A punto de morir.

1312 Palabras
—¿ Acaso no le gustó la cena Jessica? —Oh, no, digo si, me gusta, está deliciosa señor Thompson— digo y enseguida comienzo a picar un trozo de carne para llevarla a mi boca. —Es que parecía que no comía usted, sus cubiertos dejaron de sonar hace un buen rato. ¿ Acaso estaba mirándome señorita?— sonrío nerviosa. —Claro que no — digo apenada. El por fin sonríe. —No sabe la paz que tengo ahora de que usted haya aceptado, llevo mucho tiempo intentando conseguir a quien sea mi aliado. Todos terminan aceptando los sobornos de mi esposa y me abandonan —Lo miro con pena. —¿ Cómo es que sabe que eso es lo que realmente pasa? — Lo sé , solo lo sé — dice. —Pero, usted no se dejará sobornar y será leal a mis intereses. Estoy seguro. Expuso su vida y no vaciló cuando…—suspira y yo sonrío. —Gracias, de verdad espero poder ayudarlo señor Thompson. … Terminamos de comer y el señor Thompson me dice que desea mostrarme un lugar. Así que salimos de la cabaña y camina en dirección a la parte de atrás de la misma. Lo sigo intrigada. Está muy alumbrado por la luz de la luna. —¿ Ves el puente que está hasta allá?— dice deteniéndose. — Si. — Vamos hasta allá— Seguimos caminando y entonces debemos escalar unas rocas para subir hasta el puente. —¿ Está seguro? Puede ser peligroso. Podría resbalar y…—No le comenté que llevo zapatillas de tacón y mi vestido me incomoda al escalar. Pero lo hago. Por algún motivo no puedo negarme a sus peticiones. Con agilidad lo veo subir y rápidamente ya está arriba. termino de subir también y oigo el sonido de una cascada que golpea con fuerza y miro además el cielo despejado. Son miles de estrellas muy hermosas. —Woooo, señor Thompson, hace cuánto que no veía un cielo tan hermoso— Él sonríe. Entonces toma su celular y marca un número. « Señora Tim, por favor, encienda las luces del puente» Lo miro intrigada. Él cuelga el teléfono y de pronto dos enormes faros se encienden iluminando todo alrededor. Abro mi boca perpleja al ver la preciosa cascada que está justo frente a nosotros. Lo miro aspirar con fuerza y abrir sus brazos mientras muestra su perfecta dentadura. La brisa sopla con fuerza. —Esto es muy hermoso. Gracias por traerme—pero hace muchísimo frio. Aún así intento no quejarme. —Es mi lugar favorito Jessica. Necesitaba huir de la mansión y despejarme antes de que llegue Emperatriz. —¿ La ama mucho verdad señor Thompson? —No deseo hablar de eso. ¿ Usted tiene novio o esposo? —Tenia un novio, Pero el muy idiota me engañó. —¿ Es fea señorita Jessica?— abrí mi boca perpleja. —¿ Por qué me hace esa pregunta?— digo un poco afectada. — Pues porque no pudo retener a su novio, a menos que en verdad él sea un idiota. —Pues no se cómo responder eso. Tal vez sea fea a sus ojos, su esposa es tan… —Bueno, puedo averiguarlo ya mismo— dice. Frunzo mi entrecejo. —¿ Cómo? —Los ojos de los ciegos son sus manos, si me deja tocar su cara sabré cómo es. —Pero… —Vamos, debo saber cómo es, si trabajará para mí debo saber todo sobre usted—dice con picardía. Entonces trae su mano hasta mí y toca mi cabello. Lo hace a un lado y toca mi mejilla, entonces con su otra mano toca la otra. Con gesto delicado sus dedos parecen buscar en el aire la suavidad de mi piel. Lo veo cerrar los ojos, como si tratara de captar en su mente la esencia de mi rostro. Comienzo a temblar nerviosa mientras él toca mi nariz, mi boca, mis ojos, mi frente, mis mejillas y mis orejas. Es como si pudiera trazar con