Capítulo 3

1003 Palabras
Tomé el teléfono y llamé a mi madre para anunciarle la noticia.  —Mamá, ¿cómo estás?, tengo que decirte algo.  —Kris, ¿por qué me llamas a esta hora? ¿pasa algo?  —Mamá, creo que mi padre sufrió un infarto  —le informé.  —¿Un infarto? ¿De qué hablas? ¿Ya llamaste a la ambulancia?  —preguntó angustiada.  —No respira madre   —contesté a secas. Recuerdo que hubo un silencio abrumador. Sentí tener que darle la noticia y más de esa manera, pero sabía que era por un bien y que después de esto la vida de ambas mejoraría para bien.  —Pero, ¿qué pasó? ¿cómo ocurrió?  —preguntó con su voz sollozante.  —No lo sé mami, él estaba bebiendo como siempre en la sala, después lo escuché quejarse y cuando fui a ver, estaba en el piso sin signos vitales.  —Déjalo allí, yo ya iré a casa y veremos qué hacer. —mencionó mientras se lamentaba. Esperé tranquila mientras ella llegaba. Podía escuchar cómo las moscas rondaban alrededor del cuerpo de mi padre, y no me molesté en espantarlas, tampoco sentí lástima por él. Sé que probablemente ustedes estarán pensando que soy una loca retorcida por haber hecho lo que hice, pero la verdad es que nadie más que yo conoce los motivos de fondo, y yo los tuve de sobra; mi padre siempre fue una desgracia  para nosotras, y esa fue la oportunidad de remediarlo todo.  De igual manera, para que su moralidad esté más tranquila, les diré que todo esto lo estoy contando desde mi celda en una prisión, así que estoy pagando por todos mis “delitos” tan terribles. Luego de unos minutos llegó mi madre —estaba destrozada—, se lanzó a llorar encima de mi padre y allí permaneció por unos instantes mientras asimilaba la situación. No puedo negar que me conmovió como nunca, y me dolió mucho verla así de mal por él, pero pronto se le pasaría y quizás encontraría una mejor persona que no le hiciera daño como el que había tenido que soportar durante tantos años. Conversamos y nuevamente le di mi versión  de los hechos, me aseguré de ser muy creíble y convincente con mis palabras  —recuerdo que incluso  logré que salieran lágrimas de mis ojos —, y mi madre no tuvo más remedio que llamar a la autoridad correspondiente para qué realizaran el levantamiento del cadáver. Mi mamá no solicitó que le realizaran autopsia pues no había evidencia de violencia en su cuerpo entonces se supuso que fue una muerte natural. Una vez más, me había salido con la mía. Los días posteriores a la misteriosa muerte de mi padre alcohólico, fueron de tristeza y desolación en mi casa  —al menos por parte de mi madre  —, hasta que por fín parecía aprender a vivir con la realidad de que él ya no estaba.  Sin darse cuenta, mi madre empezaba a ser un poco libre y feliz de nuevo; ya no  había golpes, malos tratos, ni ningún otro tipo de agresión de la cual había sido víctima tanto tiempo.  Pasados unos meses empezó a salir con sus amigas de fiesta, consiguió un nuevo empleo como administradora de un bar en el cual ganaba más dinero así que rentamos un nuevo apartamento; más cómodo, lindo y amplio. Además, consideramos que sería una buena opción para dejar atrás todo lo que habíamos pasado y superarlo de cierto modo. Puedo afirmar que empezamos una nueva vida con aires diferentes; ahora estábamos más unidas y confiábamos más la una en la otra. Mis notas en la escuela eran cada vez más sobresalientes, y yo, aprendía a vivir alejándome de las personas que intentaran tener algún tipo de relación o contacto conmigo, considero que era mejor así, sin arriesgar a que alguien descubriera mi fascinación por las sustancias tóxicas y los delitos que ocultaba con tanto cuidado. Tengo que aceptar que empezaba a sentir la necesidad de una compañía, pero en el fondo no quería una humana, así que le propuse a Jane adoptar una mascota, así sería más alegre nuestra casa y también sería de ayuda para mí que no tenía amigos ni a nadie distinto a mi madre. Lo dudó por un momento pero finalmente aceptó y en medio de mi emoción —nunca había tenido una mascota —, le di un fuerte abrazo y después fui hasta mi cuarto a buscar en la computadora refugios cercanos de animales abandonados.   Anoté la dirección de uno de ellos para pasar al día siguiente después de la escuela. Pasé la noche imaginando cómo sería mi vida con una mascota a mi lado; estaba muy entusiasmada pues una cosa era mi odio por la gente, pero otra muy distinta era mi amor por los animales aunque no hubiera tenido una mascota antes.  Podría salir a dar paseos con ella, jugar ya que nunca había jugado con otros adolescentes de mi edad, también podría contarle de mis crímenes sin preocuparme porque me delatara o me juzgara… Sí, ya quería tener a esa compañía de cuatro patitas y muchos pelitos a mi lado. Al día siguiente, me desperté con mucha motivación. Desayuné con mi madre y ella me despidió hacia el colegio para después seguir hasta su trabajo.  Llegué al aula de estudio y mi primera clase era química así que presté suma atención porque cada detalle podría serme útil en un futuro. Me destaqué participando en dicha clase, pues habíamos retomado el tema de las sustancias venenosas y yo hice una pequeña presentación de los efectos negativos del cianuro y otros tóxicos mortíferos en la salud humana; recibí una felicitación por parte del profesor por mi especial interés en su asignatura —interés que creía, era netamente académico—. Al terminar la jornada escolar, fui directo hasta uno de los refugios que había visto por internet y me enamoré de todos los animalitos que allí habían, deseaba traerlos todos conmigo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR