CAPITULO 6

3165 Palabras
Su pierna rebotaba en un tic nervioso, sentada en el asiento pasajero del coche de Lorenzo, cruzada de brazos y de un malhumor diferente al totalmente feliz de él. -Párala o lo hago yo, sole mio.- le advirtió él con una suave voz. Detuvo el rebote.-No entiendo por qué tienes que estar tú.-se quejó por centésima vez.-Soy una mujer adulta…- -Muy consciente de eso soy, sole mio.-le cortó, sus ojos se desviaron de la entrada de la casa de Dave que estaban vigilando, al rostro de ella, y había algo oscuro y pecaminoso que los hacían completamente irresistibles de apartar la mirada. Tragó saliva. -Puedo cuidarme.- -Lo sé, pero yo puedo cuidarte mejor.- Puso los ojos en blanco.-Eres como hablar con la pared, ¿lo sabías?- -Bueno, hablar no es uno de mis mejores encantos. Prefiero usar mis manos, mi lengua…-torció la sonrisa. -Oh, por favor.-resopló. Él se volvió en el asiento enfrentándola.-¿Acaso no lo disfrutaste?- -¿De qué?- se hizo la tonta. -No puedes negar que fue el mejor beso que alguna vez alguien te haya dado, y sé que por los idiotas con los que salías, que fui el mejor.- Rechinó los dientes.-Estás tan lleno de arrogancia.- -Y, tú de deseo por mí, sole mio. Lo sé con tan sólo mirar a tus ojos devorándome.- -¡Eso no es para nada cierto!-chilló. Él rió.- Como quieras, engáñate a ti misma pero yo conozco tu verdadero ser, lo que pone caliente esa sangre y cuerpo. Y…-se inclinó hacia ella, su mirada caliente trabada en ella.-voy a poner a prueba el límite.- su voz ronca, llena de excitación. La tenía completamente paralizada, el pulso latiéndole desquiciado, los pulmones apenas pudiendo ponerse al día con su corazón. -No creo que a mi novio le guste.- Él estrechó la mirada.-No tienes novio.-afirmó. Miró al frente. -Claro que sí. De hecho, me está por llamar para comprobar cómo estoy.- gran y gorda mentira, como la que se decía a sí misma de no sentir el fuerte deseo por él estando allí atrapados en tan reducido espacio. -Pues, mi más sentido pésame.-dijo él. Le frunció el ceño.-¿Por qué?- Él se enderezó agarrando con sus dos manos el volante con extrema fuerza.-Porque te convertirás en viuda antes de siquiera estar casada.- -¡Lorenzo!-chilló, y justo su teléfono sonó. Las miradas de ambos se dispararon al bolso en su regazo como una bomba a punto de estallar. Las manos de ambos se dispararon a la cartera. Se golpearon, forcejeando, luchando por ser el primero en agarrarla. Él le apresó las muñecas con una mano y logró arrebatársela. Le soltó para rebuscar con ferocidad dentro. Jaló de la correa del bolso pero él alzó su grueso antebrazo haciéndole perder el agarre. Se hizo con su celular y atendió el llamado. -¿Quién eres, imbécil?-le gruñó a Bryan, quien probablemente le llamaba por el trabajo como habían quedado. Ella le arrancó de un tirón furioso la bolsa del regazo. Hubo un momento de silencio mientras Bryan le contestaba, y él le dijo: -No, idiota, tú no me dices qué hacer. No vuelvas a llamar a este teléfono o te juro que te cazaré y cortaré cada pequeña parte de tu asqueroso cuerpo y meteré por la boca. ¡Es una jodida promesa!- Ella le agarró el teléfono y arrebató con fuerza.-¡Joder, Lorenzo!- Los ojos de él la apuñalaron con absoluto enfado. Le ignoró y se llevó el teléfono a la oreja.-Ignórale, Bryan, es sólo mi hermano.-dijo dándole una mirada de reprimenda a Lorenzo. -Dime…-empezó cuando la mano de él le arrancó el teléfono de la cara y le colgó la llamada.-¡¿Qué mierda?!- Le apuntó el dedo a la cara.-¡No hablarás con él o con ningún otro hombre, ¿me tienes entendido, Rica?!- -¡No me das órdenes, Lorenzo!- -Oh, sí, y si ese teléfono llega a sonar otra vez cumpliré mi promesa.- -¡Estás completamente loco! ¡No puedes actuar de este modo! ¡No puedes entrometerte en mi vida y luego no responder ni a una de mis putas preguntas!- -Soy un libro abierto para ti.- -Con las más pocas palabras en su interior.- le arrebató de nuevo el teléfono de su gran mano. -Los gestos hablan más que las palabras.- -Pues, yo las necesito.- Se mantuvieron las feroces miradas. -¡Vale!-exclamó él en rendición.- Responderé cada una de tus preguntas pero –su dedo apuntó a su mano.- si ese teléfono llega a sonar con ése imbécil, te juro, Rica, lloverá sangre.- Apretó tan fuerte los dientes que le dolieron las mandíbulas.-Estás de remate, Lorenzo.-bramó, pero apagó el teléfono y guardó en el bolso. -Bien.-dijo satisfecho él.-Ahora, date el festín. Pregunta.- No lo hizo. No quería volver a hablarle. Estaba tan furiosa. Se mantuvo callada, mirando hacia el frente con la vista fija en la casa de Dave. Él por su parte, tampoco dijo nada o intentó algo para hacerla hablar. Se mantuvieron en silencio los dos. Al cabo de un rato, la curiosidad fue mayor que su enfado y cedió.-¿Qué negocias?- Él se tomó un momento antes de contestarle.-No vendo drogas, Rica, jamás lo haré. Un vendedor de drogas es igual que un traficante de blancas.–volvió el rostro encontrando su mirada y veía honestidad. Él exhaló antes de continuar:–Lo que has visto. Apuestas. Póker. Blackjack. Caballo. Lo que sea que quieran apostarle, yo lo administro. –hizo una breve pausa antes de continuar:- También desarmamos y vendemos al extranjero piezas de coches de lujos que… “obtenemos” de gente mala que se merece que les roben. – -¿Ejemplo?- -Eric Young.- -¿Qué hizo él?- -Mantuvo cautiva mujeres para violarlas y que dieran a luz niños que su esposa no podía.- Se quedó pasmada con esa información. -¡Joder! ¿Y la policía…?-él la interrumpió:-Es millonario con amigos muy poderosos. Esa clase de gente jamás paga por sus actos.- -Y, tú se los haces pagar robándoles.-afirmó más que preguntó. Una diminuta, astuta sonrisa apenas curvó los labios de él en un sólido “sí”. -¿Y, como sabes a quien elegir? Tienes un sistema o…- -Tengo gente que se ocupa de hacer la parte de investigación.- -¿Y, si te equivocas?- -Jamás pasa.- -Pero, ¿y si…- -Jamás pasa, Rica.-volvió a reafirmar con una mirada oscura.-No somos delincuentes cualquieras. Somos profesionales en lo nuestro.- El pecho le latía con fuerza a todas estas nuevas revelaciones. –Vale.-dijo lento.-¿Qué más vendes?- -Armas.-contestó sin problemas.-A veces, no siempre.- Tragó saliva. Él la miró con detenimiento. -¿Algo de todo esto te molesta?- No supo qué responder. Era algo socialmente penado, seguro. Pero, ¿ella? En verdad no le importaba y además, era a personas que se lo merecían. Hizo un leve encogimiento de hombros. Él torció una sonrisa. -¿Cuándo empezaste?-le preguntó al cabo de otro momento.- ¿Cuando el Señor Mario murió?- -Antes.- -¿Él lo sabía?- Él le dio una mirada larga que significaba que no. -¿Y, Davinia? ¿Qué papel juega ella?- -Es mi asistente, si quieres llamarlo así. Cuando estoy ocupado con el restaurante, ella está a cargo del negocio.- -¿Te confías de ella?- -No tienes que estar celosa, sole mio.- Le frunció el ceño.-No es eso, Lorenzo, sólo quiero entenderte, y si eso implica entenderla a ella, lo haré.- Él se le quedó mirando, dándole una larga y significativa mirada que no supo exactamente descifrar, y luego parpadeó, y contestó:-Lo hago.-hizo una pausa.- Pero, a mi vida, sólo hay una persona a la que se la confiaría.