Verdades ocultas

1019 Palabras
Antes de continuar con su actuación de dama miserable. Sophia la corto en seco y le devolvió los gritos, aunque ahora su voz se oía más entrecortada que antes. —¿! P-Porque¡? ¡Ya olvidaste que ya no eres virgen! —grito a pleno pulmón, dejando a todos consternados. Un cubo de agua fría golpeó el rostro de Isabella, sembrando en sus ojos un brillo de pánico. —‘ ¿ Como diablos sabe eso?’— se preguntó ella en conmoción. El frio silencio sacudió nuevamente y ahora Zacary y Katherine gritaron al mismo tiempo. —¡ Sophia! Aunque ellos no creían en las palabras de Sophia, no querían sembrar dudas innecesarias en la mente de Héctor Ashford. Cualquier hombre de su estatus, desecharía a una mujer que no fuera pura. Si él dudaba de la virginidad de Isabella, el matrimonio por el que habían luchado Zacary Scott se hundiría en el fango. Además, ni que decir de su prestigio como la segunda familia más importante de Windsor. Héctor, harto de todo el espectáculo, se levantó rápidamente tras oír a Sophia. Pero para confusión de él mismo, no estaba enfadado por lo que acaba de oír. Más bien, en su cabeza aun seguía rezumando las palabras “ Ashford” dichas por Sophia. ¿ Por qué lo trataba con tanta indiferencia? Fue ella quien lo buscó e intento seducirlo. Se puso de pie frente a su figura miserable en el suelo y la miró con furia. —¡Como te atreves! Dijo apretando los dientes, mientras clavaba su mirada en el cuerpo de Sophia. Su voz era fría, y su aura era muy intimidante. Aunque Sophia no podía ver su rostro, sabía que su mirada estaría apretada y sus cejas dobladas. Lo conocía lo suficiente como para saber cada expresión de su rostro. Pero incluso así, la imagen de un Héctor Ashford sonriéndole se superpuso en su mente. Ese Héctor la miraba con amor y la trataba con ternura. — ¡ Siempre te protegeré, no me importa si debo destruir el mundo, jamás permitiría que te lastimarás! Irónico que sus palabras fueran contrariadas por él mismo. Y fuera él que una vez juro protegerla, el verdugo. Ella mordió nuevamente su labio inferior, para que el dolor que sentía se intensificará más. Así reunió las fuerzas necesarias para continuar. —¡S-Solo digo la verdad! ¡Tu novia se ha acostado con medio Windsor! ¡S-Si yo, soy una p- prostituta! ¿¡Ella que es!?— grito con rabia y tristeza, como si expresará su descontento por la desconfianza que todos le tenían. Héctor no soporto más la indiferencia de Sophia y la levantó de un tirón. Quería que lo mirara, quería que lo viera aunque solo fuera una vez. Él era alto, casi podía llegar a los dos metros, en cambio ella no media más de uno metro sesenta. Fue levantada como un trapo sucio, al cual recogían del suelo. La mano de Héctor cubrió rápidamente el cuello escotado de Sofía. Su vestido tenía un escote francés y rápidamente se apretó en sus manos. —¡ Sophia! ¡He tenido mucha misericordia contigo desde que éramos niños! ¡Pero has cruzado una línea que no puedo tolerar! —las palabras de Héctor eran fuertes. Su mirada estaba oscura y su cara apretada por la rabia. Sophia soporto el sofoco en su pecho y reunió todas sus fuerzas para su acto final. Había esperado tanto, que ahora por fin estaba cerca de marcar su objetivo. No podía permitir perder esta oportunidad. Levantó sus manos maltrechas y empujó el pecho de Héctor hacia atrás. —! S-Suéltame! Su acción fue tan rápida, que Héctor no pudo reaccionar. Sólo sintió como el pequeño cuerpo de Sofía se escurría de sus manos. Ella cayó redonda al suelo y su espalda terminó muy herida. Los ojos de Héctor se abrieron con asombro, y un brillo de terror apareció fugazmente en su rostro. Sophia ahogo un grito de dolor en su interior. —‘Un poco más, solo un poco más’— se dijo así misma mientras soportaba el dolor. Podría deducir que ahora su espalda estaba completamente roja y magullada. Héctor, miro su mano, como si algo importante se hubiera escapado de entre sus dedos. Era un hormigueo que se fue disipando por momentos, volvió a apretar su mano y su mirada se volvió más feroz. Desecho esos sentimientos extraños y volvió a su aura fría. Isabella se mantenía alejada del grupo disfrutando tranquilamente del espectáculo. No pensaba intervenir. Había estado en estado de pánico cuando le oyó decir a Sophia sobre su virginidad. Pero al ver que todos no creyeron ni una palabra, su rostro estaba eufórico. Sus ojos mostraban lágrimas de dolor y su cara era angustiosa. Pero, aunque su cuerpo temblaba como si quisiera mantener las lágrimas, en realidad intentaba aguantar su risa. —‘ ¿De verdad pensaste que te iban a creer? ¡ Sofía, eres una ilusa!'—se mofó en su interior. Mientras todos miraban a su hermana con ojos de asco y rabia ella reía en su interior. Estaba tan feliz que incluso tenía miedo de hablar. —‘¡ Sophia! ¡Qué estúpida eres! ¡Creíste que decir eso bastaría para destruirme! ¡ Mira a tu alrededor, tú palabra no vale nada!’— grito con énfasis en su interior. Apretó sus uñas en sus muslos e intentó reprimir la risa. Se levantó y agarró el brazo musculado de Héctor. —Héctor... ¡Para ... por favor! —la voz suplicante de Isabella se clavó en el corazón de Héctor. Devolviéndole a su realidad, no importaba que Sophia no lo reconociera, tenía a Isabella, su futura esposa y compañera. Él miro a la pequeña chica que le suplicaba y la superpuso con sus recuerdos. Él siempre había convivido con las dos gemelas. Y siempre fue cercano a Isabella. En cambio Sophia.. Cuando su hermana la usaba como chivo expiatorio, Isabella siempre intercedía por ella. —H-Héctor no pasa nada, es mi culpa por haber nacido con su mismo rostro— decía Isabella cómo escusa vana.
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