Walter colocó su estetoscopio en el pecho de Amelia, su corazón parecía algo acelerado y su respiración algo alterada. Todo indicaba que su tensión debió haber bajado.
— Tranquilo, parece que su cuerpo sigue bastante débil. Creo que no es conveniente que vuelva a salir. Además, su apetito no ha regresado, es normal que su cuerpo tarde tanto en sanar.
Zacary apretó su mirada y busco a Varela.
— ¡ Te traje para que la cuides! ¿ Por qué no está comiendo adecuadamente ? — grito con furia a la cuidadora.
— ¡ Scott, la cuidadora no tiene la culpa! ¡ Ella no puede obligar a Amelia a comer! — dijo Walter, intentando calmar los ánimos.
Zacary resopló con frustración.
—¡ Por lo pronto le pondré una vía y la alimentaremos por intravenosa! Se que no es lo ideal, pero debemos aligerar un poco la carga de su cuerpo.
Walter llamó a un enfermera para realizar la operación.
Al cabo de varias horas, Amelia despertó y se encontró con un poco de dolor en su brazo y un rostro familiar observándola.
— ¡ E-Esposo! — dijo con miedo en su voz.
Amelia, claramente estaba aterrorizada. Verlo significaba problemas, seguramente con Varela.
Zacary al ver su terror, simplemente se alejo de la cama.
— ¡ Tranquila, te desmayaste y tuvieron que colocarte una vía! ¡ Como no comes adecuadamente tu cuerpo sigue débil! — dijo él algo alterado. Claramente no pretendía regañarla, pero Amelia lo tomó como una advertencia.
— ¡ Lo siento, comeré! ¡ Lo haré ¡— respondió con más temor aún.
— Amelia .. yo no…
Las palabras de Zacary se cortaron. No quería asustarla, tampoco obligarla. ¿ Porque siempre es así?
Ella siempre temblaba ante cualquier palabra de su boca. Él odiaba eso.
— No tienes que forzarte a comer, pero deberías intentarlo. — dijo Zacary, está vez con una voz más delicada, cargada de preocupación.
Amelia que había mantenido su cabeza agachada y con miedo de mirarlo a los ojos, al oírlo levantó su rostro. Contempló un mirada triste en su marido.
Ella no pudo mantener mucho el contacto visual y volvió a apartar sus ojos.
— Si, lo intentaré — dijo en voz baja.
— ¡ Bien! Me marcharé ahora.
Antes de salir, Zacary volvió su rostro hacia su esposa.
— Sophia está bien, aunque aun no ha despertado, he encontrado a alguien que sanará su cuerpo.
Esas palabras asombraron a Amelia, un hilo de lágrimas se deslizó por su rostro y aunque no pudo evitarlo sonrió.
— ¡ Gracias!
Zacary quedó consternado, la belleza de su esposa al sonreír lo dejo sin palabras.
Amelia limpio sus lágrimas y volvió su mirada hacia la ventana, en ella se perdió nuevamente.
Zacary apretó sus manos, quería verla sonreír otra vez más.
— ¡ Señor! — dijo Varela interrumpiendo los pensamientos de Zacary
— ¡ Que sucede! — dijo volviéndose hacia la cuidadora que se encontraba detrás de él.
Varela, era una mujer sin pelos en la lengua, así que ahora que tenía la oportunidad, hablo.
— ¡ Hoy la hermana de la señora la visito! Claramente no fue agradable. — con esas simples palabras Zacary comprendió lo sucedido.
Zacary no contesto a Varela ni le pregunto nada. Simplemente la dejo atrás.
Cuando Zacary llego a la mansión busco a Katherine. Ella claramente seguía llevando la misma ropa, al verla Zacary comprendió.
— ¡ Estás loca!— grito con fuerza mientras apretaba los brazos de Katherine.
— Z-Zacary. ¿ Que pasa?— pregunto Katherine con miedo.
La fuerza de agarre de Zacary era intensa.
— Sigues siendo tan estúpida como antes. ¡ Te quiero fuera! — luego llamo a Glen.
— ¡ Sácala! — le ordeno a la ama de llaves. Ella asintió y fue en busca de sirvientas para preparan la marcha de Katherine.
Katherine no entendía nada, agarro con desesperación a Zacary y rogó.
— Zacary, no me eches. No tengo donde ir, vamos anoche…— Zacary la interrumpió y la empujó al suelo con furia.
— ¡ Cállate! Te lo advierto, no vuelvas a repetir lo que sucedió o te cortaré la lengua. — después de la amenaza, Zacary abandono a una Katherine consternada en el suelo.
Katherine grito con rabia y golpeó el suelo. Como habían salido mal sus planes. Se suponía que Zacary la aceptaría como su amante. ¿Acaso no fue complaciente la noche que pasaron juntos?
Había imitado el perfume de Amelia y usado su camisón, como no podía aceptarla.
—‘! Maldita perra!’— pensó Katherine en su interior.
Debía evitar que la echarán de la mansión Scott, pero la única que podía evitarlo estaba fuera. Katherine fue a la habitación de invitados donde había sido instalada, ahí arrasó con cualquier objeto que encontró. No dejo nada intacto.
Por mucho que pensaba en formas de evitar marcharse no se le ocurrirá ninguno. Podría llamar a Isabella y pedirle que interceda, pero eso no serviría de mucho.
Ya el día de su partida se dio cuenta que ella y su padre no estaban en sus mejores términos. Por otro lado, Amelia estaba en el South Queen, no podía tocarla ni atormentarla. Y de nada le servía drogarla ahora, ella ya no vivía en la mansión.
Katherine alboroto su cabello rojizo con énfasis, de repente el sonido de un anillo llamó su atención.
Era un anillo de pedida, contenía una perla blanca y un pequeño diamante a su lado. Era algo sutil y delicado, nada llamativo y poco valioso. No era una joya adecuada para una mujer como ella.
Recogió el anillo y mientras jugaba con él, su mirada se intensificó más aún.
— Todavía lo tengo a él. — dijo mientras dibujaba una larga sonrisa en su rostro.
Se colocó el anillo y simplemente salió de la habitación. Poco después de todo aquello, la ama de llaves prepararo cuatro maletas. Todas con las pertenencias de Katherine.
En el extranjero, en un penthouse en la cuidad de Nueva York, los gemidos y jadeos provenientes de la habitación se hicieron presentes en el lugar.
—¡ Cuando me llamaste, no pensé que terminaríamos haciéndolo! — dijo entre jadeos un joven rubio y robusto. Hablaba en inglés y su acento era bastante marcado.
—¡ Oh! Cállate … tú solo continua— grito Isabella mientras apretaba sus caderas y clavaba sus uñas en la espalda del joven. Su postura era de ella encima y se encontraban en la sala de estar.
Era evidente que el acto había empezado y terminado en ese lugar. Había varios libros de marketing empresarial sobre la mesa, pero estaban sin abrir.