Intenso. Sí, intenso y adictivo, así fue. Desde el primer momento en que sus labios se posaron en los míos, me di cuenta de lo difícil que sería contenerme. La primera vez que me besó pude notar que sus labios eran suaves y experimentados, a diferencia de los míos que eran algo bruscos, torpes y sólo habían besado a tres personas en su vida, bueno, ahora eran cuatro. Me dejé llevar, no sabía bien lo que hacía, solo sabía que era lo que quería en ese momento. No sabría decir cuánto duró, solo que fue largo, intenso y me había dejado con ganas de más. La sensación que se provocaba en mi interior al besar sus labios y estar junto a él, era algo que nunca había sentido, ni siquiera con Alex, el supuesto amor de mi vida. Recordé.
- Es simple, cuando dos personas tienen química, de una u otra forma terminaran juntos. Ellos sólo se están dejando llevar por su instinto.
Nuestras miradas se cruzaron justo después de eso.
- No creo que sea tan simple -dije sin estar completamente convencida.
- ¿En serio? ¿Y cómo explicas esto? -me besó y no pude evitar corresponder su acción.
Me alejé de sus labios momentáneamente y abrí los ojos, como para entender lo que estaba sucediendo, y cuando él estaba por hablar, lo besé para evitar que arruinara el momento, y al parecer le agrado mi reacción, dado que me correspondió con una sonrisa en los labios. Al principio todo era simple, dulce y calmado, pero a medida que pasaba el tiempo, las cosas se tornaban poco a poco más intensas y apasionadas, cada vez necesitaba más y más sentir sus labios en los míos, su cuerpo junto al mío, ser suya y que él fuera mío. Y así subiendo la intensidad de sus besos gradualmente, fue como llegué aquí, a un cuarto que no era el mío, a una cama en la que no estaba acostumbrada a dormir.
- Tenías razón -dije aún algo agitada.
- ¿Sobre qué? -dijo, y podía notar por su voz que él se encontraba en las mismas condiciones- ¿Sobre lo de tener química?
- Sí - dije y me volteé para ver su cara al hablar.
Rio y luego dijo:
- Eso lo aprendí a la mala, cuando estaba en la secundaria -sonrió al recordar- Tenía 16 años, y me llevaba realmente mal con una chica de mi clase, su nombre era Samanta Cinnamon, ella y yo peleábamos por cualquier cosa -dijo y volteó hacia mí, mirándome directamente a los ojos- Y eventualmente, como ya te imaginarás terminamos juntos. Se podría decir que fue mi primer amor -suspiró.
- Y... ¿qué pasó? -pregunté curiosa, sintiéndome entrometida- ¿Por qué rompieron?
- No lo recuerdo, creo que simplemente fue porque aún éramos muy jóvenes para estar en una relación seria -dijo algo melancólico.
- Oh -dije sintiéndome mal por preguntar, pero algo más daba vueltas en mi cabeza- ¿Qué pasará ahora?
- ¿A qué te refieres?
- Quiero decir, nunca había hecho algo como esto...
- ¿Dejarte llevar por tus impulsos? -dijo James leyendo mi mente.
- Sí, pero no de esta forma -dije intentando explicar- Mi novio de la secundaria fue mi novio como por los últimos diez años y...
- ¿Nunca habías estado con nadie aparte de él? -preguntó divertido por mi nerviosismo.
- No, y menos sólo por un impulso –dije de forma liberadora.
- Bueno, yo tampoco había hecho algo como esto -lo miré dudosa- Bueno sí, pero no exactamente como esto -dijo, y luego se explicó- La mayoría de las veces duermo con chicas que apenas conozco, chicas que sólo conozco de un par de horas, o de un par de citas. Nunca había dormido con una amiga, y menos con una que viera más que como una amiga -dijo y se calló automáticamente como si hubiera dicho algo incorrecto.
Levanté una ceja y lo miré esperando.
- No es nada, es solo que me he dejado llevar por unas ideas que Noah ha plantado en mi cabeza.
- A mí también me ha estado metiendo ideas en la cabeza últimamente. Parece que tenía razón -dije seguido de un suspiro.
- Eso creo, aunque volviendo al tema anterior -dijo inseguro de si continuar o no- tenemos básicamente dos opciones, fingir que todo esto nunca pasó, o probar a salir un tiempo, a ver como resulta todo -dijo esperando mi respuesta.
Esperé un poco antes de responder, necesitaba pensar las cosas antes de inclinarme por alguna opción. Dependiendo de la decisión que tomara cambiaría o no la estable forma de vida que llevaba hasta ese momento.
Lo pensé y luego dije:
- Y… ¿qué quieres hacer tú? -le pregunté, porque me pareció lo correcto, ¿por qué debía ser yo quien decidiera?
- Eh... no lo sé. La verdad no esperaba que lo preguntaras -rió- Siempre son las chicas quienes deciden, ¿no?
- Eso creo.
- Mm… no sé qué responder. Siendo honesto, tú me caes bastante bien y me gustas mucho físicamente, pero no quiero obligarte a hacer nada. Supongo que es por eso por lo que siempre le pregunto a las chicas qué quieren hacer en lugar de tomar una decisión por mi cuenta -dijo meditando el tema un poco.
- Está bien, seré 100% honesta contigo -dije tomando una gran bocanada de aire- No quiero una relación seria, pero también quiero volver a hacer esto contigo.
- ¡Vaya! Cualquiera diría que eres un chico -rio.
- Pero, tú ya sabes que eso no es cierto -dije, y seguido de esto el asintió riendo, divertido por mi reacción- Entonces, ¿qué dices?
- De acuerdo, pero solo hay una cosa que no me agrada.
- ¿Qué? -pregunte curiosa por saber la respuesta.
- La idea de que duermas con otros.
- Creo que a eso se refiere la diferencia entre relación seria y no seria.
- ¿En serio? Yo creí que estaba más relacionado con eso de decir novia, novio, etc. Además de tener proyecciones de vida y esas cosas que hacen las parejas.
- Entonces quieres que sea tu novia, pero, sin ser por completo tu novia. Algo que este entre amigos con derechos o beneficios y ser novios. ¿Es eso?
- Sí, es exactamente eso -sonrió algo dudoso.
- En ese caso, problema resuelto -sonreí- Ahora puedo dormir tranquilamente por el resto de la noche -de pronto me surgió otra duda- James, tengo otra duda.
- ¿Cuál?
- Debería dormir aquí contigo, o es mejor que me vista y huya en dirección al 505.
- Generalmente, las chicas se van. Pero eso es cuando son sólo chicas -dijo James haciendo que me sintiera levemente más importante- Puedes hacer lo que quieras, si quieres quédate o si no huye, yo fingiré que estoy dormido para que te sientas menos culpable- dijo guiñando exageradamente un ojo.
- Me quiero quedar a hablar, y a entender como tu madre te enseñó a cocinar, pero no a guiñar -reí.
Y así, nos pasamos toda la noche hablando, no paramos de hablar hasta que salió el sol y nos entró el sueño. Al acurrucarse para dormir, James me abrazo espontáneamente, y no me molesté en desprenderme de su agarre. La verdad, se sentía bien, era agradable, era cálido, era real.