Entre lágrimas

1038 Palabras
Isabella dejó que sus ojos se cubrieran con una capa de agua. Quería mostrarse, más miserable aún. Y el apretón fuerte de Héctor, la ayudó a conseguirlo. Parecía que lloraría en cualquier momento. Isabella agachó su cabeza y la hundió en el hombro de Héctor. Él por su parte, se sobresaltó al sentirla temblar con más fuerza. ¿Como se atrevía esta mujer a desafiarlo? ¿Acaso no siente remordimientos? Los ojos de Héctor mostraron más odio y asco en su mirada, mientras la dirigía a la joven de pie. Estaba a punto de decir algo cuando Zacary le propinó otra bofetada a Sophia. —¡paft! Esta vez el sonido fue más intenso y grave, tanto que Sophia calló redonda al suelo. —¡Muchacha estúpida! ¡¿Acaso has perdido la poca cordura que te queda?! ¡¿Como te atreves a replicar?!— la rabia en Zacary era más que evidente. Ahora su cara estaba roja de rabia. Y sus ojos mostraban una oscuridad nunca vista. Incluso su esposa se sintió un poco intimidada. — Zacary .—dijo ella mientras temblaba detrás de él. —! Cállate! —gritó aún más alto. —¡No te das cuenta de que es una niña irrespetuosa! ¡Como se atreve a meterse en la cama del señor Ashford! ¡¿Qué clase de enseñanza le has dado?! ¡¿Como pudo comportarse de esa forma con el prometido de su hermana?! ¡Como si fuera una vulgar prostituta...! Katherine se deleito con los gritos de Zacary. Sus ojos brillaron con deleite, tanto madre e hija eran iguales, unas inútiles sentimentales. Unas pobres miserables que no conocían su lugar. De entre las gemelas, Sophia era la que más se parecía a Amelia, tanto en apariencia como en actitud. Eso enfermaba a Katherine, quien siempre la desatendió por eso. Había ocasiones en las que no la dejaba ser alimentada, o la golpeaba salvajemente, alegando un mal comportamiento. Katherine cubrió con su mano su sonrisa naciente. —‘ ¡ Mira bien a tu adorada Sophia! ¡ Esa perra, acabará en el mismo sitio que tú!’— grito con alegría en su interior. Este era su momento, la oportunidad perfecta para deshacerse de un estorbó. La presencia de Sophia en la mansión Scott, era el motivo para que ella no pudiera vivir ahí. Sophia desarrollo miedo a su tía Katherine, debido al abuso sufrido. Esto así que cada vez que su padre alegaba traerla para su cuidado, enfermaba misteriosamente. Sufría convulsiones y su actitud silenciosa aumentaba considerablemente. Solo volvía a su ser con la presencia de Amelia, su madre. Antes de poder continuar con sus palabras Amelia lo silencio. —¡ Esposo!— dijo con temor. Su voz se sentía rota, pero basto para detenerlo en su intento de volver a agarrar y golpear a Sophia. Zacary mantuvo silencio ante la acción de su esposa. La vio mirarle con ojos desesperantes y enrojecidos, así que se mantuvo quieto. Amelia siempre miraba a su esposo con esos ojos teñidos de miedo. Él odiaba eso. Un ligero dolor bastante familiar recorrió su cuerpo como una onda eléctrica. Apretó sus puños y volvió su mirada hacia Sophia. —¡Arrodíllate! —ordeno nuevamente. Sus ojos se clavaron en el cuerpo de Sophia como agujas. Pero ella no cedió ni un segundo. Aunque su cuerpo temblaba de rabia. Ella mantuvo su cabeza gacha y siguió negando con ella. Su cuerpo aún continuaba en el suelo. Nadie le había tendido la mano para levantarla, ni siquiera se dio cuenta de que sus manos estaban muy maltrechas. Ella a diferencia de Isabella tenía una constitución más débil. Su cuerpo se dañaba con facilidad y era propensa a mostrar rápidamente moretones y otras heridas. Ya tenía el rostro muy hinchado, aunque lo oculto con su cabello largo. Su piel había empezado a cambiar su color, de un blanco porcelana a un rojo carmesí. Pero debía mantener oculta su condición todavía. Aún no debía ceder. Nadie podía verla en ese estado aún. No quería compasión, ya no la esperaría nunca más. Ella volvió a apretar sus uñas en la palma de sus manos y grito. —¡N-No! ¡N-Nunca! Zacary y Katherine se enfurecieron nuevamente. —¡Fue Isabella quien me dijo que me ofreciera a Ashford! ¿¡Porque soy yo la que debo disculparme!?—la voz de Sophia parecía temblorosa. Además, se negaba a llamar a Héctor por su nombre, pronunciando sólo su apellido, como un total desconocido. Ese acto, envío a Héctor una corriente por todo su cuerpo. Y su expresión se volvió más oscura aún. Con un ceño apretado y unos ojos heridos, cualquiera diría que le había dolido. Los labios de Sophia habían empezado a hincharse y ya no podía moverlos bien. Las dos bofetadas habían aterrizado en sus mejillas y labios, por lo que estos habían sido rotos hace rato, dejando un ligero de sangre que se introducía en la boca. El sabor a hierro era asqueroso, pero eso no impedía que ella continuará con su discurso desesperadamente. —¡Es ella la que quería que lo hiciera! Isabella que tenía su rostro enterrado en el hombro de Héctor, tembló sutilmente. No esperaba que su hermana actuará de esa forma. ¿Cómo podía mentir tan descaradamente? —‘ ¿ Qué te he enviado?— pensó sarcásticamente. ‘ ¡ Ni en tus mejores sueños, te dejaría tocar a mi hombre!’ grito con la mirada, mientras levantaba su rostro del hombro de Héctor. Sus ojos mostraron arrogancia y furia, pero nuevamente volvió a humedecerlos. Después de varios segundos su expresión volvió a entristecerse, ahora estaba cubierta por lágrimas incesantes y grito. — ¡ Hermana! ¡¿Como puedes decir eso... te estás oyendo?! ¡¿Acaso tiene sentido lo que dices?! ¡¿Por qué yo ...?!—dijo con voz rota y lamentable. A Isabella no le importaban los motivos por los cuales Sophia estaba actuando de esa forma. Ya ajustaría cuentas con ella más tarde. Ahora solo quería verla arrodillada y humillada, suplicando su perdón, como siempre. Ese era su mayor placer. Ya podría darse el lujo de torturarla y verla temblar como una rata. Estaba extasiada esperando ese momento.
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