CAPITULO 4 PARTE 2

3042 Palabras
Fue al bar. –Vino blanco, por favor.-le pidió al bartender. Se apoyó en la barra y cerró los ojos intentando calmar su corazón y cuerpo. No le dio tiempo. Cada centímetro de su piel se tensó y estremeció al sentir la cercanía de su cuerpo. Se giró, encontrándolo prácticamente encima suyo. Esos ojos negros opal, inteligentes y astutos como un zorro, observándola desde su gran altura. Su enorme tamaño corporal eclipsaba todo el resto del restaurante, sólo podía verle a él y nadie más que a él. -Lorenzo.- La acorraló con sus brazos a cada lado de la barra. -¿Qué rayos fue eso?-le demandó saber. -No lo sé, tú dímelo. Me pediste…no, no, me ordenaste que bajara como una de tus putas novias…-le sonrió con falsedad mostrándole los dientes.-Y aquí me tienes.- Un brillo juguetón resplandeció en sus ojos oscuros como si pensara alguna diablura. –Bueno, quizás si actuaras con la cabeza, no tendría que estar siguiéndote el rastro, sole mio.- Rechinó los dientes. -Su bebida.-avisó el bartender depositando la copa a su lado y se fue. -¿Cómo supiste dónde encontrarme?-cambió de tema, y dio media vuelta para tomar la copa. -Tú me llamaste.- le respondió con esa voz grave como si lo saboreara. Se atragantó con vino. Le miró frunciendo el ceño. -No lo hice.- -Lo hiciste.-reafirmó. -¿Lo hice?-preguntó más para sí. Tomó otro trago de vino mientras pensaba. No recordaba hacerlo, pero estaban en tan mal estado emocional que no duda que podría haberlo hecho. -Lo hiciste, pero se cortó y cuando te volví a llamar no contestaste, y como sueles embriagarte…-dijo y ella le lanzó una mirada mortal. Él reprimió una sonrisa.-…rastreé la ubicación de tu teléfono y me dio en medio del bosque.- -¿Cómo rayos rastreaste mi…- -Tengo mis modos.-contestó misterioso, pero rápido su ceño característico volvió a marcarse. -¿Cómo llegaste hasta allí?-preguntó como si no cupiera comprensión de cómo ella llegó a tal recóndito lugar. -No lo sé…-bajó la mirada a su copa. - Salí, necesitaba aire y bueno, no sé,-hizo una pausa, y cuando volvió a alzar la mirada, los ojos de él seguían trabados en ella. - recibí un mensaje de voz de Stella…- la frente de él se arrugo en sorpresa. Ella suspiró.-Lo sé, yo pensé lo mismo, pero no era de ella, era sólo una grabación por mi cumpleaños. La había hecho con anticipación y programado para ser enviada.- -Oh, rayos.-dijo él frotándose la barbilla. -Y, recordar que ella siempre tenía estos detalles y que ahora sería mi primer cumpleaños sin ella…-lágrimas aguaron su voz antes de que las rojas y furiosas emociones la empañaran. Apretó los dientes.- y que esa Verónica duerme en su cama, usa sus cosas…-exhaló aliento.- Fue demasiado para mí.- -Espera, ¿Verónica? ¿Quién es esa?- -La amante.- -¿Cómo sabes? ¿Cómo acaso diste con ella?- Se mordió el labio sabiendo que se le venía una enorme reprimenda. -Rica.-le gruñó. -¡Vale! ¡Entré a su casa, ¿estás contento?!-exclamó. -¡Joder, Rica! Estás demente, ¿verdad? Sólo dímelo así puedo buscarte ¡un buen manicomio donde encerrarte!-le gritó enfurecido. -¡Vete a la mierda!-le empujó del pecho con ambas manos, pero era como mover granito.-¡No me dices qué hacer, Lorenzo! ¡Y, lo volveré a hacer si con eso descubro la verdad de mi amiga!- Él apretaba la mandíbula tan fuerte que los tendones le saltaban. Ella buscó calmarse.- Además, no me vieron y no toqué nada. Sólo… mira.-se llevó la mano al trasero pero recordó que tenía el vestido.- Rayos, ¿dónde quedó mi teléfono?