Un nuevo sentimiento de rencor se apoderó de los ojos de Zacary Scott.
—‘ ¿¡ Acaso fue apresurado !?’ —pensó mientras clavaba su mirada fría en la mujer arrodilla junto a él. Creía que con medicación Amelia podría volver a ser como antes. ¿ Se había equivocado?
Apretó su mirada y dejó a Amelia atrás, grito con fuerza hacia la residencia.
—! ¡ Tu!
El ama de llaves estaba paralizada tras el horror que había presenciado. Nunca imagino nada parecido. Con la alta figura de Zacary Scott acercándose furiosamente, su cuerpo empezó a temblar.
Si pánico y terror era evidente, sus manos temblaron mientras se aferraban una a la otra, en forma de súplica.
Un sudor frío recorrió su espalda, hasta sus pies dejaron de obedecerla.
Mientras contemplaba como Zacary levantaba su mano hacia ella, Glen recordó las palabras de Isabella momentos antes de la llegada se Héctor Ashford.
—‘ Glen, hoy nos visitará Héctor. Por favor prepara el té donde siempre y que no se te olvide, le gusta la bebida bien caliente’
— ‘! Espero que no cometas ningún error!’
Ella escuchó todas las palabras de su ama y no falló en ninguna. Conocía los gustos del señor Ashford, todo debía ser como siempre. ¿ Por qué está vez no era así?
Pero como iba a saber ella que la señora Amelia le lanzaría la tetera hirviendo.
Cuando Zacary llegó ante la criada, la abofeteó tan fuerte que ella cayó al suelo.
—¡Paft!
—¡Mujer estúpida! ¡Mira lo que has hecho! —la rabia de Zacary era visible en sus ojos. Sus ojos negros presentaban una oscuridad profunda. Eran como una noche sin luna, y parecía que la iba a devorar entera.
El pateó el cuerpo de la criada mientras aún seguía en el suelo. Y siguió gritándole con rabia.
—¡Estúpida ... ¡Estúpida!—dejó salir toda la frustración y dolor por lo sucedido.
El ama de llaves estaba conmocionada, ella suplico piedad. Pero no sirvió de nada. Zacary estaba tan sumido en su frustración que no prestaba atención. Estaba seguro, que si no descargaba su agonía, podría odiar a Amelia hasta el final de sus días.
Los sollozos de la criada y los gritos de su padre no disiparon la rabia de Isabella.
Ella estaba tan furiosa que no podía contener su rabia. Sus ojos estaban rojos de la ira, y sus uñas habían desgarrado sus muslos.
—‘! ¡Maldita perra! ¡Esto no quedará así!’
Rápidamente se giró hacia su padre y agarró su brazo con impaciencia.
—¡Papa!
Zacary se giró para ver a Isabella y recordó el rostro destruido de Sophia. Fue como rememorar una película de terror, todo paso nuevamente ante sus ojos.
Rápidamente la empujo con molestia.
—¡Suelta!
Isabella se quedó atónita y no comprendió porque su padre la miraba con esos ojos.
Esa mirada siniestra y llena de rabia solo debía ser para Sophia.
¿Por qué ahora la miraba así?
—¡Papa ... yo!
—¡Cállate!— gritó Zacary.
—¡Todo esto es tu culpa! ¿¡No te das cuenta del daño que le has hecho!?
La rabia que sentía era muy intensa, y no había nadie que lo calmará.
Katherine Benet, que aun seguía conmocionada, reaccionó al ver a su adorada Isabella en el suelo. Rápidamente corrió hacia ella.
—¡Papa!—gritó Isabella.
¿Como se atrevía a sentir compasión por su copia?
¡Eso no puede ser!
Ella había trabajado muy duro para crear descontento entre su padre y su hermana. Nadie podía compararlas. Ella era una alumna excelente. Con innumerables premios académicos. Además, ella había creado la imagen de “perra” para Sophia.
Le costó mucho sobornar a los tutores y jefes de estudio para que siempre la elogiaran. Todos eran méritos suyos. No de Sophia.
¡Por qué todos habían cambiado!
—¡Como te atreves a gritarme!— Dijo Zacary con rabia. Como se atrevía ella a hacerlo.
¿ Pero de verdad Sophia lo hizo? Por primera vez, Zacary se cuestionó la acusación de Isabella.
Un recuerdo peculiar sacudió su cabeza. Sophia nunca se había atrevido a hablar debido a su timidez, pero hoy le ha levantado la voz. Todo por culpa de Isabella, por su acusación.
—¡No te das cuenta! ¡Tu hermana está destruida y aquí estás! ! ¿¡Acaso no te preocupa tu hermana!?
Zacary sonaba furioso y sus cejas se doblaron con disgustó.
Isabella lo miro con pánico en los ojos y rápidamente empezó su actuación.
—! ¡Papa! ¿¡Como puedes pensar eso de mí!?— Gritó ella entre sollozos.
Zacary dudo por un momento, pero volvió a apretar sus cejas con disgustó.
Katherine agarró la espalda de Zacary .
— Zacary.— fue un inútil intento de calmarlo.
En la lejanía, Amelia seguía arrodillada en la entrada de la mansión. Su rostro estaba lleno de lágrimas y rastros de sangre. Sus manos, que habían tocado vagamente el cuerpo de Sophia, se quedaron impregnadas de sangre.
—¡ Zacary.. por favor llévame con ella! susurro mientras contemplaba sus manos con pánico.
Su mente, aún distorsionada, sabía que algo así, Zacary Scott jamás perdonaría. Pero para Amelia poco le importaba que fuera separada nuevamente de sus hijas e internada en el psiquiátrico. Lo haría encantada, aceptaría las inyecciones y las pastillas, todo a cambio de ver a Sophia por última vez.
Se incorporo torpemente, solo con la imagen de una pequeña Sophia que se proyectaba frente a ella.
—! Vamos mamá!— decía la niña, llevaba un tierno vestido satinado y una corona de flores, pero al contrario de la Sophia adulta, está niña sonreía dulcemente y era rubia.
La niña agarró la mano ensangrentada de Amelia y como un impulso, la llevo hasta Zacary.
Zacary se soltó del agarre de Katherine y bufo con descontento. Ahora le repugnaba el toque de esas dos mujeres.