CAPITULO 7 PARTE 1

3599 Palabras
Se estaba terminando de alistar para la llegada de Lorenzo. Se había puesto un hermoso vestido de falda larga con un muy sensual tajo que al caminar exponía desde su muslo hasta abajo. El escote en “v” realzaba exquisitamente sus senos. Se había puesto un sujetador push-up para que se vean aún más arriba y grandes. Y, había terminado con unos tacones de aguja. Se puso sus aros de aguamarina, la única joya que tenía de su madre, y se contempló al espejo. Se apartó el pelo de un hombro así su escote atraparía su atención pero sin parecer realmente intencionado. Se sonrió gustándole lo que veía. Ya quería ver babear a Lorenzo. Salió del dormitorio caminando a la cocina para comprobar tener todo listo para él, cuando sonó el timbre. Le palpitó el pecho de felicidad que hubiera llegado antes. Se apresuró a la puerta y sin mirar por la mirilla, abrió. Su sonrisa murió al instante de ver a otro sujeto en lugar de Lorenzo. Lo reconoció al instante. Mateo. -Buenas noches, señorita Nolton, me preguntaba si podría tener unas palabras con usted.-dijo de esa manera educada que tenía. Ella estaba en shock y honestamente asustada por lo que no reaccionó, y él se dio así mismo permiso para entrar. Detrás le siguieron sus tres hombres en traje n***o, resaltándolo a él que de nuevo iba todo de blanco. -Agradable lugar que tiene, señorita Nolton.-dijo observando su salón. Ella apretó las manos en puños para que no se notara como le temblaban.-¿Quién es usted?- Mateo se volvió a ella.-Creo que ya nos hemos presentado, ¿recuerda? ¿La otra noche, en el restaurante de su novio?- Tragó saliva con fuerza. Él se rió bajo. -¿Qu-Qué hace aquí? Lorenzo no está.-la voz le delató lo asustada que estaba. -Pero lo estará en cualquier momento.-le contestó. Frunció el ceño sin comprender cómo sabía. Mateo rió de nuevo.-Tanto usted como su novio, me subestiman, señorita Nolton.- -¿Cómo sabe quién soy?- -Hay un gran mar de información ahí afuera para quién sabe buscar. Y, usted es bastante interesante, debo decir.-caminó alrededor del sofá. -Criada por un padre soltero, hiciste tu camino en ascenso de fregadora de pisos a asistente financiero. Es completamente admirable, señorita Nolton. Muy diferente de su novio.- -Él no es mi novio.- -¿Ah, sí?-torció la cabeza. Uno de sus secuaces extendió el brazo a ella. Se sobresaltó, pero luego vio que le estaba tendiendo unas fotos. Las tomó y cuando vio el contenido, se le puso la cara roja. Eran Lorenzo y ella en su coche mientras hacían la vigilancia y él estaba inclinado encima suyo, con la mano desaparecida entre sus piernas. Ella tenía la cabeza recostada contra el cabezal con el rostro colorado, agónico de puro placer. -Yo creo que las imágenes hablan más que las palabras, ¿no cree?- Su miedo mutó a ira. -¿Qué quieres?-demandó. -Hablar. Sólo hablar.- -¿De?- -Lorenzo, por supuesto.- -¿Qué quieres de él?- -Supongo que está al tanto de nuestro pequeño asuntillo.-dijo, pero no le contestó. Él continuó.-Verá, Lorenzo es en verdad un buen tipo, pero cuando se trata de dinero es fiero y traidor.- -No es cierto. Tú perdiste la apuesta.- Los ojos azules de él se estrecharon.-Hizo trampa.- -Lorenzo es todo menos tramposo.-enfatizó.-Tú sólo eres un cobarde mal perdedor.- La mandíbula del hombre se apretó.-Tienes agallas para hablarme de esa manera, señorita Nolton.- -Y, tú para aparecerte aquí. Lorenzo te destripará cuando se entere.- Mateo rió.-Ya veremos.