su tacto cada contorno y cada curva en mi cara. Entonces sonríe. —No es fea, es bonita, Pero la creía más alta— Sonríe burlón y entonces se apoya del puente y parece mirar la cascada. — Daría todos mis millones contal de poder ver un instante este fascinante paisaje— respira hondo. —Maldita Emperatriz, algún día le cobraré todo lo que me hizo— dice con amargura. Quiero decirle algo para consolarlo, pero se da la vuelta. Su semblante vuelve a ser el mismo de siempre. Duro y prepotente. — Es hora de irnos— Comienza a bajar y yo detrás , pero distraída aún con su toque que para mis sentidos fueron como caricias, piso mal y el tacón se parte, entonces resbalo, soltando un grito aterrador al verme deslizar hacia él precipicio. Entonces me sujeto con fuerza de una roca y grito desesperada. —¡ Señor Richard! ¡ Por favor ayúdeme!— Él con desesperación grita mi nombre. Entonces cierro los ojos muy asustada al sentir mis pies colgar sobre la nada. Mi corazón late desesperado y elevo miles de plegarias sin darme cuenta aún que el señor Thompson podría ponerse en peligro por mi culpa. Solo cuando grita : —¡ Deme la mano Jessica!— abro los ojos y miro su brazo alargado hasta mí. Está cerca de la orilla y trato de alcanzar su mano. Entonces la tomo y él comienza a jalarme hacia arriba con fuerza. Con toda la fuerza que tenía debido a la dificultad de estar ciego y en una posición nada favorable logra hacerme salir del precipicio y me dejo caer a su lado mientras respiro agitada y siento mi pecho hundirse con fuerza en busca de aliento. Enseguida recobrando el sentido de urgencia volteo a mirar al señor Thompson. —Gracias, gracias— digo y me levanto con cuidado para pedir su mano. Entonces lo alcanzo y contando hasta tres lo ayudo a impulsar hasta mí. —Maldicion Jessica, el ciego soy yo y usted tropieza con una piedra, ¿es estúpida o que? — observo una honda angustia en su voz y permanezco en silencio. Entonces le digo que solo son unos pasos para salir del peligro y llegar al suelo seguro. Lo guío para que se impulse con las piedras y yo hago lo mismo. Finalmente llegamos a suelo firme y oigo pisadas. Son los escoltas del señor Thompson. —Señor ¿ Están bien?—Él respira hondo. Entonces lo miro. Tiene una mano cortada Pero su semblante es digno. —Estoy bien, revisen a la chica y vamonos— dice. Los escoltas me abordan y ven mi rodilla raspada y mis manos maltratadas. —Estoy bien, gracias, yo aplicaré desinfectante en casa, no se preocupen — digo y muerdo mi labio, entonces los sigo hasta el auto y nos vamos. —Señor— susurro mientras ambos viajamos en un silencio incómodo. Él no responde. —Debemos curar su mano. Está sangrando —digo preocupada. —No es nada Jessica… ¿ Usted está bien?—suspiro y asiento rápidamente. —Si señor. Estoy avergonzada. —Fue mi culpa, jamás debí llevarla a ese lugar. Si le hubiera pasado algo yo …— respiro hondo agitada. —Creo que usted no es la indicada Jessica. No quiero que por mi culpa termine lesionada o algo peor. —Pero señor, yo quiero ayudarlo, quiero hacer mi trabajo, no diga que… —Ya, cállate Jessica, no me importa lo que digas, lo pensaré bien está noche y si decido que no eres buena para esto, mañana tendrás que irte. Ya conseguiré a la persona que pueda servir para mis planes—abro mi boca y entonces bajo la mirada. — Lamento tanto decepcionarlo—susurro con voz entrecortada y una tristeza colándose en mi interior por haberlo decepcionado.
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