[Robert]
En cuanto Demian dejó entrar a la chica y mis ojos conectaron con los suyos, sentí un escalofrío recorrer mi espina dorsal, esto estaba mal, yo soy un sacerdote, no puedo estar pensando en ella, desvío la vista y con un ligero carraspeo me recompongo en mi lugar, les indico donde sentarse y ellos lo hacen frente a mí, cruzo la pierna y entrelazo mis manos
—la escucho, hábleme de usted señorita Palmer— le digo sonriendo de lado, sin quitarle la mirada de encima, ella vuelve a bajar la mirada
—bueno, soy…— antes de que pueda comenzar a hablar, Demian la interrumpe, lo que me molesta por completo
—Rob… padre Hal, este favor que le quiero pedir es demasiado personal, la señorita Palmer corre peligro, no tengo mucho tiempo, tengo que volver a la comisaría ¿nos ayudará? — me pregunta viéndome fijamente, ruedo los ojos, Demian a veces es demasiado serio, me pongo de pie
—bien, los ayudaré, pero solo por un corto tiempo Demian, no se si la señorita Palmer sea buena influencia para las hermanas, veré que me invento para que ellas la acepten sin sospechar que es una… mujer no célibe— le digo viéndola de reojo, noto como el rubor de sus mejillas aumenta
—muchas gracias, Robert, Dios te lo compensará— me dice acercando su mano a la mía, las estrechamos y le sonrío, la chica se mantiene en silencio
—los dejaré solos un momento, iré por su ropa antes de que alguien la vea… vestida así— les digo un poco nervioso, saliendo de la oficina a toda prisa…
Al llegar, antes de poder entrar escucho la conversación que esos dos están teniendo, espiar es un pecado, pero en este momento realmente no me interesa, solo es curiosidad, ella es una mujer desconocida, podría afectar el funcionamiento de mi congregación
—solo será un tiempo Reg— le dice Demian, vaya, debe haberle tomado un cariño especial para que ya la llame con un diminutivo, odio los diminutivos en los nombres propios
—Demian, es obvio que le caí mal, no creo soportarlo por tanto tiempo ¿te diste cuenta de cómo me miraba y cómo me habló? Para ser sacerdote y pregonar la palabra de Dios sobre no juzgar a las personas por su apariencia, juzga demasiado— dice ella, ¿Quién se cree para hablar así de mí? Un enojo se apodera de mi cuerpo, frunzo el ceño y decido abrir la puerta, ellos de la impresión se separan un poco
—es mejor que se despidan ahora, está por terminar la hora de la oración grupal y no quiero que ninguna de las hermanas te vea aquí, con él, vestida así— les digo tensionando la mandíbula, la chica frunce el ceño, Demian carraspea, se dicen algo más en voz baja, luego él deja un beso en el dorso de su mano, lo que me hace rodar los ojos, le entrego la ropa y le señalo el baño de mi oficina.
Al verla entrar, Demian me toma del brazo y me acerca un poco más a él
—Por favor, Robert, no seas tan duro con ella, está asustada, su vida corre peligro, solo… intenta llevarte bien con ella, enseñarla lo que tenga que saber, que pase desapercibida, será un corto tiempo, te lo prometo— me dice en voz baja, casi en un susurro, entrecierro los ojos, esta petición es diferente a todas las que me ha hecho
—¿hay algo entre ustedes Demian? — la pregunta casi sale sola de mi boca, Demian frunce el ceño, pero no responde, eso quiere decir que está sintiendo algo y lo quiere ocultar de mi
—por supuesto que no, Regina es hermosa, pero solo tenemos un día de conocernos, nadie se enamora tan rápido Robert, pero tu nunca lo sabrás porque eres sacerdote, en el mundo real las cosas son diferentes y…— asiento, agradezco ser un sacerdote, el mundo real y sus pecados, son demasiado para mí mente, Demian se despide de mi con un abrazo y sale de la oficina, el sonido de la puerta del baño hace que gire mi vista hacia ella, Regina sale del baño ya con su habito y su velo puesto, debo admitir que la finura de su rostro le ayudan a que se le vea muy bien eso puesto
—debe ser una broma, vean como me queda esto, no sé si estoy lista, no se si puedo con esto, sin sexo, sin fumar, sin…— dice ella viendo a todos lados, esperando encontrar aún a Demian, ahora el que la interrumpe soy yo
—por el amor de… basta señorita Palmer, olvídese de su vida anterior, olvídese de lo que era antes, esa mujer ya no existe, desde ahora será… la hermana Mary Margaret, en unos minutos conocerá a sus compañeras, le mostraré el lugar donde se quedará y obedecerá el reglamento, será educada, respetuosa— la veo fruncir el ceño
—¿esta loco? Mary Margaret ni siquiera es un nombre real, no va conmigo, sabe que, llamaré a Demian y le diré que renuncio, que no lo haré, usted es un padre gruñón y…— la detengo cuando quiere salir de la oficina, tomando su brazo con fuerza, acercándola un poco más a mi, puedo oler su perfume, tiene que quitárselo si no quiere levantar sospechas
—el agente Davis saldrá de la ciudad, me lo dijo antes de irse, Mary es honor a nuestra virgen María, Margaret es una hermosa flor, si quiere quedarse y que ese hombre malvado no la descubra, debe seguir mis reglas, hacer lo que yo digo, solo será por un tiempo, yo seré el mas agradecido cuando usted se vaya de aquí, ahora sígame o dígame si prefiere volver a la calle— le digo con firmeza, no por ser sacerdote soy un estúpido, sus ojos me miran fijamente, quiere llorar, pero se mantiene lo suficientemente fuerte para no hacerlo, lo cual agradezco.
