ENZO Cerré la puerta de mi habitación con lentitud, como si el sonido pudiera romper el hechizo de la noche y era algo que no quería. Me sentía como un niño enamorado por primera vez. Me apoyó contra la puerta, con los ojos fijos en la madera, pero mi mente seguía allá afuera… con ella, con Kira, con mi esposa El beso. Diablos, ese beso me llevo al cielo. Había sido apenas un roce, uno suave, inseguro, pero cargado de algo que me costaba poner en palabras pero sin embargo, ese pequeño gesto había detonado un caos dentro de mí. Me sentía como esas películas que les gustan a las mujeres, lo sé, bastante cliché y estúpido. Pero sin evitarlo, me llevó los dedos a los labios, sin darse cuenta, tocando con la yema de mis dedos el lugar exacto donde segundos antes habían estado los labio