- -¿A quién?- De nuevo, él le miró con esos mensajes silenciosos siendo transmitidos en su intensa mirada pero esta vez, lo entendió. Ella. Se puso colorada. Hizo un enorme esfuerzo por desenganchar la mirada de la suya. -¿Es-Esos tipo de la otra vez…?- -Eso sí son narcos.-contestó, y la mirada de ella saltó de regreso a su cara. - Apostaron en un juego de Póker y perdieron. Bastante. Pero, fue una jugada limpia. Sin embargo, no saben perder bien. Ahora quieren su dinero de vuelta.- -¿Qué harás?- -Nada.- -Pero, te amenazaron. A todos.- -No necesitas preocuparte por eso, sole mio, son mis problemas.- Apretó la boca, no gustándole.-Y, para eso tienes a Davinia.- -Exacto.-concluyó con una sonrisa.-Ahora, mi turno.-dijo volviéndose en el asiento a ella.-¿Ese imbécil que te llamó es en verdad tu novio?- -Las preguntas eran hacia ti.- replicó. -Rica.- le regañó con el borde de una amenaza. Rodó la mirada.- Si te digo que un casual, ¿qué harás?- Los labios de él se curvaron en una lenta y siniestra sonrisa.-Cortarle esa polla y hacérsela masticar pedazo por pedazo.- Por el tono oscuro de su voz y su mirada tenebroso, no dudó que lo haría. Exhaló.-Mi compañero de trabajo, ¿vale? Trabajamos juntos en la oficina y debía llamarme para consultarme sobre unos papeles. Nada más. ¿Contento?- La felicidad estalló en la cara de él como un niño de tres años en su cumpleaños. -Ves, sole mio, la honestidad es el mejor camino.- Apretó los dientes. Quería darle un puñetazo con tales ganas. Otro silencio se hizo, pero estaba vez no lleno de esa incomodidad de antes. Le echo un vistazo rápido y le vio observando a la casa. Se aclaró la garganta y la atención de él se regresó a ella. -Ehm, quería decirte…-se mordió el labio.- uhm, lo siento.- -¿Por?- -Por la otra noche.-dijo, y él frunció el entrecejo sin entender.-Cuando llegué…ehm, borracha al restaurante y te dije todas esas cosas…-se mordió el labio de nuevo.- No es cierto, no es lo que pienso de ti. Digo, sí, eres mandón y autoritario, pero…- -¿Pero?- Se encogió de hombros.-No sé, me gusta que seas así.-dijo y vio la boba sonrisa en su cara.-No me refiero a eso, idiota, sino a que ya sabes, cuando papá murió me quedé muy sola. A mamá nunca la conocí, murió cuando nací. Sólo les tenía a ti y Stella. Y, ahora…-suspiró bajando la mirada a las manos en su regazo.-Sólo a ti. – La gran mano de él cubrió las suyas.-Siempre me tendrás, sole mio.- Se miraron a los ojos, y supo que era honesto. Realmente le reconfortó. Le dio una sonrisa de agradecimiento. -Pero, sabes, -él continuó:- me gustan más las acciones a las palabras.- Frunció el ceño.-¿Qué?- -Bueno, quiero ver tu agradecimiento en acción.- -Ay, Lorenzo.- exhaló no sabiendo por qué no se lo vio venir. Él comenzó a inclinarse hacia ella, su enorme cuerpo cubriéndola. Ella se echó para atrás, pero el asiento sólo le permitió unos centímetros. Bajó la mirada sus labios, carnosos y tentadores, y se vio a sí misma atrapándolos, mordisqueándolos y chupándolos hasta dejarlos rojos e hinchados. De pronto, él estiró el brazo izquierdo a la guantera de dónde sacó una carpeta y regresó a su asiento. -¿Puedes revisarlo?-se la tendió. Ella se le quedó mirando embobada, el corazón latiéndole a mil. -¿Qué?- -Son de la aseguradora del restaurante. Me están haciendo un reclamo de un pago que sé que hice pero como no pagué el extra por una estúpida cláusula de protección contra fuegos que jamás solicité, les quiero demandar para cerrarles la boca. Pero, necesito saber si tengo la artillería para poder ganar.