Capítulo 2

2031 Palabras
Roi — una semana antes. Nunca me canso de celebrar mi soltería eterna, desde hace unos días me mantengo en la suite dorada con tres bombones caribeños ¡Diosas Divinas! Qué bueno que reaccioné a tiempo y no me casé con Olivia. Linda, chica, dulce, hogareña, emprendedora, pero demasiado simple para mis gustos ¿Por qué esperé diez años para darme cuenta de ello? Será porque no había disfrutado tanto de la vida de soltero. ¡Amo mi libertad! Amo disfrutar del buen sexo, de chicas ardientes y ansiosas de coger, que gocen gritar de pasión entre mis brazos. No como Olivia ... Nada que ver con ella. Amo despertar así, abrazado a un par de cuerpos desnudos, tan perfectos y muy bien proporcionados. Estoy en el cielo con estas diosas y con la mejor vista a un amanecer, un perfecto cuerpo curvilíneo mirando por la ventana. Mirándola a ella, quién desearía contemplar el sol. —¡Roi! La voz de William, rompe el encanto. —¿No sabes tocar, acaso? — le reclamo. —Lo hice, pero parece que no escuchaste. Así mismo te hice un par de llamadas, te envié mensajes y… —Es muy temprano para tus reproches, primo. ¿Qué es lo que quieres? William no sabe que responder, pues, parece que está congelado viendo a mis diosas desnudas frente a él. —¿Por qué sigues en la cama? Mira la hora que es. —¿Y qué se supone que deba hacer? ¡Jugar damas chinas! Qué otra cosa puedes hacer, cuando tengo a estas bellezas tentadoras a mi disposición. En todo caso, la culpa debería ser de ellas —Besando a la pelirroja de mi lado derecho, mientras la morena curvilínea de la ventana se acerca a William. Ni siquiera recuerdo cómo se llama, pero no importa, en la cama todas son mis princesas, mis reinas, mis diosas salvajes que me hacen perder le aliento. —Buenos días, guapo. ¿Por qué no te relajas? Puedo darte un exquisito masaje —. La morena pasa una mano por el hombro tenso de William. Reí al ver la cara desencaja de mi primo. Alguna vez he pensado que es gay. —¿Vas a desperdiciar la oferta de una hermosa chica? —menciono. —No tengo ganas de volver a la cama, tengo trabajo que hacer— responde molesto apartándose de ella. —Trabajo, trabajo, la única palabra que sale de tu boca. ¿Cuándo empezarás a vivir? Primo. —El que no sea como tú, no quiere decir que o vida, mi vida— responde. —Tú te lo pierdes. ¡Ven acá, bebé! — la miro, lamiendo mis labios y ella se acerca con una sonrisa pícara en sus labios. Se va subiendo muy sensualmente a la cama, dejando ver toda su sexualidad, William la observa asustado, luego esquiva la mirada. Las otras dos chicas seguían medio dormidas, solo se hicieron a un lado, para que su amiga se entregara a mis brazos. —¡Roi! Tenemos que hablar— insiste—Deja la cama de una vez. —Ya te pareces a mi madre. —Es importante. —Lo que sea puede espera cinco minutos más— respondo acariciando ese cuerpo tentador. Esta morena besa tan rico que podría seguir por horas, pegado a sus labios carnosos. —Tenemos una crisis entre manos y tú prefieres seguir en la cama con estas señoritas de duda reputación. —Bájale una rayita a tus nerviosos, hay ciertas cosas que únicamente debemos tratar entre los nosotros— le digo, molesto. —Pues si no dejas la cama, ellas van a enterarse de muchas cosas. —¡Está bien! Tú ganas. Me levanto con fastidio, no era fácil desprenderse de la calidez de esos cuerpos ardientes. Eso calmó un poco a William, aunque no le hizo gracia, el verme en pelotas. Lejos de incomodarme me causó risa, soy un hombre dotado y me enorgullece, mostrar mis atributos. Giro la vista y las chicas ya están despiertas, saliendo de la