-le hizo gesto con la mirada a sus hombres y la agarraron. Forcejeó por librarse de sus manos pero la tenía completamente restringida. Mateo caminó tranquilamente a ella y sacó un cuchillo del bolsillo.-Lamento dañar tan hermoso rostro, pero necesito enviar un mensaje.-acercó la cuchilla a su mejilla y presionó. Sintió la piel abriéndose. Su cuerpo reaccionó, alzó la pierna dándole una patada en las pelotas. Mateo se dobló gimiendo del dolor.-¡Ugh!- El sujeto a su derecha que la tenía agarrada, estrelló su puño en la cara. Gritó.-¡AH!-saboreó sangre en la lengua. De pronto, la puerta se abrió en un fuerte estallido. No le vio moverse porque fue demasiado rápido, pero Lorenzo arrasó con cada sujeto de Mateo, dándole puñetazos y patadas. El único sujeto que quedaba en pie, arremetió contra él con un largo machete que sacó del interior de su chaqueta, pero Lorenzo le atrapó la muñeca y torció. Golpeó la cuchilla y está salió disparada de la mano del sujeto. Alzó la rodilla a la vez que le agarraba de la cabeza, y se la estrellaba contra su cara. Sangre saltó. Le hizo girar sobre sí, y torció su brazo por la espalda le dio una patada. Salió volando por su puerta fuera del departamento. Se giró enfocándose en Mateo, pero él se le adelantó y se le abalanzó a ella. Le rodeó el cuello con el brazo, tomándola de rehén. Le presionó la punta de la filosa cuchilla en la garganta.-Quieto.-le dijo a Lorenzo que seguía avanzando con una expresión mortal. -Piensa muy bien lo que vas a hacer, Mateo.-su voz oscura, llena de violencia. -Es tu culpa. - Mateo fue caminando en círculos llevándola consigo hacia la puerta.- Sólo debías devolverme mi dinero.- -Fue ganado y perdido limpiamente. Sé hombre, Mateo.-dijo Lorenzo.-Lastímala y te juro que será lo último que hagas en este planeta.- Pese a tener una cuchilla en su cuello, Mateo estaba temblando, su cuerpo inquieto, los ojos disparándose de Lorenzo a la puerta, de Lorenzo a sus secuaces derrumbados en el suelo, como sopesando las opciones. De pronto, la empujó hacia adelante a Lorenzo y salió corriendo. Ella trastabilló pero los brazos de Lorenzo la agarraron. -¡No ha terminado, Lorenzo!-gritó Mateo corriendo tan rápido como podía del departamento. Sus hombres se levantaron y le siguieron. Lorenzo le agarró la cara con ambas.-¿Estás bien, sole mio?-sus ojos preocupados moviéndose por su rostro. Cuando vio el pequeño tajo, gruñó enfadado.-Maldito hijo de puta.-le tomó del mentón con los dedos para ver mejor y al ver la magulladura en la esquina de su boca, volvió a gruñir más enfado.-Hijo de puta. Está muerto. Definitivamente muerto.- Le rodeó el cuerpo con los brazos, apretándose con fuerza a él. Había estado tan asustada. -Tranquila, sole mio, -él la envolvió en sus fuertes y protectores brazos. -estás a salvo y te prometo que nunca jamás volverá a tocarte.- La llevó al sofá para que se sentaran. Su expresión fue ensombreciéndose cada vez más mientras él le curaba las heridas, y ella contaba lo ocurrido. Sólo en la parte de que le dio una patada en las pelotas, asomó una sonrisa. Cuando terminó, él dijo:-Es más persistente de lo que pensaba.- -No se dará por vencido, ¿verdad?- Él tensó la mandíbula. -Nadie volverá a ponerte un dedo encima, amore mio*.