📖 Capítulo 2 – El secreto en peligro
Sofía tragó saliva. El pulso le latía en los oídos, como si todo a su alrededor se hubiera detenido.
No podía permitir que Alejandro se diera cuenta de la verdad. No ahora. No así.
—Yo… yo soy Sofía Martínez, y este es mi hijo, Daniel —respondió con una sonrisa nerviosa, intentando sonar tranquila.
El niño, curioso e inocente, se escondió un poco más tras la falda de su madre, pero no dejaba de mirar fijamente al hombre de traje. Era como si sintiera un lazo inexplicable.
Alejandro frunció el ceño.
—¿Entrevista de trabajo? —preguntó, reconociendo el sobre de currículum que ella llevaba en las manos.
—S-sí… —murmuró Sofía, apretando el sobre contra su pecho—. Espero poder tener la oportunidad…
El recepcionista se levantó de inmediato, nervioso por la presencia del CEO.
—Señor Ruiz, esta señorita venía para el puesto de asistente en el área de finanzas…
—¿Con un niño? —interrumpió Alejandro, con tono frío y despectivo, como si aquella sola idea le resultara una ofensa.
Las palabras cayeron como un balde de agua helada sobre Sofía. Sintió la humillación recorrerle la piel, pero al mismo tiempo, la rabia la mantenía en pie.
—Mi hijo no es un obstáculo —dijo con firmeza, levantando el mentón.
Por un segundo, algo brilló en los ojos de Alejandro: sorpresa. No estaba acostumbrado a que nadie le hablara con esa seguridad, mucho menos una mujer desconocida.
El silencio en la recepción era insoportable. Todos contenían la respiración, observando aquella escena como si fuera un campo de batalla.
Alejandro se inclinó un poco, acercándose lo suficiente para que solo Sofía escuchara.
—Entonces demuéstralo. No me interesa contratar a alguien que no pueda manejar su propia vida.
Las piernas de Sofía temblaban, pero sostuvo su mirada. No podía rendirse. No podía dejar que él destruyera sus sueños… ni que sospechara la verdad.
El niño, ajeno al torbellino de emociones, tiró suavemente de la manga de Sofía.
—Mamá, tengo sed… —murmuró con inocencia.
Alejandro bajó la mirada hacia él. Sus cejas se fruncieron de nuevo. Había algo en esos ojos grandes, oscuros y penetrantes… tan parecidos a los suyos.
El corazón de Sofía se encogió. Sabía lo que estaba pensando. Sabía que, si seguía mirándolo, él descubriría la verdad.
—Señor Ruiz, disculpe la interrupción —dijo de pronto el recepcionista, rompiendo la tensión—. La junta lo está esperando en el piso treinta.
Alejandro no apartó la mirada de Sofía.
—Quiero que esta mujer pase a mi oficina después de la entrevista. Personalmente decidiré si se queda o no.
Sofía se quedó helada.
No podía escapar. No podía ocultarse más.
Y lo peor de todo… es que el hombre que había jurado mantener alejado de su hijo, ahora exigía tenerla cerca.