La cabeza de Zacary era caótica, pero aún recordaba quién fue la pionera en la discusión con Sophia.
—! Por tu rostro, veo que Amelia se encuentra bien!— dijo Walter, quién aún estaba presente.
—! Si! Ella está algo inquieta por lo sucedido, así que … tuvieron que sedarla.
—! Sedarla!— grito Walter con firmeza.
—! Seguramente su condición ha empeorado!
Zacary al oírle volvió a su inquietud.
—! Estás exagerando!— dijo en voz baja, como si verdaderamente fuera a una exageración.
—! Ella, estará bien! Mañana la llevaré de nuevo al psiquiátrico, mejora en unos días.
Dijo Zacary algo más calmado.
—! Zacary! Como puedes..
Walter apretó el puente de su nariz.
—! Tráela al hospital, miraré su estado, después te diré si es adecuado o no que te la lleves!
Alexander vio la interacción de su padre y Zacary. Ambos hombres fríos, que se tomaban ese horror con calma. Él no entendía, como un accidente así, paso a segundo plano.
Por un acto fugaz, miro a través del cristal, la camilla donde reposaba el cuerpo de Sophia era visible al completo.
Walter llamó a su hijo.
—Alex, llevaré al señor Scott a mí consultorio. ¡ Llámame si hay algún cambio!—dijo mientras extendía su mano, para indicar el camino a Zacary.
Ya en la consulta, Walter informo a Zacary de la condición compleja de Sophia.
—! Tú hija padece de una arritmia poco común! Por lo visto, los golpes recibidos y la intensidad de la discusión, hicieron que su corazón se sobreforzara.
—! Además, las quemaduras fueron bastantes severas con su cuerpo! Tenemos quemaduras de tercer grado, en cuello, pecho y brazo derecho. Y de segundo grado en cara y espalda.
—! Por último, ha sufrido golpes en la cabeza. ¿Asumo que se los realizó en la discusión?— tras la pregunta, Zacary solo asintió con la cabeza.
—! Zacary, hemos tenido que inducirla en un estado comatoso! ¿Sabes lo que significa?
Los ojos de Zacary se volvieron blancos de la impresión.
— E-Eso, ¿Por qué?— pregunto nervioso.
—Si queremos que ella mejore, deberemos esperar. Su cuerpo está demasiado destruido y su cabeza presenta bastantes hematomas. Esto podría provocarle una envolvía en cualquier momento. ¡ No tuvimos más remedio!
Dijo Walter suspirando con pesar.
Luego removió los archivos de Sophia sobre su escrito.
—! Esto era lo mejor para ella! Aunque .. es posible que tarde mucho en despertar.
—¿Qué demonios quieres decir con eso?— pregunto Zacary algo más alterado.
—¿Acaso piensas dejarla dormida para siempre?—pregunto nuevamente, lanzado un fuerte golpe con su mano sobre la mesa.
—! Cálmate!—le ordeno Walter.
—! No está en mis manos que ella despierte! Te he dicho que su estado es grave. ¡ Su cuerpo necesita tiempo para sanar!
Aunque Walter le haya inducido un coma, solo hizo que el cuerpo de Sophia entrara en letargo. Pero para salir de ahí, por mucho que intentarán despertarla a la fuerza, el cuerpo humano iba a su ritmo. Eso hasta un tonto sería capaz de verlo.
Pero para Zacary, un obsesivo hombre de negocios, no era algo comprensible. Está acostumbrado a hacer su voluntad, a conseguir todo aquello que se proponía. Pero está vez, dios no lo ayudaría.
La discusión sobre la condición de Sophia terminó sin muchos cambios, por mucho que Zacary grito y se opuso. Al final Sophia mantenía su misma condición.
Antes de que Zacary abandonará el consultorio, Walter le advirtió algo.
—! Te daré un día para traer a Amelia!
A lo cual Zacary solo cayó en respuesta y continuo su camino.
En la mansión Scott. Amelia había sido encerrada en un trastero de la servidumbre. En la ala más alejada de la mansión. Ella reconoció su prisión enseguida, pues ahí se encontraban sus iniciales rayadas en la pared.
Las veces que ella había estado en ese lugar, se marcaban con líneas una tras otras. Había varios grupos de cinco líneas, casi ocupando la pared al completo. Y en el final las iniciales “A.H”
Amelia acaricio las iniciales con anhelo, como si extrañará algo.
A lo lejos los pasos de tacón se fueron haciendo más estridentes. No hacía falta saber quién era, Amelia reconocería ese sonido en cualquier lugar.
La puerta del trastero se abrió, rechinando al abrirse.
—!Hola querida!— dijo la voz agridulce de Katherine Benet.
Katherine entro en la habitación con su pronto triunfante y superior. Su arrogancia era inigualable, tal cómo él de Isabella.
Ella lanzó una mirada fugaz a su alrededor.
—! Veo que no has comido nada!—dijo mientras pateaba la bandeja con comida.
Amelia simplemente se mantuvo en silenció. Encogida junto a la pared, no la miró, ni siquiera quería responderle.
—! Eres una mal agradecida!—grito Katherine ante su silencio y tiro del cabello rubio de Amelia.
—¿Crees que yo te alimentaría? ¡ Si no fuera por mi amado Zacary, jamás te daría un mendrugo de pan!—grito con furia.
Amelia aguantó el dolor, apretando sus labios con fuerza. Para ella eso era lo que se merecía. Sabía por qué su esposo la había enviado ahí nuevamente. Ese era su castigo.
Los ojos de Amelia se llenaron de lágrimas, pero no derramó ninguna. Simplemente, aguantó, como siempre lo hacía.
—! Perra estúpida!—grito Katherine al ver su temple. Luego chasqueó sus dedos y dos sirvientas entraron en el lugar.
—! Señora Scott!— dijeron las dos al unísono, haciendo referencia a Katherine.
—! Mi hermana se niega a comer, ayúdenme por favor!
Dijo con maldad. Luego Katherine dejo la habitación.
Las dos sirvientas obligaron a Amelia a abrir la boca e ingerir las gachas en el cuenco.
Debido al sofoco, Amelia tosió fuertemente, pues no podía respirar.
—! No seas estúpida, estamos muy ocupadas como para ayudarte a tragar siempre!— grito una criada en furia. Luego apretó las mejillas de Amelia y la miro con desprecio.
—! Si no fuera por ti, la señorita Sophia no estaría en el hospital!
Grito nuevamente.
—! Tú estupidez le consto la vida!