El día de la prueba de vestido había llegado y aunque esperaba que este día nunca llegara, bueno, no al menos en estas circunstancias, ya estaba aquí, a punto de probarme un vestido que no quería, que odiaba con toda mi alma y que solo generaba en mí ganas de llorar y de salir corriendo. No quiero estar aquí. Me encantaría que todo esto no fuera más que una simple pesadilla y más cuando observo a mi alrededor. No sonrió y a pesar de la opulencia del salón y de los finos encajes y sedas que me rodeaban, me sentía como un prisionero vistiéndose lista para su ejecución como Anne Boleyn. Agradezco al cielo que mi incondicional amiga Clau estaba a mi lado, como un ancla que me mantenía atada a la realidad y su rostro, al igual que el mio, reflejaba una mezcla de emoción y preocupación,

