Capítulo 28-2

2010 Palabras

Y en efecto, Lucia no se enamoraría jamás de otro caballero, porque en su corazón había encontrado su puesto siempre y solo su Andrea. Una noche soñó con él. Él estaba hermosísimo, quizás incluso más de cómo lo recordaba. No estaba vestido de caballero y ni siquiera de príncipe o de rey. Tenía una corona imponente sobre la cabeza, la barba era larga y los cabellos rubios y espesos caían sobre un manto de armiño que cubría sus hombros, encima de un vestido rojo. Cuando se había girado, como para devolverle la mirada, le había parecido en todo igual al Emperador Federico II. “La ciudad de Jesi renueva su fe gibelina y está con vos, mi Señor” había intentado decirle Lucia pero el hombre ni siquiera se había dignado prestarle atención, ya que se sentía atraído por una extraña frase grabada sob

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