Terror en el sótano.

1563 Palabras
El resto del viaje fue en silencio. En un ambiente tenso donde supuse que tal vez debía ser así para evitar que el chófer que no para de mirarme por el retrovisor sospeche de nuestra alianza. Entonces llegamos a la mansión y entramos a través de un túnel que condujo a una entrada trasera. Luego tomamos un ascensor que condujo al segundo piso. Sin decir palabras caminó hasta su alcoba y se encerró en ella. Sabía que yo tenía que ir más tarde y darle las diferentes medicinas que le corresponden. Esto me convendría mucho, así tal vez pudiera tener oportunidad de asegurarle que soy la indicada para el trabajo. Mantenerme aquí ocupada en una misión riesgosa seguro me ayudará a superar la reciente ruptura con él infeliz de mi ex. Me doy un baño y lavo mis heridas con alcohol. Fue muy doloroso pero muy necesario. Me coloco mi ropa de trabajo puesto que aún no termino mi jornada y de repente recordé la mano herida del señor Thompson. Rápidamente voy hasta su alcoba. Toco la puerta tres veces. —¿ Quién?— pregunta con voz hostil. —Yo , señor, Jessica. — ¿ Otra vez usted? ¿ Que?, ¿ Acaso no duerme? Le dije que mañana hablaríamos. —Tiene que tomar su medicinas señor— digo con cautela. No responde más, así es que paso. Está acostado sobre su cama y su gato, Septiembre a su lado. El gato me mira y vuelve a su pose con indiferencia. El señor Thompson se quita unos audífonos que lleva. — Déjelos allí Jessica. No hace falta que me los de en la boca como si fuera yo un niño de tres años— dice con fastidio. —No lo es señor, pero igualmente debo ver qué los tome. Sino su estado no va a mejorar. Estará irritable todo el tiempo. —¿ Hablo chino , acaso ? Déjelos allí. Váyase a ejercitar. Abajo , en el sótano hay unas máquinas, eran mías, hace mucho que no entreno. Sacuda el polvo y use la caminadora. Necesitará mucha agilidad para seguir en el puesto. No quiero a una debilucha que tropiece y caiga a cada rato— Mis ojos brillan lejos de sentirme ofendida. —¿Eso quiere decir que tengo el puesto señor? Si puedo trabajar para usted y ayudarlo a descubrir su… —¡ Ya calla! ¿ Acaso quieres que te oigan? Dame las medicinas esas y vete. Estoy estresado y fatigado…¿Te ha llamado Emperatriz? La muy descarada se olvidó de que tiene esposo. Seguro disfruta en cualquier cama de hotel— Sus orejas se ponen rojas y miro como sus venas se inflaman. —Por favor señor, no piense así. En cualquier momento lo va a llamar. Ya verá. —Deme las pastillas esas y váyase, necesito dormir— dice con voz llena de frustración. Suspiro y me acerco. Lo hago tomar una pastilla que relaje sus nervios y luego una que hace que su cantidad de serotonina aumente y así pueda mejorar su estado mental. El señor Thompson cayó en un estado depresivo muy fuerte desde el accidente y junto a la extraña desaparición de su padre su estado mental es muy cambiante. Pasa de estar muy enojado a tranquilo o triste. Las pastillas lo ayudan a dormir y recuperar su buen ánimo. — También quiero revisar su mano. ¿ Le duele? —Haz lo que quieras, luego vete— reviso su mano y veo una herida no muy profunda pero que debe ser atendida, sino podría infectarse. La lavo y desinfecto y finalmente le coloco una venda para mantenerla protegida del polvo. Él bosteza y yo apagando la luz salgo rápidamente de su habitación. Al salir miro a Greice al pie de la escalera. Me observa con atención. Entonces camina hasta mí. —Crei que nunca saldría de la habitación del amo señorita. ¿ Cuántas pastillas tuvo que tomar hoy? ¿ O quizás le puso a leer ese aburrido libro? La señora quiere hablar con usted— dice y camina de nuevo a la escalera. —¿ Cómo? ¿ La señora? ¿ Ya llegó Greice?