cama. Se dirigen ala baño, seguramente a punto de tomar una ducha fría. Una escena digna de contemplar. Y yo perdiendo mi tiempo con este sujeto, terco. —Hay problemas en la empresa. —¿Y cuándo no ha tenido uno? —Bromeo, colocándome el bóxer. —En efecto, desde que tú estás a cargo, la empresa solo ha naufragado en problemas, cada vez más grandes. —¿volverás a culparme?, somos familia — me coloco el pantalón. —Nada más porque llevas mi sangre, me he empeñado en sacarte de todas las malas decisiones tomadas, por ejemplo, el dejar plantada a Olivia Vargas. —¡Mierda! Otra vez más a ponerla de ejemplo. ¿Acaso te gusta? — me enfado y grito en voz baja, pues lo que menos deseo es que mis acompañantes escuchen ciertos temas personales, del que ya nadie recuerda más que el idiota que tengo enfrente. —Desde que la dejaste, todo se fue a la mierda. —¡Ay! Por favor —me quejo—. Ni que ella fuese alguien importante. —La mayoría de nuestros socios, son mujeres y no le gustó nada lo que hiciste. Perdimos valiosas inversiones… —Shh. ¡Ya basta! Me tienes hasta la madre con ese tema, ha pasado tres años y sigues poniéndote del lado de Santa Olivia. Estoy harto ¡entendiste! La dejé y ahora somos felices. ¿La viste quejarse por alguna parte? ¡No! ¿Sabes por qué? Porque esa mujer, es más madura que tú, siempre supo que lo mejor era separarnos, punto final. No se menciona más —grito. —Para ti siempre ha sido fácil mirar adelante, dejando atrás tu mierda. —Es lo correcto, de que sirve mirra atrás, es pasado, ya no regresa. ¡Métete eso bien! El ayer es ayer. —Estamos a punto de quebrar. En unas horas me reuniré con los abogados y… — ¡Si hay algo más! ¡Resuélvelo! No me interesa—respondo fastidiado. —Como puedes decir eso, el dinero que termina. —Soy Roi Henríquez, el empresario más importante del país, el dinero nunca me ha faltado. —los tiempos cambian, la situación económica actual... —Tú te encargas de la parte financiera, si existe un problema, es tuyo, yo … —solo derrochas en fiestas, cosas caras y en noches interminables con mujerzuelas. —Por lo menos me gustan las mujeres. —¿Tendría algo de malo que no me gustara? —Es tu vida, si te gusta recibir en vez de dar, es tu gusto. Únicamente no interfieras en mi vida. En eso, las chicas aparecen, salían del baño, muy risueñas, no se habían bañado, solamente vestido aprisa para irse. Aun así, se ven hermosas y esparcían un aroma dulce tan exquisito. Con esos vestidos tan provocadores, que me roban el aliento, ahora recuerdo porque las elegí. La morena alta, de cabellera n***o azabache, se me acerca y susurra a mi oído. —Tenemos que irnos amor, terminó el contrato. —Su voz sensual me provoco escalofríos. —Me vuelves a repetir tu nombre. —estrecho, su pequeña cintura y beso, sus labios rojos. —Jamás te dijimos nuestros nombres. —Ríen a carcajadas las tres. —No hay problema; soy terrible recordando nombres. — la beso con pasión. —Te falta darme algo amor. —Mueve los dedos en señal de pago. —Por supuesto, preciosa. —Me acerco a William que está echando chispas—. Haz un cheque a nombre de esta belleza. —¡Disculpa! —Me mira, furioso. —Aterriza William—, trueno los dedos—. ¿Sabes qué? ¡Pásame la chequera! Me toma del brazo y me lleva a un lado. —Cuando me dijiste que la trajera, no imaginé que era para hacerle un pago a ellas. —El efectivo no me alcanza y es más elegante darles un cheque. —Los siento, pero no voy a entregártela. —Te recuerdo que es mi chequera, son fondos de mi empresa. —Nuestra empresa que naufraga— susurra. —Si para cuando diga tres no está en mis manos, te la quitaré a golpes. —No