Cualquier persona vería cuan profundo era el amor que sentía Isabella por su hermana. Parecía completamente destrozada por lo sucedido. Héctor, contempló el acto y se sintió más miserable aún.
¿Cómo puedo dudar? ¿Por qué hemos de sentirnos culpables?
Pensó mientras sostenía el pequeño cuerpo de Isabella. Pero a pesar de sus pensamientos, sus manos, seguían palpitando por el calor de Sophia.
Hasta su nariz se arrugó al sentir el perfume intenso de Isabella. Ese olor de almizcle y alcohol era desagradable.
Al ver que Héctor había detenido su consuelo e incluso parecía alejarse, Isabella se desconcertó.
¿Acaso no estaba llorando?
¿¡O es que su actuación no era lo suficiente, para ablandarlo!?
—¡Héctor! ¡Ojalá nunca hubiera nacido... así, ella te tendría a su lado!— al escuchar las palabras de Isabella el cuerpo de Héctor se tensó.
Bajo la mirada rápidamente y le dijo con tono serio.
—¡Isa! ¡No digas eso! ¡Como puedes desear .. ! ¡Nunca lo permitiría!
Él la abrazo con fuerza y le susurro al oído.
—¡Isa! ¡Eres mi vida, si tú no estás... ¡
Héctor apretó más su agarre y mientras la imagen de Sophia socava su memoria susurro con tocó suplicante.
—¡ No mueras, por favor!
Esas palabras llenaron a Isabella de triunfo.
—‘¿! Ves, Sophia?! ¡Nunca serás indispensable como yo!’
Mientras los pensamientos de Isabella marcaban un triunfo. Héctor tenía su mirada perdida.
En South Queen.
Alexander Preston , termino de hacer la ronda a Sophia.
—Parece ser que está niña conservará ese aspecto para siempre—dijo Walter con seriedad, mientras contemplaba el rostro de Sophia.
—! Si!—contesto Alexander, al principio un poco sorprendido por la llegada de su padre.
—Tal parece que los golpes que recibió ayudaron a que la piel ya estuviera debilitada. Por eso el agua la quemo con intensidad
Walter suspiro con pesar.
—! Como médicos debemos mantener el optimismo, no dejes que las circunstancias nublen tú criterio! Siempre es posible una mejoría.
Alexander cruzó su estetoscopio en su cuello y luego lanzó una mirada de duda a su padre.
—¿ De verdad, crees posible una mejoría? ¡ Padre! Mírala, su aspecto es lamentable, además está …
—! Silencio!—grito Walter con rabia.
—! Como futuro médico, debes mantener calladas tus opiniones! No debes hablar de la condición de esta niña tan a la ligera!
Alexander se desconcertó un poco, pero después diviso fuera de la habitación a Zacary Scott. Soltó un suspiro y miró nuevamente a su padre.
—! Veo que aún no has hablado de ello! Está bien, avísame cuando lo sepan. Dicho esto, Alexander salió de la habitación.
—¡Joven amo Preston!— lo llamo Zacary nada más salir de la habitación.
—¡Señor Scott! ¿¡Todavía está aquí!?— contesto Alexander, fingiendo sorpresa.
Zacary se acercó con un rostro pálido, ya habían trascurrido varias horas. Y no había recibido ninguna noticia sobre su hija.
Ya se imaginaba que las circunstancias en las que Sophia había ingresado eran severas, pero este silencio era bastante irritante. Mas para un hombre autoritario, como Zacary Scott.
—¿Como está Sophia? ¿Ella…?—aunque su pregunta se quedó a medias, Alexander entendió perfectamente.
Alexander no sabía cómo debería empezar, ya su padre le había prohibido hablar de ello. Debía esperar a que su padre, como médico y director del hospital hablar con los padres de la paciente.
—Señor Scott… yo. —en su balbuceo, Walter apareció detrás de su hijo.
—! Scott!— dijo con tono serio.
Tanto la familia Preston como los Scott, eran familias igualitarias en términos financieros. Zacary Scott había coincidido en varias reuniones con Walter Preston, por lo que fue fácil reconocerlo.
No se podría decir que son grandes amigos, pero su relación no era mala.
—No es agradable verte en estas circunstancias— dijo Walter Preston con seriedad médica.
Tras la respuesta silenciosa de Zacary, Walter continuó.
—He oído por el joven Ashford, que todo fue a causa de Amelia.
Dijo mientras se acercaba a Zacary.
El recuerdo de lo sucedido azotó a Zacary como una tormenta en pleno apogeo.
— Ella … No es su culpa— dijo con cierta inconformidad. A pesar de su rabia anterior, sabía que no podía culparla.
Si había un culpable de todo, ese sería él mismo. Fue Zacary quien decidió sacar a Amelia del psiquiátrico, a pesar de que su condición no era la mejor. A contra de todos, él la quería a su lado.
Walter apretó su mirada y suspiró con cansancio.
—Te advertí que algo así podría suceder. ¡ Pero decidiste no oírme!— dijo Walter algo más molesto.
—! La condición de tu esposa es algo serio! El más mínimo estímulo puede empeorar su estado. ¿Qué pasa si intenta herirse otra vez?— tras hablar, un aire frío golpeó la espalda de Zacary.
—‘ ¡ Amelia! Ella … otra vez..’— ese pensamiento, hizo que sacara rápidamente su teléfono y llamará a la mansión.
Tras varios timbres, la voz de una sirvienta se hizo presente.
—Residencia Scott..
Antes de poder continuar, Zacary la interrumpió. —! Mi esposa!¡ Pásamela!—la criada en sorpresa, empezó a balbucear.
—! Señor, eh … la señora .. bueno ella…!
Zacary percibió que algo no está bien.
—! Habla! ¿Le paso algo a Amelia?—su impaciencia era palpable al otro lado del teléfono.
La sirvienta guardo silencio, después la voz sensual de Katherine se hizo presente.
—! Cuñado! No te sulfures, Amelia está durmiendo!— luego suspiro y hablo con algo de tristeza.
— Después de lo que hizo, quedó muy consternada. No tuve más remedio que sedarla para que se tranquilizara— a pesar de sus palabras sentimentales, había oscuridad en cada una de ellas. Si Zacary hubiera podido verla en persona, no hubiera confiado en sus palabras en absoluto.
Zacary suspiro un poco más aliviado.
—! Gracias Kathy!— luego intento colgar el teléfono, pero fue interrumpido por la voz de Katherine.
—! Cuñado!¿cómo está Sophia?
—! Tú ocúpate de Amelia!— con esas palabras, Zacary colgó el teléfono.