- Lorenzo gruñó y se llevó la mano a la parte de atrás y lo sacó de su bolsillo trasero. - ¿Por qué lo tenías tú?- se lo arrebató de la mano. -Porque no me diste tiempo a dártelo. El mundo no está intentando joderte, Rica.- -No sólo tú.-dijo y se arrepintió al instante de decirlo por la doble connotación. Podía sentir los ojos de él ardiendo como dos brasas en ella. Pegó su enorme cuerpo al suyo hasta que no había espacio ni para el aire.-¿Crees que quiero joderte?-le habló con una voz ronca, súper sensual que le hizo vibrar hasta la médula. -Calla.-balbuceó sin aliento bajando la vista al teléfono, intentando fingir que el calor de su cuerpo no le afectaba para nada, que su aroma no la envolvía haciéndola sentir embriagaba. Los dedos le temblaban mientras intentaba deslizar el patrón. -Dime, Rica, ¿yo quiero joderte o eres tú la que quiere joderme?-frotó su entrepierna contra su coño caliente y húmedo, gritando e implorando ser atendido. Reprimió un gemido y las fuertes ganas anclar su pierna alrededor de sus caderas y frotarse también.-No.- la voz le salió baja, débil, apenas pudiendo contener el deseo. -¿No?-le rozó la mejilla con la nariz, su aliento acariciándole la piel sensible. -Concéntrate, Lorenzo.-dijo sin aliento. -Lo hago, sole mio.-sus labios se acercaron a los suyos, y ella no pudo evitar mover el rostro para que se rozaran. No podían. Ella no podía. No era su clase de chica, de una sola noche. Y no quería arruinar la amistad que tenían. No supo cómo pero logró encontrar las fotos que había sacado a la computadora de Dave y aplastó su celular contra su pecho. -Aquí…-le salió en otro jadeo al sentir lo tan caliente que su cuerpo estaba. Era como un día de verano en pleno otoño. La mano de él, muy despacio, se alzó, envolviendo la suya, pequeña y casi parecía desaparecer dentro de su palma. El pulso le golpeaba, la sangre latiéndole salvaje y caliente.–Lorenzo…- fue un intento de que él detuviera lo que sea que estaba pasando allí, pero le salió en un gemido. El pecho de él vibró con un gruñido. La tensión s****l explotaba, una fuerte electricidad chispeando de ambos. Luego de un caliente y asfixiante segundo, agarró el teléfono y finalmente miró. Sus cejas se alzaron al ver las fotos de Dave y esa Verónica juntos. -Se los ve muy enamorados.-dijo él con los dientes apretados. -Mnn.-murmuró mordiéndose el labio ansiosamente. Los ojos de él se dispararon de nuevo a ella. -Vale. Ahora tienes evidencia. Llévalo a la policía.- -No sirvió y no quiero.-contestó El ceño de él se profundizó.- ¿No quieres?- Sacudió la cabeza. -¿Qué quieres?-preguntó él. -Venganza.- El tiempo parecía haberse paralizado mientras se contemplaban el uno al otro. Él se hizo para atrás, frotándose la barbilla.-Venganza.-repitió. Asintió.- La policía no hará nada. Esto…-señaló al teléfono.- no significa nada en verdad. No es evidencia de ningún crimen. Además, está esa maldita carta falsificada.- -¿Cómo sabes que es falsificada?- -¡No lo sé, vale! –exclamó exasperada.- ¡Llámalo corazonada, yo que sé, pero lo siento en las tripas!- Él exhaló pasándose la mano por el pelo, poniendo algo de espacio entre ellos. Ella acentuó:-Mira, no me voy a quedar quieta y ver como ellos se salen de rositas. – -No es lo que digo, sólo que si vas a hacerlo debes ser cuidadosa o te meterán a ti en la cárcel.- -¡No me importa!- -¡A mí sí me importa!-avanzó quedando en su cara de nuevo. Le golpeó del pecho con ambas manos. -¡No soy tu princesa, Lorenzo!