— Ella me ignora y camino detrás de ella hasta planta baja. — No. Marque este número al teléfono. No le gusta que la hagan esperar— Me entrega un número anotado en una libreta y lo marco con mano temblorosa. Ella se aleja y yo oigo mi corazón saltar al ritmo del timbre del teléfono. Entonces ella contesta . «¿Dónde rayos estabas Jessica? Hace diez minutos que le dije a Greice que te pusiera al teléfono» « Señora, yo, yo estaba, verá…»Estúpida manía de titubear cuando tengo los nervios de punta. «¿ Estás nerviosa Jessica? ¿ Por qué?» «Señora , no es eso. Estoy bien. Solo que estaba dandole los medicamentos a su esposo para que pueda dormir » «¿Diez minutos dando pastillas? Vaya, ¿Acaso tuviste que aumentar sus dosis? Porque se que solo tomará dos antes de dormir , ¿ Que más pasó?» « Nada, solo… »Le iba a decir que curé una herida en su mano pero eso la haría hacerse más preguntas y descubrirá que salimos, podría sospechar de su esposo , debo ser muy prudente. « Tuve que leerle su libro , ya sabe cómo es con eso» mentir fue la salida y me hace sentir un poco mal. « Entiendo Jessica, solo deseaba saber cómo te va con Richard, por favor Jessica , no creas todo lo que diga, mi esposo tiene algunos problemas mentales debido a la frustración de no poder ver y lo entiendo, pero creeme que muchas de las cosas que dice las inventa» dice y entonces oigo cómo un susurro. Alguien está con ella. “ te estoy esperando” abrí mi boca sorprendida. «Claro señora emperatriz, no se preocupe, comprendo bien lo que usted dice, no debe ser nada fácil no poder ver.. Señora… » « ¿ Si Jessica?» « ¿ Está viendo la televisión?» « No. ¿ Por qué?» suspiro. « No. Por nada, por favor no se preocupe, le agradezco su confianza» « Gracias por estar dispuesta a cuidar a Richard, buenas noches Jessica»dice y cuelga. Estoy segura que era un hombre y que le decía :”Te estoy esperando” ¿Y si es verdad lo que el señor Richard dice de su esposa? Pongo el teléfono en su lugar y me quedo pensativa. “No seas así Jessica, tal vez está en algún lugar público y alguien que estaba cerca dijo algo no precisamente para ella” pienso. Voy a la cocina y me sirvo un vaso con agua. Luego vuelvo a mi habitación. … No puedo dormir y recuerdo lo que me dijo el señor Thompson. Me da curiosidad ir al sótano. Hacer ejercicio antes de dormir no suena mal. Me levanto y voy a cambiarme, me pongo un leggings n***o y una franela blanca holgada. Entonces bajo hasta el sótano. Pero no había notado que era muy tarde. Es media noche. Sin embargo el sueño ha huido de mi. Abro la puerta del sótano y enciendo la luz. Me da un poco de ansiedad bajar las escaleras. Nunca antes estuve en este lugar. ¿Y si salen fantasmas aquí? Me doy valor a mi misma recordando que trabajé tres años en un hospital y pude con eso. Muchas veces estuve de guardia y tuve que caminar a media noche por pasillos solitarios para ver algún paciente internado. Oía silbidos y a veces risas o llanto. Una vez creí ver a una pequeña niña correr de una habitación a otra pero luego me convencí de que tal vez era porque llevaba veinticuatro horas sin dormir. No sé cómo recordar esto me de valor. Ahora estoy más asustada. Pero antes de arrepentirme ya estoy abajo. Tal como dijo el señor Thompson hay algunas máquinas de ejercicio. Veo la caminadora. Si, tiene polvo. Sacudo un poco y me subo a ella. En poco tiempo estoy caminando sobre ella. Es divertido. Mi cara, espalda y cabellos comienzan a mojarse con mi sudor , muchísimo. Ahora corro, la máquina hace ruidos, parece vieja o necesitar algún mantenimiento . Pero dejándome llevar por la adrenalina corro sin darle importancia cuando oigo un duro golpe a la pared, abro mis ojos aterrada y bajo la velocidad de la caminadora para poder bajar. Cosa que hago y otro golpe me deja paralizada. Veo unos cuadros en la pared. Son personas , tal vez parientes de la familia. Un tercer golpe y uno de los cuadros va a dar al piso. Mi corazón se acelera y soltando un grito aterrador corro escaleras arriba y a mi mente llegan escenas espantosas de puertas que se cierran, y juro que si eso pasa en este instante me muero de un ataque a mi pobre corazón. Sigo gritando y llego por fin a la puerta y corriendo por el pasillo oscuro siento como si alguien o algo me persiguiera. De pronto colisiono contra una columna de músculos y a punto de un desmayo oigo: —¡ Maldición Jessica ¿ Por qué grita de ese modo?! Ni las pastillas me han librado de oír su maldito escandalo— Es el señor Thompson. Lo último que sentí fue caer en sus brazos que me libraron de dar contra el piso al desmayarme del miedo.
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