- La feroz determinación en sus palabras, no le hizo dudarlo. La estrechó más cerca, y ella hundió el rostro en la curva de su cuello. Cerró los ojos sintiéndose segura en el refugio de sus brazos. *Mi amor Despertó. Gimió apartándose el pelo de la cara. Abrió los ojos para mirar alrededor y saber dónde estaba pero lo único que pudo ver fue el rostro de Lorenzo. Estaba recostada bocabajo sobre el pecho de él, usándolo prácticamente de colchón. Y, muy agradable era. Estaban en su dormitorio. No tenía idea de cómo llegaron allí, sólo recordaba quedarse dormida en sus brazos. Él debió haberles movido hasta su cama. Apoyó el mentón en su mano y se quedó contemplándole. Era simplemente hermoso. No recordaba un sólo día que no hubiera estado enamorada de él. Incluso cuando de niños siempre era él quien le hacía las bromas pesadas, jalada de coletas y burlaba de su estilo de vestir. Siempre había sido sólo él en su corazón. Y siempre lo sería. -Demasiado sexy para tus ojos, ¿sole mio?-le dijo la voz rasposa, somnolienta de él, haciéndola sobresaltar. Abrió sus párpados, atrapando instantáneamente su mirada. Se ruborizó por la intensidad con la que la miraba, pero no apartó los ojos, no quería nada entre ellos. Quería que lo viera todo y que sea lo que tenga que ser. La mano de él le acomodó ternura un mechón detrás de la oreja.-Hola, hermosa.- -Hola.-dijo sintiéndose de pronto tímida. -¿Cómo dormiste?- -Encima tuyo.- Él rió y su pecho se sacudió con ella encima.-Tristemente no de la manera que preferiría, pero lo tomo de todos modos.-sus brazos alrededor de su cuerpo la estrechan más cerca. -Me gusta aquí.- -A mí también.-contestó él acercando la cara para acariciarle la mejilla con la nariz. Su aliento le hizo cosquillas y ella rió. -¿Quieres desayunar? Hago unos espectaculares revueltos a la Toscana.- -Claro.- Se levantaron de la cama. Buscó en el armario ropa para ir a trabajar, y se encaminó al cuarto de baño. –Iré a darme una ducha.-le avisó. Dio unos pasos en el umbral cuando le sintió caminando detrás. Volvió el rostro mirándole por encima del hombro y rió antes de volverse por completo. -¿Qué haces?- -Ir contigo.- Aplanó una mano en su pecho empujándole. -No era una invitación.-dijo riendo. -Yo creo que sí.- Su expresión completamente seria, decía que así pensaba él. Sacudió la cabeza riendo de nuevo. -Lávate los oídos. Escuchas lo que quieres.- -Quizás. –la agarró de las caderas.- Pero sé que ambos lo queremos ¡y! –exclamó.- puedes matar dos pájaros de un tiro.- -Por más tentadora la oferta, otro día.-retrocedió buscando deslizarse de sus manos.- Tengo que ir a trabajar.- -¿Segura?-la trajo de vuelta a su cuerpo.-¿No puedo hacer nada para hacerte cambiar de parecer?- -Estoy segura de que puedes hacer muchas cosas para hacerme cambiar de parecer, pero en verdad me tengo que alistar para el trabajo.-dijo y supo que era la excusa más tonta. Él puso puchero, su gordo y carnoso labio asomó, haciéndole temblar el corazón y la entrepierna. Duramente se resistió de caer en tentación. Le acarició el pecho.-¿La próxima?- Él hizo una mueca, pero asintió.- Te tomo la palabra.- -Hazlo.-se puso de puntillas y besó sus labios. Terminó de ducharse y vestirse, y entró a la cocina. Sus ojos se abrieron enormes, maravillada con lo que veía. Lorenzo había arreglado la mesa con un hermoso mantel que ella no recordaba tener, había acomodado copas con jugo de naranja, un florero con rosas pálidas, que tampoco tenía idea de dónde sacó, y dos platos con tostadas y tortillas que de sólo verlas se le hacía agua la boca.–Por Dios, Lorenzo…-dejó su cartera en una de las sillas taburete de la isla sin poder dejar de contemplar el magnífico desayuno que le había preparado.