te atreverías ¿O sí? —uno, dos… —está bien—Saca la chequera y la coloca en mis manos. Sonrío y camino hacia la bella y encantadora diosa morena. —Disculpa princesa; ¿a nombre de quien dirijo el cheque? —Mía Saldaña Harris. —¿Así que mi diosa tiene nombre? —pronuncio firmando el cheque. —Tal vez. —susurra a mi oído echándole un ojo a la cantidad descrita en él. —ha sido un verdadero placer —le extiendo el cheque. —Decimos lo mismo— sonríe, tomándolo. —¿Volveremos a encontrar? —Una de las reglas de la casa, es nunca repetir. Aunque… quizás podamos hacer una excepción contigo — sonríe. Las otras dos chicas se acercan y aprovecho el momento para rodearme por última vez con sus esculturales cuerpos. Sin duda Mía, es la más fogosa, sabe exactamente donde tocar para activar mis bajos instintos. —Son encantadoras y difíciles de olvidar— les confieso—¿Puedo saber sus nombres? —otra de las reglas de casa es complacer a los clientes más exigentes… sin dar nombres — me aclara la pelirroja de ojos verdes. —para la próxima vez, quizá rompamos esa regla— me guiña el ojo acercándose para dejar un beso en mis labios y su mano acaricia mi entrepierna—. Gracias por la propina incluida. —Se merecen cada centavo— manifiesto. Las dos chicas rieron unos segundos y se acercaron para abrazarme, despidiéndose. Cada una deja un beso en mis labios, más apetecible que el anterior. Luego caminan a la puerta y desaparecen dejando solo su aroma. — ¿Cuánto les diste? —La cantidad es lo de menos, William. Ellas valen oro, hacen magia entre las sábanas. —¡Escúchame! Los problemas financieros existen, no puedes derrochar más dinero. —Existen en tu cabeza, yo no he tenido problemas con mis gastos. —Porque sigues gastando sin saber de dónde sale el dinero. Y no hay lo suficiente en tus arcas para cubrir lo… —¡Cálmate! La empresa lo cubre. —La empresa cubre gastos importantes, no las noches locas con prostitutas caras. —Levantó la voz. —¡Por favor, William! En primer lugar, no son prostitutas caras. Son damas de compañía, prestigiosas, divinas, hermosas, insaciable, indomables, unas fieras ardientes deseosas de placer que... —¡Basta! No quiero detalles de tus noches de sexo desenfrenado. Solo que entiendas que estamos quebrados. —Es una locura, no podemos quebrar. —¡carajo! Reacciona, estamos al borde de la ruina —grita, con desesperación. Se acabaron los días de derroche, estamos en la calle, los últimos dólares se los terminas de dar a esas mujeres. —Deja las bromas de lado, no es gracioso que sigas diciendo que estamos en la ruina. —Desde haces meses te lo he venido advirtiendo, la crisis ha empeorado. Ya no podemos levantarnos, tenemos que vender. —¿Qué? Estás diciendo que perderé mi empresa. —Tenemos que buscar una salida—agrega William. —Todos menos eso, busca un nuevo prestamista, un socio grande… —Ya hemos probado de todos, ningún banco quiere darnos más dinero. Los socios más grandes se han ido con la competencia, solo nos queda… — hace una pausa e intenta cambiar de tema. —¿Qué me ocultas? —Uno de los socios mayoritarios se mantiene en su firme convicción de ayudarnos. He hablado con los abogados y puede que parece que quieren otorgarnos un préstamo para cubrir el desbalance, peor aún no estoy seguro de las condiciones. —Pues reúne con ellos y que te aclaren todo. —Es lo que intento, no he dejado de insistir en tener una reunión, sin embargo, parece que el duelo no está en el país. —¡Carajo! —me frustro—¿Y cuánto tiempo tenemos para que se sepa lo que sucede? —Es cuestión de días. —¡j***r!
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