Después de pasar unos días en el hospital, Amelia había perdido varios kilos, su ya delicada figura ahora estaba esquelética. Está comida, aunque fue poca, ayudo a su agotado cuerpo a recuperarse.
La visita al jardín se vio interrumpida por una visita inesperada, Katherine había acudido a mortificar a su hermana.
—¡Hermanita!— la llamo desde la lejanía, mientras se acercaba con su top n***o escotado y su pantalón acampando color crema, era un conjunto demasiado jovial y revelador para su edad. Pero su figura era bastante imponente.
En su cuello y escote se divisaban varían mascar rojas, que habían transitado a un carmesí, haciéndolas más evidentes.
Amelia, tembló su mirada y simplemente giro sus ojos hacia Varela.
— Mi hermana está aquí,¿ podrías quedarte conmigo? No me encuentro muy bien como para recibirla sola.
Susurró Amelia al oído a Varela, mientras apretaba sus manos en su bata de hospital.
Sentía miedo por lo que su hermana pudiera hacerle mientras estén solas.
Varela aceptó.
— ¡ Por supuesto, es mi deber acompañarla y no dejarla sola! — dijo la mujer con una gran sonrisa. Además Varela había recibido la orden de no dejar a Amelia sola bajo ninguna circunstancia.
Katherine se acercó con arrogancia a los dos mujeres que se encontraban en el invernadero. Ver la apariencia de Amelia, le dio una gran satisfacción. Pues la gran belleza que un día alabaron Zacary y su padre había desaparecido.
Ahora solo había una mujer vieja y demacrada, sin brillo en la mirada y las mejillas hundidas como un c*****r andante.
— ¡ Amelia! Te ves mejor ahora— dijo claramente con arrogancia y sarcasmo mientras deslizaba sus ojos por Amelia.
Varela sintió un escalofrío en la espalda. Claramente la mujer hermosa frente a ella no era de fiar. Tenía un aura oscura y siniestra a su alrededor.
El brillo oscuro en esos ojos color jade, hicieron que Varela agarrara la mano de Amelia, no por miedo sino preocupación.
— Señora, creo que el sol se está volviendo demasiado fuerte. ¿Desea volver?
Katherine, desvío su mirada a la cuidadora y luego al ambiente a su alrededor. Por lo visto, otra estúpida sirvienta había simpatizado con su hermana. Esos actos enfurecían a Katherine. No soportaba que nadie la desafiará y mucho menos que amara a su hermana.
— ¡Tú! — dijo Katherine con despotismo, marcando con su dedo a Varela.
Varela algo sorprendía, respondió con su seriedad habitual.
— Mi nombre es Varela Torres, no “tu” señora.
Katherine apretó sus ojos jade con rabia.
— ¡ Estúpida, quién te crees para hablarme así! ¡ Acaso no saben a quien tienes delante de ti! — grito enfurecida como una loca.
Amelia, que había visto muchas veces los arrebatos de su hermana se tenso al oírla, pero había alguien que no la dejo retroceder. El brazo de Valeria entrelazó con el suyo la sujetaba.
Al girar sus ojos hacia la mujer a su lado, no vio miedo o temor. Mas bien, los ojos de Varela mostraban fuerza y determinación.
— Lo lamento, no la conozco. Pero si mi presentación le causó disgusto lo lamento.
Katherine se altero más aún.
— ¡ Estás despedida, desaparece de mi vista!
Amelia siguió mirando a la enfermera con miedo, pero Valera no cambió su expresión ni por un segundo. En cambio si soltó una pequeña sonrisa.
— Nuevamente lamento no cumplir sus órdenes, pero usted no fue quien me contrato. Y yo solo obedezco a mis jefes, que son los que me pagan. — dijo con alegría, claramente esas palabras sentaron a Katherine como cuchillos.
Katherine se acercó con furia y levantó su mano hacia Varela, pero está la detuvo en el aire. Como un mujer mayor, que había luchado mucho por sobrevivir en el mundo. Ver mujeres arrogantes no era algo nuevo.
— ¡ El día que usted me pague tendrá el derecho de mandarme! Pero … ahora no es nadie ante mi. — dijo Varela con una mirada fría.
— ¡ Suéltame! — grito Katherine al sentir el fuerte agarre de la mujer.
Varela obedeció y empujó a Katherine lejos, lo suficiente como para pasar a su lado. Mientras ella se llevaba a Amelia, escucho los gritos de Katherine.
— ¡ Maldita perra! Me las pagarás ¡ Acabarás en la calle, como la perra que eres!
Amelia miro con preocupación a su cuidadora, no quería que corriera peligro. Conocía a su hermana, sabía sus alcances, además, sabía que su marido estaría de su lado. Para la pobre Varela solo le espera miseria.
— Varela .. esto. — mientras hablaba, la cuidadora la interrumpió.
— ¡ Señora! No se preocupe por mi. Los viejos ya hemos visto demasiados demonios en este mundo.— dijo guiñando un ojo. Claramente estaba haciendo referencia a la maldad de su hermana.
Pero sus palabras no ayudarán mucho a liberar la preocupación de Amelia. Por qué aunque Varela supiera confrontar a Katherine, no podría ante Zacary Scott.
Los pensamientos de Amelia se centraron en las marcas en el cuerpo de su hermana. Estaba claro que había tenido una noche ardiente. Para Amelia no era difícil imaginar que fue su marido el que las causó, Katherine ya le había dicho que eran amantes. Esos pensamientos crearon un agujero en su estómago.
— ¡ Varela, tengo náuseas! — dijo con malestar, mientras se cubría la boca.
Várela, llevo a Amelia rápidamente a la habitación. Al deslizar la puerta, en su interior Zacary las esperaba.
Al verlo, Amelia no pudo evitar sentirse peor y terminó vomitando. Su cuerpo estaba demasiado frágil y a duras penas podía mantenerse en pie, al final acabo desvaneciéndose.
— ¡ Señora! — grito Varela asustada, mientras intentaba mantener su cuerpo.
— ¡ Dámela a mí! — dijo Zacary extendiendo sus brazos hacia el cuerpo inerte de Amelia.
Varela no era tonta, había vivido demasiado y comprendía que los ojos de su jefe, claramente reflejaban amor hacia su esposa. Por eso tenia la confianza de estar en el lado ganador.
Zacary llevo a Amelia y la depósito en la cama, la cubrió con las sábanas y mando a Varela en busca de Walter.
Cuando Walter llegó, Zacary estaba acariciando el rostro delicado de Amelia.
— ¿Qué fue lo que sucedió? — pregunto mientras se acercaba con cuidado.
— ¡ La cuidadora dijo que habían salido a pasear y que ella se sintió mal, por eso volvieron! Pero, vomito y acabado desmayándose. — dijo con dolor en sus palabras. Zacary estaba preocupado y no lo podía ocultar.