-explicó, pero ella aún estaba en “¿Qué?” No comprendiendo por qué no se estaban besando ahora mismo. - ¿Qué pasa?- torció media sonrisa.- ¿Esperabas otra cosa?- Salió del trance, y le fulminó con la mirada.-Por supuesto que no.-le arrebató con furia la carpeta de las manos y se puso a leer. Al cabo de un momento cuando iba por el segundo párrafo, él dijo: -Si quieres puedo hacerlo.- No le miró. -¿El qué?-murmuró distraídamente. -Lo que tanto deseas.- Despacio despegó la vista de los papeles, y el aliento le quedó trabado en la garganta al encontrarse con su oscura y caliente mirada devorándola. Trató de que no le afectara, pero era como intentar parar un huracán con las manos. -Mnn, no gracias.-le costó pero lo hizo, volvió la mirada a los papeles, pero no les prestaba atención para nada. Todo su cuerpo, sus sentidos estaban volcados en él, en su cercanía, en su perfecto y delicioso perfume masculino que parecía intensificarse con el calor de su cuerpo cada vez más excitado. -Tan mentirosa, sole mio.-su voz ronca le sonó de muy de cerca. Volvió el rostro y le encontró casi pegado a la cara. -Lorenzo…- apenas protestó, antes de que el rostro de él se inclinara a su cuello, sus labios presionándose en su piel.-Lorenzo…-gimió, los párpados se le cerraron disfrutando de sus firmes y suaves labios besándola. Sintió su mano curvarse en su pierna, y despacio ascendió, más y más cerca de su entrepierna. -Lorenzo, para…- pero en verdad no quería que lo hiciera y él tampoco lo hizo. Continuó besando su piel, sus labios chupando, su lengua lamiendo, saboreándola. Metió la mano bajo su falda encontrando su centro caliente y húmedo. Con un dedo le corrió el elástico de las bragas y antes de que pudiera siquiera intentar pensar cualquier oposición, le introdujo dos dedos.-Oh…-jadeó ante la exquisita sorpresa. Él empezó a mover la mano, sus largos dedos introduciéndose cada vez más profundo, curvándose en su interior y alcanzando su punto sensible. -Oh, Lorenzo.-le salió casi en un chillido cuando tomó entre sus dedos el botón y pellizcó. Ella le agarró la muñeca con ambas manos, intentando alejársela de su coño, pero la fuerza de él era incomparable. Le empezó a golpear el duro, embistiendo con fuerza, una y otra vez como si fuera bolsa de boxeo.-Oh, Dios, Lorenzo, oh, joder…-gemía sin parar. Tenían que detenerse, estaban completamente expuestos. Los vidrios del coche no eran tintados, cualquiera que pasara les vería. -Lo quieres duro y violento, ¿verdad, nena?-su aliento acelerado le acarició la mejilla. -Oh, Lorenzo…-era lo único que podía decir dominada por el fuerte placer. Su brazo se impulsaba una y otra vez, empujando con vehemencia dentro de ella. Su cuerpo se sacudía en el asiento de la fuerza. Le calvó las uñas con fuerza en la muñeca pero nada le detuvo. -Eso es, déjate ir, córrete en mi mano.-le animaba él. No quería, no quería en verdad, pero su cuerpo se convulsionó, un poderoso orgasmo atravesándola. Un gemido ronco mezcla grito escapó de sus labios.–Buena chica.- Se corrió con tal fuerza que su cuerpo seguía sacudiéndose. El pecho le subía y bajaba frenéticamente intentando recuperar el aliento que escapaba de sus labios, sus mejillas ardían. Él sacó los dedos de su interior empapado de su corrida. Se los llevó a los labios y chupó. Gimió cerrando los ojos como si fuera la cosa más sabrosa del mundo. Para su asombro, eso le hizo ponerse de nuevo caliente y húmeda. Él abrió los ojos, trabándolos en los suyos. -Sublime.-gimió de nuevo. Estaba sin voz, sin fuerza en su cuerpo más que para reponer el aire en sus pulmones. Él se movió en el asiento de nuevo, volviéndose a inclinar, agarrándole el rostro con la mano.