Héctor solo recibió como respuesta el pequeño jadeo de Sophia, pues su respiración cada vez era más débil. Se sentía como si luchará cada instante por respirar.
El apretó su agarre, con miedo en su interior, no quería que se fuera. No donde él no pudiera verla más.
Su olor y su calor le traslado a esa habitación. Cuando él cargo el pequeño cuerpo de Sophia entre sus brazos y la acomodo en la cama.
Sus besos, su aliento, cada rastro de pasión que los inundó, todo se volvió nítido en su memoria. Pero las cejas de Héctor se arrugaron, como cuando un mal recuerdo se aloja en tu mente. Y fue en el momento que Isabella entro en su memoria.
Héctor se sorprendió y soltó rápidamente el cuerpo de Sophia.
Como dos amantes siendo sorprendidos por una tercera parte, ese fue el escenario aquella mañana.
Cuando Héctor fue sorprendido por Isabella teniendo a Sophia entre sus brazos, se sintió consternado. Se supone que las diferenciaba, como pudo confundirlas. Aunque Sophia no llevaba el maquillaje habitual de Isabella. Héctor debió reconocerla.
Mantuvo silencio ante los insultos y golpes de Isabella a su hermana. A pesar de tener poca ropa, él dejó que Isabella la humillara.
Isabella lloró y culpo a Sophia por querer usurparla. Él al principio se sintió culpable, pues él había cedido a cada caricia de ella. Así que solo observo.
Cuando fue a la villa, estaba enfadado. No con el intercambio, sino con el mismo.
Ahora que todo había resultado así. Su culpa empeoró.
Él fue cínico y echó toda la culpa a Sophia. Él simplemente se lavó las manos. Ignoro cada reacción y sentimiento que florecieron en ese instante. Pretendiendo que nunca existieron.
Pero cuando vio los resultados, algo lo hizo moverse. Cuando vio los ojos verdes de Sophia, algo se removió en su interior. Era una mirada cargada de odio y tristeza. Algo muy opuesto a lo que divisó en esa habitación.
Héctor movió sutilmente los cabellos que cubrían el rostro de Sophia. Ahora ya no había confusión. Su rostro estaba completamente destruido.
Sus ojos se apretaron con rabia, su mirada se volvió fría. Solo deseaba volver a ver esos ojos brillantes. Y un murmullo se filtro por sus labios.
—! Abre los ojos!
Siempre pensó que su misericordia tenía que ver con su apariencia. Pero ahora, qué excusa había. ¿ Por qué deseaba tanto su mirada? ¿ Por qué su culpa no acababa?
Ya no hay nada que sea igual a Isabella.
En el South Queen, fueron recibidos por un grupo médico de élite, entre ellos Alexander Preston.
La familia Preston, al igual que los Ashford eran grandes casas. Ambas procedentes de antiguos linajes, que llevaban consigo dinero y fama. Alexander Preston era un residente en el South Queen, tenía la misma edad que Héctor, ambos jóvenes promesas. Para su joven edad, Alexander era un médico eficiente y posiblemente el mejor cirujano del país. Poseía gran capacidad de concentración, además de un talento innato para la neurociencia.
Como próximo heredero de la fortuna Preston, se esperaba mucho de él.
Walter Preston, el médico oficial, se hizo presente en toda la comitiva que esperaba en la entrada de urgencias.
—! Joven Ashford, por aquí! ¡ Rápido! grito Walter, alarmado por la apariencia de la joven que llevaba Héctor en sus brazos.
El padre de Alexander, era el director del hospital. Tenía un porte mayor, con el pelo ligeramente canoso y un bigote en su rostro. Su apariencia madura, era semejante a la de Zacary, ambos carismáticos.
—! Alex, prepara al equipo y lleva a la señorita Scott a quirófano!— dijo en tono autoritario a su hijo.
Al ver el cuerpo quemado de Sophia, Alexander mostró una mirada de desconcierto.
Aún estaba reacio a creer lo que su amigo le había contado. Héctor lo llamo en el camino y le contó lo sucedido. Hasta que lo vio salir con Sophia, lo siguió dudando.
—‘ ¿¡Esto, lo hizo su madre!?’ —pensó Alexander aturdido.
Al ver el rostro descompuesto de Alexander, Walter lo llamo.
—! Alex! ¡No es momento de paralizarse!— gritó con gran énfasis.
—¡Vamos, colócala con cuidado!— dijo Alexander, mientras le mostraba la camilla a Héctor. Rápidamente, el resto de enfermeras empezó a colocarle un respirador y medir sus constantes.
Alexander dudo un poco al sentir el pulso tan débil de Sophia . Su respiración parecía ralentizada y por no hablar de las heridas abiertas.
—Rápido, preparad el quirófano. ¡Colocad una vía y administrad sedantes para calmar las heridas! También preparad unas gasas frías de pescado para recuperar las quemaduras. —y así continúo dando órdenes a los asistentes.
Walter observó el desconcierto de Héctor y lo llevo a un lado.
—! Cuidaremos de ella, no te preocupes ¡ Pero …
Walter guardo silencio unos segundos antes de continuar.
— ¡ Joven Ashford, debemos tener el consentimiento de sus padres para continuar..!—dijo temeroso, pues a pesar de todo seguía siendo a causa de uno de ellos que Sophia se encontraba así.
Walter también escucho lo sucedido por medio de su hijo, jamás había esperado que la condición de Amelia hubiera empeorado tanto.
Amelia había sido tratada con anterioridad por Walter, e incluso le recomendó a Zacary un buen psiquiátrico para su recuperación. No espero que su mejoría, traería estás repercusiones.
Walter suspiro con pesar.
—! La señora Scott bebió haber sufrido mucho después de esto!—sus palabras aunque sinceras, trajeron un sabor amargo a Héctor.
¿Cómo podría sentir dolor? Alguien que daña a su propia hija, no merece compasión.
La rabia de Héctor era evidente, sus puños apretados y su vena en la frente eran un claro indicio.
Walter lo vio, colocó su mano en el hombro y le dijo.
—! No culpes a su madre, ella no era consciente cuando lo hizo!
La condición de Amelia era mala, su esquizofrenia podía causar estos efectos.
—! Solo podemos compadecernos de ambas!— dijo Walter, aún con la esperanza de que Héctor entendiera.