- Él le dio una mirada dura.-Jamás te coroné como una.- Se hizo un electrificante silencio. -No necesito que me rescates.- Él se acercó, su cuerpo moviéndose como una gacela acorralando a su presa. La atrapó de nuevo contra la barra. Sus dedos poderosos hundiéndose en la madera. -Pero lo haré. Todas y cada una de las jodidas veces que sean necesarias, sole mio.- Miraba a sus ojos tan letales y oscuros como la galaxia infinita. -¿Por qué?- De nuevo, silencio tenso con todas estas palabras no dichas, mientras sus miradas seguían enlazadas como si ninguno de los dos pudiera romper el hechizo. Él separó los labios preparándose para contestar, cuando otra voz le interrumpió:-Baila conmigo, Lorenzo.- Desvió la mirada al costado de él para ver a la rubia de antes abrazándose a su musculoso brazos y frotando su cuerpo como si le estuviera haciendo el amor, o tuviera fuertes ganas de mear. Una feroz, irracional furia la embargó. Lorenzo no dio señal de haber reconocido la presencia de la tipa, pero ésta comenzó a suplicar, lloriquear, brincando en sus altos tacones, su cuerpo frotándose sin parar contra él. Lorenzo torció el gesto, sus ojos que jamás se apartaron de ella, notando lo molesta que estaba por la prácticamente pornográfica suplicación de la rubia. Una de sus tan arrogantes sonrisas saltó en su cara. Le pasó el brazo alrededor de la cintura. -Todo un placer, nena.-le dijo usando sus mismas palabras de antes y comenzó a alejarse con la rubia. Un fuego, no, llamaradas volcánicas se alzaron en su interior. No quería ponerle nombre, pero tampoco quería detenerlo. En feroces zancadas, les alcanzó, le agarró de la muñeca con fuerza jalándole consigo sin dejarse de dirigirse a la pista. La rubia se tambaleó en sus tacones.-¡¿Qu-Qué…?!- Se giró él quedando cara a cara, envolvió su cuello con los brazos y al sentir que él seguía duro, como paralizado, con los brazos laxos a los costados, estupefacto por el arrebato de ella, le dijo:- Haz algo, muévete, no sé, pon tus manos en mi…-se calló con una exhalación al sentir sus enormes manos agarrándole del trasero. Sus dedos clavándose en sus nalgas, tirando de ella, presionándola contra su entrepierna. -…espalda.-le salió en un jadeo sin aliento. Podía sentir su dura erección clavada en su estómago. Un fuerte calor húmedo corrió por su coño, sus pezones endureciéndose como dos rocas. Se atrevió a alzar la mirada a su rostro, y cuando sus ojos se encontraron, se quemó con el ardiente fuego con la que la miraba. Una pasión, una consumidora pasión que la dejaba sin aliento. Sus bocas estaban tan cerca que si tan sólo se impulsaba en sus talones, podría besarle. Las manos de él en su culo empezaron a balancear sus caderas juntas bailando. Debía detenerlo, pero el deseo y la cruda necesidad barrían lejos cualquier sentido de realidad. Comenzó a moverse a su ritmo, respondiéndole al balanceo de sus caderas, frotándose, deleitándose con la manera en que su musculoso cuerpo acariciaba el suyo. Enredó los dedos en su cabello oscuro, su mente cerrándose a nada más a lo que su cuerpo sentía, y lo que sentía era a Lorenzo y las deliciosas cosas que hacía con sus caderas. Las manos de él en sus caderas la hicieron girar pegando su espalda a su pecho. Dejó caer la cabeza en su amplio hombro con los ojos cerrados. Las manos de él se movían por su cuerpo sin contenerse, sus senos, su vientre, sus caderas, explorando cada tramo a través de la delgada tela. Las entrañas le ardían en llamas por que estuvieran piel con piel. Que su dura erección presionándose contra su trasero no estuviera atrapada en sus pantalones sino en su interior y empujando duro.