Tomás apagó el computador y cerró los ojos, había pasado una semana y el hermano de Rosmeiry todavía no salía del país, no sabía lo que quería, se suponía que solo quería ver a su hermana y se marcharía, sin embargo, continuaba en el país y se había contactado con ciertos personajes que no tenían muy buen prontuario, en realidad, solo eran delincuentes comunes, lo que descolocaba al guardaespaldas, pues si quisiera hacerle daño a alguien, hubiese buscado sicarios, pero los tipos eran simples ladrones o microtraficantes, gente de población con cero preparación en delitos mayores. ―¿Hasta qué hora te quedarás despierto? ―lo interrogó Rosario desde la puerta. ―Voy enseguida, estaba apagando. ―No estabas apagando, ¿pasa algo malo? ―No. ―¿Por qué insistes en mentirme? Soy tu mujer, por

