Sin responsabilidad

1051 Palabras
Luego, Walter dejó a Héctor atrás y siguió al equipo médico. Alexander, que también se había quedado, saco un cigarrillo de su bata y mientras lo encendía, miro de reojo a Héctor. Héctor llevaba una camisa blanca, junto a un traje gris perla. Ahora todo estaba manchado de sangre. — ¡Tú! ¡Deberías cambiarte! ¡Qué diría tú madre de esa apariencia!—el sarcasmo era latente en sus palabras. Solo en ese momento, Héctor bajo su vista. No esperaba estar tan descompuesto. Alexander tocó el hombro de su amigo y suspiró otra gran bocanada de humo. — ¡Tranquilo! ¡Ve a mi consulta, límpiate y cámbiate!— después se marchó, tirando el cigarrillo al suelo y aplastándolo en el proceso. Héctor aun seguía confuso. Pero acepto los regaños de su amigo. El gran Héctor Ashford, no debía ser visto con un aspecto miserable. Siempre debía ser elegante y perfecto. Lo que se espera de alguien rico y elegante como él. —¡Kevin! —Señor—dijo el chófer en la distancia. —Prepara un conjunto y llévalo a la oficina de Alexander. Dijo mientras entraba en el hospital. En el despacho de Alexander. Héctor había terminado de tomar un baño. Ahora estaba limpio y el olor a sangre ya no estaba. Sus ojos aún seguían perdidos y su rostro tenso. Al salir del cuarto de baño se topó con Alexander, quien estaba sentado en su escritorio. —¡Fiu, Fiu!— Se burló él. —¡Menudas vistas! Los ojos de Héctor lo miraron con asco. — ¡Cállate! Una carcajada apareció en la boca de Alexander. —jajaja! ¡Tranquilo solo es un cumplido! Tienes suerte de que no era una mujer. Si no ya me habría abalanzado sobre esos músculos. En cierta medida Héctor tenía un cuerpo musculado y tonificado. Sus brazos eran anchos y sus abdominales muy marcados. Además de que su rostro era demasiado bello. Irradiaba una belleza fuera de lo terrenal. Una sola mirada suya bastaba para derretirse. —¡Deja de decir estupideces!— dijo él con desgana. — ¡¿Más bien... cómo está ella?!— preguntó con cierto nerviosismo. Alexander volvió a su rostro serio y suspiró mientras miraba al suelo. Abrió su cajón y sacó un cigarro. Con una bocanada dijo. — ¡Tiene el cuerpo y el rostro desfigurados! Héctor se detuvo en seco, apretó la camisa que estaba a medio poner y volvió a mirar a Alexander. —¿Algún día ella...?— Alexander corto en seco su pregunta. —¡No! La mirada de Héctor se tornó oscura y ya no pudo mediar palabra. Alexander vio el temple de su amigo y volvió a soltar otra bocanada de humo. —¡No te sientas culpable, fue su madre quien la llevó a este estado!! ¡Has hecho cuanto estaba en tu mano!—el tono de Alexander fue tranquilo, intentaba mitigar la culpa que sentía su amigo. —¡Aunque todo esto empezó por qué ella quiso estar contigo! ¡Eso no significa que sea tu culpa o la de Isabella!—ahora su voz se volvió más seria. —¡Te equivocas!— dijo Héctor mientras apretaba el cuello de su camisa. —¡Si es mi culpa! Alexander se sorprendió por lo que acaba de oír, así que le pregunto. —¿Qué quieres decir? ¿¡Acaso ella no te sedujo y te engaño!? Héctor dudo un momento y siguió vistiéndose. —¡Héctor! ¿! ¡¿Qué quisiste decir, por que es tu culpa?!— dijo Alexander un poco conmocionado. Héctor acabo de vestirse y ahora tenía nuevamente su presencia majestuosa. Digno de alguien de su nivel. —¡¿Dónde está?! —preguntó tranquilamente. Alexander seguía conmocionado y mirando fijamente a su amigo. Se levantó y le ofreció un poco de su cigarrillo. —Ahora no puedes verla, está en la UCI. Además, su padre acaba de llegar, no sería conveniente” Héctor acepto el cigarrillo e inhaló una gran cantidad. Después soltó todo el humo. —Bien Devolvió el cigarrillo y salió por la puerta. No sin antes oír la voz de su amigo darle un ultimo consuelo. — ¡ La medicina avanza mucho, puede que en un futuro ella pueda recuperarse! Aunque sea parcialmente Las quemaduras de Sophia eran bastante profundas, habían sido quemaduras de tercer grado, en la zona del cuello y el hombro. Su cara había recibido quemaduras superficiales, pero al haber recibido muchos golpes hicieron empeorar su condición. Puede que al sanar, una cirugía plástica pueda ayudarle, pero pasarían años para eso. Además, no era seguro que el resultado fuera bueno. Mientras bajaba por el ascensor se sintió tentado a ir donde estaba Sophia. Pero al recordar los hechos, volvió a guardar sus dedos en los bolsillos. Ya en el auto, seguía percibiendo el aroma de flores silvestres, aunque ahora tenía un ligero olor a hierro. Kevin, observo por el retrovisor el rostro frio de su señor. Tenía la mirada perdida y aunque quería preguntar, no se atrevía. Héctor apretó sus manos con fuerza, aún podía sentir el calor de Sophia escapando de su cuerpo. Poco después llegaron a la mansión Ashford. Ahí lo esperaba Isabella, tenía el rostro destrozado por las lágrimas. Su maquillaje mostraba cierto desagrado. Un rímel corroído y marcas lineales de lágrimas en sus mejillas. Ella se apresuró a correr hacia Héctor. —¡Héctor! ¡¿Como está mi hermana?!—su voz era temblorosa por los sollozos. Ella se detuvo ante el silencioso Héctor y junto a sus lágrimas lo abrazo con fuerza. —¡Pobre Sophia... ella no se merecía eso! ¡Yo nunca... ! ¡¿Por qué mamá hizo algo tan horrible?! ¡ Todo esto es culpa mía!— dijo entre sollozos. Las lágrimas seguían cayendo sobre la camisa de Héctor, ahora empapada. —¡No! ¡No es culpa tuya!— dijo Héctor apretando a Isabella entre sus brazos. —¡ Si hay un culpable… ese soy yo! —¡Mientes!— Grito Isabella interrumpiéndolo. —¡Si yo... si yo no les hubiera contado nada...! ¡Esto nunca hubiera pasado!— grito Isabella en desesperación. Su acto fue tan espléndido, que las lágrimas se acumularon en su nariz, provocándole una apariencia más miserable.
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