- Eres increíble.- -Dime algo que no sepa.- Rió de lo tan arrogante que era. Tomó una silla para sentarse, pero él se adelantó y la corrió para ella como un caballero.-Gracias.- Él tomó asiento a su lado. No esperó a probarlo. Cortó un trozo con el tenedor y se lo llevó a la boca.-Joder…-gimió masticando.-Está espectacular, Lorenzo.-cortó otro trozo. Recostado en su silla con un brazo alrededor del respaldar de ella, él la contemplaba comer sin tocar de su propia comida como si estuviera satisfecho con sólo mirarla. Pincho un trozo y acercó a los labios de él. Sin cortar contacto visual con ella, abrió la boca y tomó el revuelto. Terminaron de desayunar, llevaron los trastes al lavabo y agarrando su maletín, salieron. Llegaron al final de la escalera, y ella se giró para darle un beso de despedida, pero él le puso un dedo en los labios. -Aún no, sole mio. Te llevo.-le dijo, y rodeó su cuerpo con el brazo llevándola al Lexus n***o de él aparcado a unos metros. -Pero, Lorenzo, no es necesario.- - Ya te dije. Te protegeré y eso significa que no irás a ningún lado sin mí, preciosa.- -¡Lorenzo!-se quejó más fuerte. Su dedo volvió a sus labios, callándola.-Ha sido mi culpa. Pero no cometeré el mismo error dos veces. No volverás a estar en peligro.- Se apenó de que él se sintiera de ese modo. -Lorenzo…- Él acunó su cara entre sus manos, el pulgar acariciándole la mejilla.-Mi vida antes que la tuya.- Lo dijo tan serio e intenso que algo fuerte y hermoso aleteó en su corazón esparciéndose al resto de su cuerpo. Se mordió el labio. Aparcó el coche frente a la entrada del edificio de oficinas. Se giró a él.-Gracias por todo.-dijo, y él le observó con tranquilidad como si no supiera a lo que se refería. -El desayuno. Traerme.- -Mi placer.-contestó con una de esas suaves sonrisas que la derretían como un cubito de hielo en pleno verano. Se inclinó dejando un beso en su mejilla y se bajó. Varios de sus compañeros ya habían empezado a llegar pero se quedaban en la puerta charlando o terminándose el cigarrillo antes de entrar. Entre ellos vio a Mary Jo, Lina y Sandra conversando. Cerró la puerta cuando por el rabillo del ojo le vio que él también se había bajado. Separó los labios para preguntar qué pasaba cuando él llegó a su lado.- Dijiste que sales a las 6, ¿verdad?- Le miró con sospecha. - Sí…-dijo lentamente. -Genial, a las 6 te veo aquí, sole mio.- -Lorenzo, no es necesario…-no pudo terminar la oración, la mano de él la agarró de la nuca jalándola para que sus bocas chocaran. Sus labios se aplastaban contra los suyos, tomándola con un hambre feroz. La clase de beso apasionado que debería empezar dentro de un dormitorio para terminar entre sabanas. Él separo sus bocas con un sonido de succión. Sus labios rojos e hinchados por el beso, se torcieron en una de sus sonrisas llenas de arrogancia.-Hasta el rato. Pórtate bien.-le guiñó el ojo y se giró dejándola allí. Se metió en el coche y puso en marcha el motor. Por un largo momento permaneció allí, parada en la acera observando embobada su coche alejarse antes de poder siquiera orientar sus pensamientos de dónde estaba y qué hacia allí. Atravesó las puertas conversando con Lina, cuando vio a Lorenzo esperándole apoyado en el coche con los brazos cruzados. Una enorme sonrisa le ensanchó la cara. Rápidamente se despidió de ella y se apresuró a su encuentro. Él se separó del coche caminando a ella, sus