Tentación

1161 Palabras
Después de los chismes y discusiones por internet, Zacary se refugio en el hospital. No quería ver a nadie, solo abandonaba el hospital cuando debía trabajar. Ni siquiera Katherine lo había visto en días y eso la tenía furiosa. Katherine se había instalado en la mansión Scott con la escusa de acompañar a su hermana. Ahora que ella no estaba, no había excusa posible. La sociedad ya había empezado a hablar sobre su estadía en la mansión. —! Estúpidas! Por su culpa tendré que irme de mi casa— grito con rabia mientras destrozaba la habitación de Amelia. Cuando Amelia estaba en el hospital, Katherine aprovecho la oportunidad y robo los vestidos que Zacary le había comprado. También se apropiaba de las joyas y de más objetos de valor. Y cuando Zacary la descubría, solo debía decir que Amelia se los había dado, como pago por cuidar a sus hijas. Pero ahora, Amelia había sido hospitalizada fuera de su alcance y ya no podía tocarla. Eso la frustraba aún más. —! Señora!—dijo una criada con temor. —! Que quieres!— grito Katherine en respuesta. — E-El señor dijo que vendría está noche— dijo con nerviosismo. Katherine detuvo su furia y sonrió con alegría. —! Así que volverá hoy! ¡ Bien! Prepara el té que te di!— dijo rápidamente. La sirvienta se tenso al oírla y volvió a preguntar. —¿E-El té? A lo cual Katherine respondió con malestar. —! Estás sorda!—grito. La criada más asustada aún asintió y salió corriendo. —! Malditos inútiles!— dijo Katherine con rabia. Luego se miro al espejo y deslizó sus manos por sus curvas, se rio. —! Se que antes te gustaba tocarme! ¡ Qué hay de malo en recordar viejos tiempos!— dijo con una sonrisa. Esa noche, Zacary estaba exhausto. Había oficiado varias reuniones importantes y luego acompaño a Amelia a sus terapias y a Sophia en sus chequeos. Solo deseaba descansar. En el despacho una de las sirvientas trajo una bebida. —! Señor, tómese esto, le aliviará el cuerpo! Zacary no presto mucha atención y simplemente bebió té para calmar su sed. No fue hasta más tarde que lamentaría haberlo hecho. Katherine se introdujo en mitad de la noche, con un camisón sugerente y un perfume familiar. Para un drogado Zacary, era como rememorar la noche que estuvo con Amelia. Fue como tenerla nuevamente con él, está vez sin miedo ni temor. Al despertar a la mañana siguiente, Zacary contempló el cuerpo desnudo de Katherine junto a él. Su cabeza estallaba, pero no recordaba nada. —‘¿Cómo diablos?’— se preguntó . Katherine sintió su cuerpo algo dolorido, por lo visto el afrodisíaco fue demasiado intenso. Pero funcionaria su plan. Giro su cuerpo lentamente y se comportó con timidez. — Zacary yo …— dijo mientras se cubría el cuerpo. Zacary agarro su bata y se levantó . —¿Qué pasó?— dijo con molestia. Él no conseguía recordar nada. Katherine soltó unos sollozos. — yo .. anoche. —!habla!—volvió a gritar Zacary. Se notaba impaciente y alterado. —Yo, solo vine a despedirme. Y tú, bueno.. pensaste que era Amelia..— luego hizo señas de las marcas en su cuerpo. Solo un tonto no entendería que habían pasado la noche juntos. Katherine volvió a cubrirse. —! Creo que .. bebiste demasiado!—dijo haciendo referencia a las botellas en la habitación. Zacary se peino su cabello con la mano y miró a su alrededor. Es cierto que tomo unos vasos ayer, pero.. ¿Tanto? La culpa y la resignación estaban invadiendo su cabeza. —! Largo!—dijo con furia mientras se marchaba al baño. Katherine vio como su amado se escondía en el baño y río con felicidad. Había conseguido su cometido, ahora no podría echarla tan fácilmente de la mansión. En el hospital, Amelia tenía el rostro muy envejecido. Aunque su rostro era bello, la angustia y la tristeza habían echado raíces en ella. Después de despertar en el hospital su nerviosismo y angustia aumentaron. Sabía los abusos que le esperaba en el psiquiátrico, pero no espero que fueran tan pronto. Para su sorpresa, no estaba en el psiquiátrico, sino en el hospital, junto a Sophia. Cuando se enteró que su hija estaba en la habitación de al lado quiso ir enseguida, pero Zacary se lo prohibió. Ella aceptó, sabía lo cruel que podía ser ese hombre si lo desobedecía. Pero eso no mitigó su tristeza. —Señora, ¿Por qué no come un poco?— preguntó la cuidadora a cargo de ella. —No tengo hambre— contesto casi al momento. Su único pasatiempo era ver por la ventana. Veía como familias enteras reían, lloraban y se abrazaban. Deseaba ser como ellos y ver a su hija. —¿Cómo sigue Sophia?—pregunto con delicadeza. La cuidadora, algo sorprendida le mostró una sonrisa. —! No debe preocuparse por ella! Su condición ha mejorado— dijo claramente mintiendo. Amelia como una muñeca sin vida, simplemente sonrió. Sus ojos jade estaban completamente opacos, no había brillo en ellos. Varela, que había sido traída por el señor Scott, era una de las mejores enfermeras que ya se habían retirado. Para su sorpresa el sueldo que ofrecía Zacary era demasiado generoso como para rechazarlo. Pero a medida que veía a Amelia, se daba cuenta que la vida de los ricos también tenía sus pesares. Para una mujer de cincuenta y tres años, encontrar un trabajo rentable era tarea casi imposible. Varela era una cuidadora privada, era de ascendencia latina, tenía el cabello y los ojos oscuros. Un rostro redondo y el cuerpo robusto. Llevaba una cruz en cuello, símbolo de su fe. —¿Crees que podrá perdonarme algún día?— pregunto Amelia, mientras aún miraba por la ventana. La cuidadora simplemente mostró una sonrisa sincera mientras se acercaba cariñosamente a Amelia. —! Puede que piense que su hija la odiara debido a lo sucedido! Pero .. yo creo que su hija sabrá comprender lo que de verdad sucedió. Al igual que cualquier otro paciente en este hospital, usted también sufre una enfermedad. Los ojos negros de Varela eran acogedores. Algo diferente a las enfermeras del psiquiátrico. Amelia, sonrió y no pudo evitar derramar unas lágrimas. —! Vamos por qué no comemos algo! Si usted promete ingerir aún que sea el zumo, yo prometo sacarla al jardín—dijo Valeria sonriendo y acercando la bandeja de comida. A través de la ventana se divisaba un hermoso patio, era una especie de invernadero en el interior del hospital. Desde la distancia se hacía lucir hermoso. Amelia estaba intrigada, pues siempre amo la naturaleza. —! Está bien!— contesto Amelia algo mas animada. Al cabo de un rato, Amelia no solo bebió zumo de manzana, sino que también consiguió comer algo de fruta y un poco de sopa.
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