Y más tarde… lo vería a los ojos y, tal vez, lo dejaría saber de mis nuevos sentimientos hacia a él. Las horas siguientes me las pase arreglándome, preparando cada detalle de mi para mi cita. Estaba emocionada, ilusionada, nerviosa y extremadamente ansiosa y para cuando me vi en el espejo, lista, peinada con una trenza lateral y un poco de brillo en los labios, me quedé quieta un momento. Sonreí. Sentí mariposas en el estómago, pero no de esas que dan miedo. Estas eran suaves, casi tiernas y probablemente, de las mas peligrosas en el mundo. Estaba nerviosa. Pero no quería estar en ningún otro lugar más que en esa habitación, esperando a que Enzo tocara la puerta y viniera por mí. La ama de llaves vino como mí, justo a la hora que habíamos acordado, como si lo hubiera calculado segundo

