis pasos fue hacerme la fría y lastimarlo con palabras, mientras luchaba por no ceder a esta atracción descontrolada que me provoca. A duras penas pude mantenerme cuerda en la oficina, unos segundos más entre sus labios y hubiese permitido que me tomara otra vez entre sus brazos y me hiciera el amor. ¿Y qué hubiese tenido de malo hacerlo? Damián es especial. «¿Por qué tengo miedo?» menciono molesta, olvidando que ceno con mamá. —¿Sucede algo, cariño? —Lo siento, mamita— me excuso, reaccionando a la

