Era imposible. Por más que Aaron presionara con fuerza sus manos en su boca, los extraños ruidos que emitía solo seguían escapándose sin descanso. Mientras más trabajaba Liam besando, mordiendo y succionando cada parte de su desnudo cuerpo, más sonidos raros e incoherentes soltaba. —Vamos mi sol, quiero escuchar esos ruiditos tan dulces que ocultas de mí —pronunció Liam, subiendo repentinamente para repartir besos en su pecho. —P-pero... —balbuceó entre sus dedos, y todo su cuerpo se estremeció cuando los labios de su pareja se cerraron en uno de sus pezones—. ¡L-Liam! —exclamó cuando este succionó y mordió la pequeña protuberancia. —Eso es, eso es lo que deseo oír —ronroneó el lobo alfa, lamiendo el pequeño piquito para luego succionarlo. Agitando su cabeza desesperadamente, Aaron n