amplios hombros, todo su cuerpo se movía de una manera tan felina, como una gacela acechando a su presa. –Hola…-le dijo, pero sus palabras fueron cortadas cuando las manos de él salieron disparadas agarrándole la cara, y jalándola a sus labios. Se quedó sin reacción un segundo mientras los labios de él se movían sobre los suyos con una fuerza casi salvaje, en un tipo de pasión agresiva que la hizo fundirse en el suelo de no ser porque sus dedos se agarraban con fuerzas a la camisa de su pecho. Un delicioso estremecimiento corrió por su coño ahora de pronto húmedo y necesitado de atención. Comenzó a retroceder llevándola consigo y girar, atrapándola con su cuerpo contra el coche. Su trasero aplastado contra el cristal del asiento pasajero mientras su lengua saqueaba su boca, saboreándola. -¡Oh, sí, nena! ¡Eso es un beso!-oyó a Mary Jo exclamar junto algunos aplausos y chiflidos que le pareció oír, pero no podía estar segura, estaba totalmente absorbida por él. El beso fue volviéndose lento, en una haragana exploración. Él separó sus labios sólo lo necesario para que ambos recuperaran el aliento. Apoyó la frente contra la suya. Sus ojos brillaban de esa pasión e intensidad.-Te extrañé.-le dijo con voz ronca, rasposa. Una electricidad agradable la recorrió de pies a cabeza. Jadeante, le sonrió.-Yo también.- -Vamos a casa.- dijo con una gran cantidad de calientes promesas en sus palabras. Tomó su mano entrelazando sus dedos juntos. -Uhm, sí, primero tengo que hacer algo.-dijo, y él asintió sin problemas. -Vale.-le abrió la puerta para que se subiera. No lo hizo. -Es algo que quiero hacer sola.-dijo. El frente de él se frunció.-¿Qué cosa?- Apretó los labios reprimiendo una sonrisa. Los planes que habían hecho eran pasar la noche juntos, y quería estar bien sexy para él. Había visto una lencería muy provocativa en el catálogo que Lina le pasó y quería ir a comprarlo. Y, sobre todo, quería que fuera sorpresa. -Vale, te llevo, tú entras mientras te espero en el coche. No hay problema.-dijo de nuevo. -Necesito hacer esto sola.-dijo y cerró la puerta por él. La mirada de él se endureció.-Rica, no vas a ir a ningún lado sin mi protección.- -Será una hora. Menos.-le suplicó.-Por favor, no pasará nada. Tengo que hacer esto antes de ir a tu casa.- tiró de sus manos unidas para que su grueso brazo se presionara entre sus senos.-Por favor…- Podía ver el difícil debate en su mente reflejada en su tensa expresión. Finalmente, exhaló y sacó su teléfono del bolsillo trasero. -Davinia, tengo una importante encomienda para ti.-le pasó la dirección para que la fuera a buscar. Colgó y la miró con enfado.-Obedeces a Davinia y si te dice te agachas, te agachas, ¿está claro?- Asintió rápido. Se puso de puntillas para dejar un dulce beso en sus labios, pero de inmediato la boca de él tomó control, su lengua rodando la suya, entrelazándose, saboreándola con ganas. Un pequeño gemido escapó de sus labios y el pecho de él retumbó en un gruñido. Al cabo de un rato, tocaron bocina y muy a regañadientes se separaron. Tenían los labios rojos e hinchados de tanto besarse. Él le acomodó un mechón detrás de la oreja y con ternura le dijo:-Cuídate, ¿vale? Contigo llevas lo más importante que he tenido en mi vida.- Se mordió el labio totalmente conmocionada. -Lo haré.-se impulsó en sus talones dejando un beso en sus labios.-Nos vemos al rato.