Salimos de la oficina y caminamos en dirección al comedor, a las seis de la tarde se sirve la cena, después de eso se hace una oración y a las ocho debemos estar en nuestras habitaciones, ya que despertamos a las cinco de la mañana, al llegar al comedor escucho el alto volumen de la platica tan amena que se está llevando a cabo
—hermanas, buenas tardes— les digo con una sonrisa, ellas se detienen y bajan la cabeza, sonriendo también
—les quiero presentar a la nueva integrante de nuestra congregación, ella es…. La hermana Mary Margaret— les digo un poco nervioso, no se la reacción que tendrán al verla, al notar que no dice nada, le doy un pequeño codazo, haciendo que avance hacia adelante
—ah si si, soy la hermana Mary Margaret, gracias por permitirme estar aquí y… ya— dice con torpeza, ruedo los ojos y niego, las demás hermanas se le quedan viendo atentamente
—¿de que congregación viene hermana Mary Margaret?— le pregunta una de las hermanas más jóvenes, Mary Patrick
—¿de que congregación? Ah bueno, si… de la congregación de las hermanas del loto rubí, en Reno— dice ella sonriendo y viendo a todos lados en busca de ayuda, suelto un suspiro y niego, llevándome los dedos al puente de la nariz, esto es un desastre.
Decido que es mejor dejar las preguntas para después y mejor sentarnos a la mesa y hacer la oración para bendecir los alimentos
—¿Por qué no dejamos que la hermana Mary Margaret bendiga los alimentos padre Hal?— giro mi vista a la hermana Mary Eloise, me pongo nervioso, ¿Regina habrá rezado alguna vez en su vida? Giro mi cabeza para verla, está nerviosa, ¿sabrá hacerlo?
—¿yo? Mmm claro, eh… dios, bendice estos alimentos y que las personas que los hicieron sean bendecidas amen— su oración es rápida, ni siquiera separó palabras, respiró ni dijo nada más, solté una risa discreta, miré al resto de las hermanas y al parecer, para ellas también bastó con eso, ya que comenzaron a comer al igual que yo.
Cada cierto tiempo miraba a Regina de reojo, claramente no estaba acostumbrada a la comida decente y simple de un convento, seguramente solo come cortes de carne carísimos o tal vez una o dos rebanadas de pizza, hacia muecas de asco y movía las verduras de un lado al otro, causándome algo de gracia, a las siete cuando sonó el reloj, dejamos los cubiertos y nos pusimos de pie
—las veré en misa en un momento— les digo sonriendo y despidiéndome de ellas, las hermanas solo asienten en silencio, vuelvo a mirar a Regina quien hace una mueca de horror, ruedo los ojos y salgo del comedor…
Después de misa las hermanas se despidieron de mi para la hora de dormir, les recomendé algunos versículos de la biblia para leer antes de dormir, les recordé sobre las practicas del coro y de las clases que darán al pequeño grupo de niños, Regina se mantuvo de brazos cruzados, esperando a que yo terminara de hablar para que le pudiera mostrar su habitación
—de pie, vamos, estamos retrasados por quince minutos y aquí nadie tiene favoritismos— le digo sin verla, caminando fuera de la parroquia, ella me sigue no muy convencida.
Después de subir los veinte escalones que conectan el pasillo con su habitación, pude escuchar sus jadeos, ¿es bailarina pero no tiene la condición para subir veinte escalones?
—es aquí, llegamos— le digo abriendo la puerta, ella se mantiene en cunclillas, mientras se sostiene con ambas manos en el suelo, su respiración es agitada y no puede hablar
—lo siento yo… mierda no se que ocurrió, esos escalones son grandes— dice ella sin prestar atención
—te voy a pedir que mientras estás aquí, moderes ese vocabulario— le digo molesto, asiente sin verme
—si si, lo que quieras, ahora déjame entrar, estoy cansada y quiero dormir— me dice haciéndome a un lado, mantengo mi actitud seria y la dejo entrar
Su cara es un poema, abre la boca hasta el suelo al ver la sencilla habitación frente a ella, una cama individual, una ventana pequeña arriba de la cama, un buró a cada lado de la cama, un armario sencillo y un peinador de madera
—¿es todo?— me pregunta incrédula, viéndome fijamente, sonrío
—buenas noches hermana Mary Margaret, nos veremos mañana a las cinco de la mañana— le digo cerrando la puerta, escucho que grita algo, pero realmente no me interesa, estar aquí el enseñará a saber obedecer, a seguir una rutina, a ser una mejor persona, al menos eso espero…