–Esto…-jadeó extasiada.- ya no es de hermanos.- Los labios de él le rozaron la oreja. - Jamás lo fue.- su voz ronca, llena de su excitación la llevó al bordo de tener un orgasmo. Su mano en su seno, ascendió a su cuello cerrándose alrededor de su garganta. Apretó levemente pero lo suficiente para que su coño se estremeciera casi dolorosamente. Soltó un gemido audible y no le importó que le oyera. El pulgar de él rozó sus labios, acariciándolos, frotándolos. Sacó la lengua lamiéndoselo, y luego atrapó entre sus labios y chupó. Un gruñido retumbó en el pecho de él pegado a su espalda. –Lorenzo…-gimió su nombre sintiendo su otra mano perderse bajo su corta falda, rodeando su muslo, y muy despacio, ascender a su coño. -Sin ropa interior, ¿eh?-su aliento cálido le acarició la mejilla. -No me dejaste.- Otro gruñido ronco vibró en su pecho. -Lorenzo, no podemos…-fue un vano intento de detenerle porque en realidad su cuerpo no quería que lo hiciera. -Shh…-rozó sus labios peligrosamente cerca de su boca. –Sólo siente.- Su mano se acercó a su calor, un dedo rozándole el coño cuando de pronto las luces y música se apagaron. Oscuridad total. Murmullos de la gente preguntando qué había pasado. La mano de Lorenzo salió de su entrepierna, y se enderezaron. La puerta del restaurante se abrió como una explosión y la gente gritó asustada. Lorenzo se le puso delante, su enorme cuerpo tenso, a la defensiva. Tres sujetos entraron. No podía ver sus caras porque el cuerpo de Lorenzo abarcaba toda su visión y porque la única luz venía desde afuera de las farolas de la calle manteniendo en las sombras las caras de los tipos. –Lorenzo.- una mujer le llamó, su voz tensa ante la situación. Miró a la derecha de ambos y a través de la penumbra vio la silueta de la mujer acercándose hasta detenerse junto a él. Las preguntas picaban la punta de su lengua, pero antes de poder sacarlas fuerza, una persona más ingresó al local. Los zapatos de charol del sujeto resonaban en fuertes ecos en el silencioso. -Buenas noches, gente, lamento importunarles la fiesta.-dijo con una voz serena y joven que no reflejaba la honestidad de sus palabras obviamente. Incluso en la oscuridad, vio el blanco de su traje resplandeciendo de lo tan blanco que era. También llevaba puesto un sombrero de ala como si fuera un villano de alguna película de James Bond. Destellos dorados de las cadenas colgando en su pechera y bolsillo delantero atraparon su mirada. El sujeto continuó:- Pero, tengo un asunto muy importante que atender con su anfitrión.- Lorenzo. El rostro del sujeto se movió buscándole, y cuando finalmente lo hizo, dio unos pasos a él. Lorenzo también se movió, despacio, con pasos estratégicos, listo para el contraataque. -Has ignorado mis llamadas, -le dijo el misterioso sujeto de traje blanco.- por lo que no tuve más remedio que hacerte una visita.- -Mateo, no es el momento.-la voz de Lorenzo era letal, amenazaba violencia si no había obediencia. El sujeto, que ahora sabía que era Matea, ni se perturbó, es más, rió suavemente. -Lorenzo, amigo, no querrás que tan hermosa velada que tienes, termine en masacre…-hizo una pausa.-¿verdad?- Se mordía la tensión y miedo. Murmulló de sollozos y lloriqueos recorrían el lugar. Podía ver en la rígida espalda de Lorenzo debatirse qué hacer. Al final en su característica manera autoritaria, dijo: -Arriba.