Manteniendo sus ojos cerrados mientras luchaba contra la sonrisa que amenazaba con expresar sus labios, Aaron fingía dormir mientras sentía la mano de su pareja deslizarse por su desnudo cuerpo, acariciando desde su espalda y bajando hasta ahuecar un glúteo. Sus labios insistentemente besaban con dulzura sus hombros, dejando un rastro de marca a lo largo de estos. Su lobo ciertamente parecía muy feliz con la atención de su alfa, prácticamente gimoteaba de felicidad. Y cuando esos labios se arrastraron cerca de su sensible marca, Aaron no pudo evitar que un pequeño gimidito escapara de su boca ante lo bien que se sentía aquel simple acto. —Uhm, parece que mi hermoso sol finalmente ha salido —murmuró Liam sobre su marca. —Nop, aún no —respondió, corriendo su cabeza para darle más acceso

