Katherine se sorprendió volver a ver esa mirada, ojos vacíos y sin emoción alguna. —‘Fue la misma mirada, la misma del pasado.’ —Pensó ella con un agujero en su pecho.
—!M-Mama!—dijo Isabella sacando a Katherine de su aturdimiento. No era un misterio que Isabella la llamaba así. Solo le decía “tia” cuando alguien externo a la familia Scott estaba presente.
—! Cállate!— dijo Katherine intentando pensar. Nunca había imaginado un escenario igual, pero un brillo oscuro atravesó sus ojos.
—‘! Gracias por esto Amelia!’ —dijo mientras una sonrisa siniestra se deslizaba por sus labios
Sin darse cuenta, Amelia había dado la escusa perfecta para que Katherine entrara nuevamente a la familia Scott.
Zacary saco su móvil y llamo a Héctor. Tardo unos segundos en contestar y la voz fría de Héctor resonó en sus oídos.
—Señor Scott..
—Señor Ashford... ¿Dónde está mi hija?
Héctor mantuvo silencio y miró a la joven desfigurada entre sus brazos.
—En el South Queen— dijo él antes de colgar.
Al otro lado de la línea Zacary aún mostraba su mirada fría.
—¡Avisa a Alber, quiero partir inmediatamente—dijo con tono frío
El ama de llaves que aún seguía adolorida por los golpes, se levantó débilmente y acepto su orden.
—¡Voy contigo! —dijo Katherine desesperadamente.
—¡Yo también!— se apresuró Isabella.
No permitiría que su hombre siguiera ni un segundo más junto a esa copia suya.
Zacary apretó sus manos y les gritó.
—¡Ya hicieron suficiente!—sus palabras estaban marcadas por el reproche y el disgusto.
Katherine agachó su rostro y tembló ante el porte frío de Zacary.
En cambio, Isabella no iba a permitir que esos dos estuvieran solos. Ella era la única que podía mostrar debilidad delante de Héctor.
Además, aún no entendía porque Héctor, mostró ese comportamiento. ¿Acaso se compadeció por su parecido con ella?
Ella debía averiguarlo. Nunca dejaría que Sophia adquiera nada de lo que era suyo.
Isabella siguió discretamente a Zacary, ignorando completamente sus órdenes.
—¡Tú te quedas!— su voz fue fría y firme. Zacary Scott estaba verdaderamente furioso.
Tanto que asustó a Isabella. Un frío recorrió su espalda y sus cabellos se levantaron. —¡De acuerdo!—dijo apresuradamente y deteniendo su avance. Sus manos volvieron a apretarse con frustración.
—‘ ¡Maldita, maldita!— dijo en su cabeza, solo recordar a Sophia, la llenaba de odio.
Después de oír a su hija, Zacary se marchó. Mientras paso por delante de su esposa, ella agarró su brazo temblorosamente y le dijo entre sollozos. —¡ L-Lo siento!
Aunque se detuvo para oír sus palabras, Zacary continuó sin dedicarle ninguna respuesta.
La puerta de la villa se cerró violentamente.
Katherine observó a su hermana, verla destrozada era tan satisfactorio. Se acerco lentamente, resonando sus tacones de aguja en el mármol.
—Paft
El cuerpo delgado de Amelia volvió al suelo, su mano tocó su mejilla y en estado de shock, acaricio la zona donde su hermana la había golpeado.
—! Perra inútil!— le grito Katherine Benet, luego le agarro del cabello con furia.
—!¿ Crees que Zacary te perdonara, estúpida ¡? ¡ Ahora volverás a donde perteneces!—acto seguido empujó el cuerpo de Amelia de nuevo al suelo.
Amelia, no mostró signo alguno de defensa, solo lloraba en silencio. Pues la niña frente a ella tenía toda su atención.
—! Mami, Sophia te perdona! ¡ Así que no llores!”
Era dulce niña, era todo lo que podía ver y oír.
—S-Sophia, mi niña— dijo susurrando para si misma.
Katherine vio la demencia de su hermana y sus ojos perdidos en el firmamento. Río con arrogancia y golpeó nuevamente su cuerpo con el tacón. Su hermana estaba tan perdida, que no sintió el tacón clavarse en su mano.
—! Eso es, vive en tu mundo feliz!— le dijo con despotismo y burla. Como una referencia a su falta de cordura.
Katherine se alejo de Amelia y volvió junto a Isabella.
—! Vamos, debes recuperar a tu hombre y a tu padre!— Le dijo con voz oscura.
En el auto, Héctor contemplaba el cuerpo desfigurado de Sophia y se dio cuenta de que su respiración era muy débil.
—¡Más deprisa!— le gritó a Kevin. El aceptó la orden y aceleró más.
La mente de Héctor seguía muy confusa y conmocionada.
Ayer cuando descubrió a Sophia entre sus brazos, estaba muy enfadado. Pero ahora …
Al recordar el escenario de ese día, Héctor deslizó sus dedos sutilmente por el rostro de Sophia. A pesar de las heridas y la sangre, ¿Por qué seguía viéndola hermosa?
Aquella mañana tenia un hermoso vestido verde tierra, era suave a la vista y bastante discreto. Algo bastante diferente a sus atuendos normales. Llevaba un labial rosa, era bastante sugerente y sus largas pestañas se movían con gracia.
Ella no hablo mientras se abalanzaba sobre él, solo veía su sutil sonrisa y sus ojos verdes. Tenían un brillo tan tierno que inundó su mente y corazón. Ella se entrelazó en su cuello y se dejó envolver por sus brazos.
Su aroma a flores silvestres era delicioso, era como un afrodisíaco que recorrió su nariz hasta llegar a lo más profundo de su cuerpo.
Cuando la tuvo en sus brazos algo invadió su corazón. Él la beso con pasión y deseo. Ella correspondió a su beso, y lo intensifico.
Fue algo tan irreal que parecía un sueño.
Los segundos corrieron, y el beso se intensificó mas. Él tuvo la necesidad de no soltarla. Quería amarla para siempre.
Héctor soltó los labios de Sophia de entre sus dedos, ¿ Por qué deseaba volver a sentirlos? Los recuerdos de aquella mañana seguían recorriendo su mente.
Deslizó su mano por su cabello n***o, llevándolo hacia atrás y destrozando su apariencia perfecta.
Su mirada se arrugo, como si algo se hubiera clavado dolorosamente en su interior. Miro a Sophia y susurrando en su oído le rogó.
— no te vayas
La escena fue fugaz, pero Kevin alcanzó a deslumbrar un dolor intenso en su joven amo.