KIRA Enzo estuvo distante todo el resto del día y los días siguientes. No era frío, no era cruel. Era como un eco de sí mismo, como si estuviera ahí solo a medias, como si la mitad de él estuviera atrapada en otro lugar y yo lo notaba, no era estúpida, lo sentía en su forma de moverse, en sus silencios, en sus pausas demasiado largas antes de responder y en como evitaba verme la mayoría de las veces. No volvimos a hablar de lo que mencioné esa mañana, y él tampoco intentó retomar el tema de nuestra conversación. Quería saber que pasaba pero tampoco deseaba presionarlo. Y los últimos días nos movíamos como si nada pasara, como si no hubiéramos sentido esa grieta formarse entre nosotros y sin embargo, estaba ahí, latente, esperando su momento para romperlo todo y arrasar con lo que está