- y empezó a caminar a la escalera que daba no sólo a su departamento sino a la oficina. -Tus perros, fuera de mi restaurante.-le ordenó, sin volver el rostro ni detenerse. Mateo les hizo un gesto con la mano y sus hombres abandonaron el lugar. Se quedó petrificada en el lugar, completamente atónita. No tenía idea de que él estuviera metido en negocios sucios. Aunque si lo pensaba, no debía sorprenderle, siempre había sido un chico que le gustaba meterse en problemas y peleas, danzar con la delgada línea de la ley y el peligro, pero luego de que heredó el negocio de su papá, se había tranquilizado bastante. O, eso creía. La mujer que antes le había llamado como si anticipara la amenazante presencia de este Mateo, les siguió. Le llamó la atención. El hecho de que se sintiera “invitada” a ser parte de la conversación sin que Lorenzo la llamara, le era muy curioso. Aunque otra palabra tentaba ser usada pero esa sólo sería apropiada si ellos fueran algo, que no eran. La luz y música regresó, pero la fiesta no pudo ser reanudada como antes, las emociones no estaban para ponerse de nuevo a bailar y disfrutar con la amenaza latente. Algunos retomaron sus juegos de cartas, pero hasta allí llegó. Se había sentado en una de las bancas de la barra, esperando. La intriga le mataba y quería saber si Lorenzo estaba bien. Pasada media hora, escuchó pasos bajando la escalera y vio a Mateo. Pasó delante suyo y con una sonrisa le guiñó el ojo. Cada musculo de su cuerpo se tensó. Mateó atravesó las puertas del restaurante y se fue. Un suspiró colectivo resonó en el lugar, aliviados. Ahora, sí, la fiesta se reanudó y en minutos fue como si nada hubiera pasado. Pero, ella se quedó allí sentada, esperándole. Largo tiempo pasó, el amanecer se filtraba por las ventanas. Ya la fiesta había acabado definitivamente. El lugar estaba vacío de no ser por algún borracho dormido en el piso. Alzó la mirada de nuevo a la escalera y suspiró al no pasar nada. De pronto, pasos se oyeron bajando. Se puso en pie de inmediato. Sus hombros cayeron al ver que era esa mujer. Ahora con las luces encendidas podía verla mejor y era hermosa. Largo cabello de un brillante oscuro azabache caía en suaves ondas por sus hombros hasta la cintura. Sus carnosos labios estaban pintados con un rojo pasión y un esfumado oscuro intensificaba sus ojos grises haciendo imposible apartar la mirada de ellos. Iba en chaqueta negra y jeans ajustado a tono. Era difícil no sentir celos de tal despampanante mujer. Pero, ¿por qué ella estaba con él? Dio un paso a ella, como para preguntarle, cuando nuevos pasos bajaron por la escalera. Era rápidos y pesados. Lorenzo. Cuando estaba por pasar delante de ella, dio unos pasos abriendo la boca para llamarle, cuando él le dijo:-Debe irte.- y le pasó de largo sin designarle una sola mirada. Se quedó helada. La tosquedad con la que le ordenó la dejó dura, completamente desconcertada. Hacía unos momentos había estado queriendo meterse en su vida, entre sus piernas, y ahora ¿Tienes que irte? Apretó los dientes con fuerza. Por eso se había impuesto la norma de jamás involucrarse con él. Siempre dejar bien marcada la línea para jamás cruzarla y que pasara exactamente esto. Con enfadadas zancadas pasó por su lado imitándole, sin contacto visual, ni palabras. No iba a rogarle ni suplicarle nada. Si no la quería allí, ella tampoco quería estarlo. Cerró la puerta de un portazo y se fue.
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