EPÍLOGO Lucia levantó la mirada, arriba, muy arriba, a lo largo de la fachada del Palazzo Baldeschi Balleani, rodeado por los andamios donde resaltaba la fotografía gigante en colores, impresa digitalmente sobre lienzos extendidos, que representaba cómo quedaría la obra cuando se terminase el trabajo. ―Cómo has hecho para conseguir una financiación a fondo perdido de más de 500.000 euros de la fundación Guggenheim de New York no se me permite saberlo, pero tengo fuertes sospechas ―dijo volviéndose a su joven esposo Andrea. Los dos jóvenes vestían todavía los trajes que se habían puesto para la ceremonia nupcial. Lucia, en línea con los usos de las nobles damas del siglo XVI, había escogido un vestido rojo, que estilizaba aún más su longuilínea silueta, mientras que Andrea había optado p