- Se encaminó al coche de Davinia esperando. Los dedos de él fueron lo último en deslizarse de los suyos antes de alejarse por completo. Tal como Lorenzo lo ordenó, Davinia no se separó de ella ni hasta para ir al cambiador. Le tuvo que poner un alto y luego de un regateo, aceptar que se le quedara pegada a la cortina. Compró varios conjuntos pero el que más le gustaba era el violeta oscuro con encaje y lentejuelas. Era muy sexy. Lorenzo iba a infartarse. Dieron otras vueltas más buscando tacones a juego. Echó un vistazo a Davinia. Era una mujer preciosa. Largo cabello n***o azabache cayendo en suaves ondas hasta la cintura, piel lechosa, sin pecas y perfecta, labios carnosos y rojos. Iba vestida como la otra vez, jeans ajustados con tacones altos, y chaqueta. Se mordió el labios, no pudiendo contener más la curiosidad.-¿Desde cuándo le conoces?-la pregunta salió de su boca casi como una erupción. Davinia la miró pero se quedó en silencio como tomada por sorpresa. Cuando pensó que ya no iba a contestar, dijo:-Desde que tengo 16.- -Oh, vaya, es mucho tiempo.- -No tanto como ustedes.- replicó tranquilamente. -Oh, ¿sabes de nosotros?-bajó la mirada. ¿Tan cercano era Lorenzo con ella que le contaba todo? -Claro, prácticamente he vivido con él.- Alzó las cejas sorprendida. -No en ese sentido.-aclaró.- Él ha sido como un hermano mayor para mí. Nos conocimos en los más bajos y peores momentos, y me ayudó a escapar de mi hogar. Bueno,-chasqueó la lengua.- si puedes llamar hogar al lugar donde tu padre te pasaba a sus amigos para que violaran y hagan lo que quieran, desde los cuatro años.- -¡Joder!-exclamó impactada, y se reprendió.-Lo siento.- -Está bien. Ya ha pasado. Las cicatrices están, pero casi olvidadas.- -Eres muy fuerte.-lo dijo con sinceridad. -Gracias. No es fácil, he tenido mis…altibajos. Recaídas fuertes, pero se sale adelante. Lorenzo ha sido una parte muy importante de mi progreso. Mi pilar. No quiero perderlo.-le dijo intensificando la mirada. -Lo sé.-contestó captando el mensaje. –Lorenzo es importante para mí también. Jamás haría algo que le dañara o pusiera en peligro de algún modo.- -Me alegra oírlo.-dijo, e hizo una corta pausa antes de continuar.-Y, por eso me voy a atrever a entrometerme para pedirte que no lo arrastres más contigo.- Se detuvo y Davinia también lo hizo girándose para que estuvieran cara a cara. -¿De qué hablas?- -Lo de tu amiga.- Se quedó sin palabras. -Mira, sé que es importante para ti, pero Lorenzo tiene muchas cosas en las que ocuparse como para estar corriendo contigo por la ciudad.- -No corre conmigo por la ciudad.-replicó ofendida. -Sabes a lo que me refiero.- -Lorenzo es adulto, sabe cuidarse y sabe qué decisiones tomar. Si tienes algo que decir, díselo a él.-empezó a caminar dejándola atrás. Davinia la siguió al cabo de un momento. Compró los zapatos, miró algunos más y cuando salían de la tienda, se detuvo y giró sobre sus talones, mirándola directo a sus ojos grises.-¿Te acostaste con él?- La primera reacción de Davinia fue sorpresa por la pregunta, pero luego pasó a vacilación antes de que desviara la mirada, y obtuvo su respuesta. No podía creerlo. Bueno, de hecho no le era tan difícil. Él era un hombre y Davinia era muy atractiva. -¿Cuándo?- Davinia encontró su mirada en silencio, como si no supiera si contestar. -Hace muchos años. Fue un error.- -¿Ha vuelto a pasar?- Negó con la cabeza. Exhaló el aire que contenía. -Aprecio tu sinceridad. Vamos.-se giró de nuevo caminando.
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