ENZO Los días siguientes a esa llamada fueron un infierno silencioso. Me movía como un maldito fantasma en mi propia vida, repitiendo gestos cotidianos con la precisión de un autómata. Despertar, besar a Kira en la frente, fingir una sonrisa en el desayuno, comentar trivialidades sobre el clima mientras por dentro me partía en mil pedazos sobre las posibles consecuencias después del viernes. No sabía cómo mirarla sin romperme o que ella descubriera mi maldita mentira. No porque no la amara. La amaba más de lo que creí ser capaz de amar a alguien. Pero ahí estaba el pasado, ese maldito pasado que se niega a enterrarse del todo. Sofía y la verdad que sabe de mí que me podría destruir por completo. Esa voz al otro lado del teléfono, fría, calculadora, fue como un golpe al estómago. No p

