Salimos del hospital a paso lento, yo creo que todavía analizando por mi parte su invitación, por parte de él, lo mismo, pero claramente desde nuestros propios escenarios y al llegar al estacionamiento, nos subimos al coche en silencio, cada uno con sus pensamientos y medida que avanzábamos por las calles, sentí que, por primera vez, no había ese peso entre nosotros. No estábamos jugando a la guerra de egos, al menos no de forma tan evidente pero al mismo tiempo, me sentía alerta, como si fuera a explotar en cualquier momento y odiaba esta sensación, porque no me dejaba relajarme del todo. ¿Cómo podría olvidar que este matrimonio, aunque temporal, seguía siendo una farsa? Era como caminar en la cuerda floja, sin saber si el siguiente paso nos llevaría al abismo o al alivio. ¿Puedo con