-La próxima vez te correrás conmigo tan profundamente enterrado en tu interior que lo único que harás es gritar.- confirmó, y aplastó su boca contra la suya. Le metió la lengua en la boca, arrasando, saboreándola y dándole de probar del sabor de su propio sexo. Enredó los dedos en su oscuro cabello, jalándole más a su boca, devolviéndole el beso con la misma ferocidad y cruda pasión. El deseo ardiendo en sus entrañas alzándose más hambriento e imparable. Mordió y chupó sus labios dándose el gusto. Lo soltó y volvió a atrapar entre sus dientes y chupar antes de meterle la lengua de nuevo en la boca. Un ronco gruñido retumbó en el pecho de él. No se reconocía a sí misma. Jamás le habría tentado hacer algo así, pero cuando él la tocaba era como si despertara algo dormido en su interior. La mano de él bajó a su garganta y se cerró suavemente empujándola contra el asiento. Sus bocas se separaron, y se miraron a los ojos con el deseo vibrando en ellos. Sentía los labios entumecidos, calientes e hinchados pero aun así quería más. La mano de él acunó su cara, el pulgar acariciándole los labios.-Vayamos a mi casa.-ordenó. -No podemos.- Él frunció el ceño.-¿Por qué? Me deseas tanto como yo a ti.- Exhaló y se relamió el sabor de su beso en los labios.-No se trata de eso. –cerró la mano en torno a su muñeca. -Yo también lo quiero, pero tengo que hacer esto. Debo quedarme y vigilar a ese hijo de puta.- Él se le quedó mirando con ese fuego rugiendo en los ojos. Al final, bajó la cabeza y la soltó. Regresó a su asiento.-Lo sé, lo siento.-dijo. Alcanzó su mano entrelazando sus dedos juntos. –Quizás puedas venir esta noche.-dijo con algo de timidez, lo que era absurdo considerando lo de antes. La mirada de él se encendió.- ¿Sí?- Asintió con la cabeza.-Podríamos ordenar algo de comer y…- -¿Quieres que un italiano ordene comida?- bufó.-Iré a tu casa, te prepararé una cena tan deliciosa que te correrás con tan sólo un bocado. Luego…-sus dedos apretaron los suyo.-seguiremos con el postre.- Se sonrió mordiéndose el labio.-Bien.- Siguieron haciendo vigilancia por un tiempo más. Vieron llegar a Verónica y deambular por la el salón de un lado a otro mientras tenía una conversación telefónica. Dave aún no había llegado. Entre tanto, ella revisaba los papeles que le dio del seguro. Pasó a la siguiente página, pero cuando se puso a leer no comprendió, o mejor, se llevó una grata sorpresa.-Lorenzo…-empezó sin dejar de leer las líneas. -¿Sí, sole mio?- -¿Qué es esto?- Él se inclinó cerca para leer el papel en sus manos.-Oh, cierto, me olvidé de decirte.-exclamó y ella alzó los ojos a su rostro casi pegado al suyo.- Hice a Davinia investigar a Dave y descubrimos que hay una póliza de seguro de vida con el único beneficiario en Verónica.- Abrió los ojos enormes.-¿Qué? ¿En serio?- Él asintió con una sonrisa. Volvió a releer la página.- ¿O sea que si él muere, ella cobrará 200.000 dólares?- -Exactamente.- -Fantástico.- -Sabía que te alegrarías.- -Por supuesto. Es maravilloso.- se hizo para adelante en el asiento abrazándose a sus amplios hombros. Los fuertes brazos de él se lo devolvieron, sus manos moviéndose por su espalda acariciándola. -Es perfecto.-se hizo para atrás mirando a su cara, pero los brazos de él no la soltaron. -Ahora tenemos el motivo.- Los ojos de él brillaban.-Eres tan oscura, mio caro*.- -Sólo si tocan a los que quiero.- dijo con una sonrisa y volvió a abrazarle. *mi cielo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR