Alejandro abordó a Tomás antes de entrar a trabajar. Habían pasado quince días desde su vuelta a Santiago. ―¿Pasa algo, Alejandro? ―Estoy algo preocupado por la señora Rosmeiry. ―¿Pasa algo con ella? ¿Está en peligro? ¿Se le han acercado los que nos siguen? ―No, no se trata de eso. ―¿Entonces? ―Usted sabe que ella está asistiendo al gimnasio, como encargado de su seguridad, soy el que la acompaña cada día… ―A ver, Alejandro, eso ya lo sé, soy tu jefe y soy quien los asigna; al punto. ―Creo que ella le es infiel a don Esteban. ―¿Infiel? ―Sí. ―¿Tienes pruebas para una acusación de ese calibre? ―No, pruebas físicas no. ―Sabes que debes tener pruebas para hacer una acusación así. ―Lo que pasa es que ella se cambió de gimnasio, dejó el que ustedes le asignaron. ―¿Por q

