POV VIOLET Cuando por fin abrí los ojos, el blanco de las paredes me dio la bienvenida como si nada hubiera pasado. Miré a mi alrededor en silencio. Mamá seguía a mi lado, dormida, apretándome la mano como si tuviera miedo de que muriera. En el suelo, Zach, inmóvil, con la mirada perdida en el techo. Parecía destruido, más allá de lo que la palabra “triste” podría abarcar. Después de unos segundos, sus ojos se encontraron con los míos. Primero se notó su sorpresa, pero enseguida fue sustituida por algo más profundo: tristeza, culpa, lástima… compasión. Cerré los ojos y apreté el abdomen, buscando con ese gesto que mamá despertara. El aire se volvió denso. Nadie decía nada. Estaban esperando a que yo dijera algo. —¿Ya no están? —pregunté al fin, con la voz rota, sin poder mirar a nadie

