Actos ocultos

1006 Palabras
El rostro de Amelia reaccionó al instante al oírla. —! M-Mientes! ¡Ella está bien! ¡ Ella volverá!—grito desesperadamente Amelia. Amelia agarro la falda de la sirvienta y suplico. —! Mientes! ¡ Dime qué mientes!— grito. La otra sirvienta empezó a reír. —!¿ Ahora te preocupas?! ¡ No seas ridícula! Las dos criadas empezaron a lanzar acusaciones a Amelia, una tras otra. Tanto que la cabeza de Amelia ardía. Las drogas que contenía las gachas empezaron a hacer efecto y ella empezó a autolesionarse. Amelia rasgo su piel con sus uñas, sus brazos y cuello estaban rasgados. —! Mienten! ¡ Mienten!—balbuceaba Amelia ante la atenta mirada de las criadas. Ellas se miraron en complicidad y se rieron del espectáculo. —! Oh! Vaya ¡ Señora Amelia!, ¿por qué se lástima? ¡ Pare!— empezó a gritar una de las criadas. La otra le siguió el juego y la sujeto. —! Debemos llamar al señor Scott, rápido! Tras la puerta Katherine mostraba una sonrisa de felicidad. Y se alejo de la puerta con gran alegría. Cuando Zacary volvió a la mansión, se encontró a Amelia sedada en su recámara. Tenía el cuerpo herido y lleno de vendas. —¿Qué le sucedió?”—pregunto a Katherine, quién también se encontraba en la habitación. Katherine con lágrimas en los ojos. —Se altero mucho después de que te fuiste. ¡ No paraba de disculparse y acabo hiriéndose! ¡ Lo siento, Zacary! Dijo lanzándose al suelo. Zacary, miro a la mujer arrodillada y simplemente la ignoro. —! Está bien, levántate!—luego acaricio el rostro herido de Amelia y despidió a la sirvienta y Katherine de la habitación. —Amelia..— dijo Zacary en voz baja, su mirada irradiaba ternura. Algo incomprensible para él. No entendía por qué está mujer, siempre despertaba en él sentimientos y emociones inexplicables. En un principio, ella solo era un útero el cual llevaría a sus hijos. Nada más. Pero cuando la vio por primera vez, algo despertó en él. Amelia Scott, fue traída a la mansión a la tierna edad de 23 años, era una niña comparada con Zacary, quién ya oscilaba sus treinta y dos años. Era bastante tímida y silenciosa. En sus reuniones siempre se mantenía alejada de él, como si le tuviera miedo. E incluso en su boda, temblaba como si su futuro marido fuera un monstruo. Pero para Zacary, eso era encantador. Había mujeres en todas partes dispuestas a complacerlo. Tuvo varias amantes, incluso cuando estuvo con Katherine, nunca fue un hombre fiel. Pero, anhelaba que Amelia lo deseará. La noche que concibieron a sus hijas, Amelia lloró de miedo, temblorosamente como un cervatillo, pero aún así estuvo con él. Tanto era su deseo de dinero y poder. Sabía que los Benet estaban en la cuerda floja, su economía estaba en declive. Por eso aceptaron vender a su pequeña hija enfermiza. Habían ocultado a Amelia por su enfermedad mental, pero cuando Katherine no pudo dar un heredero no dudaron en ofrecerla en bandeja de plata. —! Todo está bien!— volvió a susurrar Zacary, e inconsciente el cuerpo de Amelia que antes temblaba, se tranquilizo. Fuera del dormitorio Katherine oyó la voz dulce de Zacary a su hermana. Y con gran furia, apretó sus uñas en sus brazos. —! Maldita!— susurro con amargura. La orgullosa Katherine Benet, ardía en celos por el afecto de su ex marido a Amelia. En sus años de matrimonio, jamás obtuvo nada. Ni simpatía, ni cariño, nada. Katherine se alejo del dormitorio y fue directa hacia el cuarto de una sirvienta. La criada asombrada, se inclinó rápidamente al verla. —! Señora Scott!— dijo rápidamente. En todo la mansión, la servidumbre solo seguía las órdenes de Katherine. Todos la temían, pues si ella quería podía destruirlos fácilmente. La única que no estaba bajo su control era Glen, la criada de confianza de Zacary. Ella y Alfred eran su mano derecha e izquierda. Pero aunque Glen era el ama de llaves, para Katherine era fácil burlar su vigilancia. —! Mantén tu boca cerrada!— advirtió Katherine. —! Si el señor, pregunta! Amelia se hirió sola —!si!— contesto rápidamente la criada. En la habitación de Amelia, Zacary se acurrucó junto a su esposa, miro su respiración lenta y poco a poco se quedó dormido. A la mañana siguiente, Zacary se enteró que Isabella había ido a la residencia Ashford. —¿Cómo es posible que haya abandonado a su madre en estas circunstancias?— pregunto furioso. Katherine, como buena maestra, le había ordenado a Isabella perseguir la culpa de Héctor. Para ella, manipular era un juego infantil. Tras la huida de Héctor con el cuerpo de Sophia, Katherine barajó la posibilidad de que Héctor pudo darse cuenta de los intercambios. Durante años, Katherine había intercambiado a las niñas a su conveniencia, siempre elogiando a su favorita, Isabella. Dado que Sophia se parecía a su enemiga, Amelia, ella se convirtió en un peón para usar. Katherine introdujo lentamente a Isabella en el corazón de Héctor, pero el muy idiota solo se fijaba en Sophia. Por eso, uso el inmenso parecido entre las niñas para intercambiarlas. Cambio el color de pelo de Sophia e incluso le ordeno imitar a su hermana en todo, tanto en gusto como en su forma de actuar. Isabella por otro lado solo debía imitar la voz de Sophia y maquillarse igualando sus facciones. Todo el plan era perfecto, nadie sospechaba nada, hasta cierto día. El día en el que Sophia se escapó de su control y fue al apartamento de Héctor e intento seducirlo. Si Isabella no llega a tiempo, quién sabe en qué hubiera resultado todo aquello. Katherine debía conseguir la fortuna de los Ashford, y para ello Isabella, su niña mimada bebía ser quien se casará con Héctor Ashford. —! Después de todo lo sucedido, no comprendo que tiene esa niña en la cabeza!— grito nuevamente Zacary.
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