Dos días después... El ambiente de la oficina era frío, tenso y formal, como si el edificio entero presintiera que algo estaba por estallar. Iris entró con paso firme, su silueta envuelta en un conjunto de oficina n***o entallado, blusa blanca de seda con un escote discreto pero sugerente, y tacones que marcaban cada paso como un latido de guerra. Había decidido no pensar más en Alexander. O al menos fingir que no. —Buenos días, señorita Delgado —saludó el recepcionista, algo nervioso por su expresión firme. —Buenos días —respondió con una sonrisa profesional, sin perder la frialdad. Subió al piso 32 sin mirar a nadie. Sabía que él estaría allí. Y que la observaría. Pero ese día, ella no iba a titubear. Al llegar a su estación de trabajo, dejó su bolso, encendió la pantalla y se s

