Capítulo 3: Día libre

3079 Palabras
Desperté por culpa del intenso olor a café que había en mi habitación. Aún sin estar muy despierta, me paré y fui a ver qué ocurría. Al salir de mi cuarto, y simultáneamente entrar al cuarto común que eran la sala y el comedor, vi mi televisor encendido, transmitiendo un partido del Manchester City contra el Tottenham, y lo primero que pensé fue: Noah. Treinta segundos después comprobé que mi teoría era cierta. - Veo que la bella durmiente decidió despertar -dijo en broma mientras miraba el partido. - Exagerado, son solo las 8:30 -dije apuntando el reloj de la televisión- ¿Por qué me despertaste tan temprano? -pregunté como si me doliera la cabeza. - Yo no te desperté, tú te despertaste sola -dijo teniendo la razón. - Bueno, entonces ¿qué haces acá? - Nada, sólo vine a ver la repetición del partido de ayer -dijo simplemente. - Eso no responde mi pregunta -dije mientras me servía una taza de café. - ¿Qué quieres decir? -dijo sin despegar su mirada del televisor. - Podrías haber visto el partido en tu casa, ¿no? - No, tu televisor es más grande. Suspiré, nunca entendería a los hombres. Me senté junto a Noah para ver el partido, ya había visto a su equipo jugar un par de veces, una en casa de Noah porque no tenía con quien verlo, y otra vez en la pastelería, mi jefa era fan del mismo equipo. - ¿Por qué están jugando tan temprano? -pregunté bostezando. - ¡Oh, no! -dijo divertido por mi pregunta- Es una repetición -dijo aún muy divertido por mi ignorancia en el tema- Ningún equipo juega tan temprano, y menos un lunes, payasa. - No te burles -dije sin estar realmente molesta- Sabes que no sé nada de fútbol. - Lo sé, perdón -dijo y continuó mirando el televisor. Mientras Noah miraba el partido en mi sala, aproveché de tomar un baño y vestirme. Era mi día favorito de la semana: lunes. Me gustaba el lunes porque era mi único día libre en la pastelería. Podía hacer muchas cosas con mi tiempo libre, por lo general iba caminando al supermercado a abastecerme de provisiones, a veces me acompañaba Noah en su auto, para no tener que cargar las bolsas, pero prefería ir caminando para observar algo la ciudad. Cuando ya estaba lista para comenzar mi día, salí a la sala para ordenar un poco, pero me encontré con un limpio y ordenado apartamento, nada parecido al que estaba allí hace un rato. Sonreí ante la preocupación de Noah, era verdaderamente como el hermano mayor/mejor amigo que nunca había tenido. Salí a eso de las 9:45 a.m. del edificio con la intención de recorrer un poco la ciudad, pero no sabía dónde empezar. Pensé un rato, y estuve de acuerdo con mi conciencia sobre que debíamos haber salido con Noah, pero ya era tarde. Después de un rato de caminar sin rumbo por la misma calle de mi edificio, decidí que mi recorrido por la ciudad debía ser planeado con al menos una noche de anticipación, y con un guía conocedor de la ciudad. Al detenerme, con la intención de voltear e ir hacia el supermercado que estaba en la dirección contraria a mi camino, me encontré con un local donde se rentaban películas. Entré, pero sólo con la intención de mirar qué películas tenían. Me di un par de vueltas por la tienda, y tomé tres cajas de películas que siempre deseé ver, pero no había tenido la oportunidad. Le entregué las cajas a la chica en el mostrador, quien me miraba emocionada desde mi entrada al local, sólo existían dos motivos lógicos para su expresión, o era su primer día trabajando, o no tenía clientes hace mucho tiempo. - Hola -dijo la chica tras el mostrador- Eres mi primer cliente -sonrió- Soy Mary -se presentó. - Hola, mucho gusto. Mi nombre es Lucy -dije sonriente. - Entonces, ¿quieres rentar estas películas? - Si, así es. - Bueno, sé que el local es nuevo y todo eso, pero... Nuevo, eso era, a eso se debía la emoción por mi visita, pensé. Aunque era una juzgada arriesgada abrir un local de renta de películas en tiempos donde el internet reinaba. -... necesitaré que te registres -dijo algo insegura. - Está bien, no hay problema, ¿Cómo lo hago? -dije interesada. - Es muy fácil, solo hay que llenar esta ficha -dijo sacando una hoja de la parte baja del mostrador- Después de llenarla me entregas alguna identificación para comprobar que tú eres tú y listo -sonrió. - Está bien. Lo haré ¿tienes un lápiz? - Aquí tienes -dijo entregándome uno. - No hay problema si lo lleno aquí mismo sobre el mostrador, ¿cierto? - No, claro que no -rio ante mi pregunta. Empecé a llenar el formulario, mientras lo hacía el ambiente se empezó a poner un poco tenso o incómodo. - Y... ¿este local es tuyo? -pregunté intentando romper el hielo. - Bueno, algo así -sonrió- A decir verdad, no es exactamente mío -dijo explicando- Yo administro la tienda y eso, pero el dueño de todo y también el que pone el dinero para hacer funcionar el lugar, es mi hermano mayor. - Entonces ¿es como un negocio de hermanos? -pregunté continuando con la conversación. - Sí, se podría decir que si - dijo bastante convencida de ello- Y tú, ¿a qué te dedicas? - En este preciso momento de mi vida, soy cajera de una pastelería -dije sin que la idea me agradara mucho. - Pero esperas darle pronto un giro a tu vida. - No exactamente. Mi vida ha cambiado bastante durante el último mes, por ahora quiero estabilidad, y quizás en dos o tres meses busque algo mejor -respondí pensativa. - ¿En serio? ¿Qué paso? -preguntó, pero yo no entendí- ¿Por qué dices que tu vida ha cambiado tanto? -preguntó curiosa. - Eres bastante curiosa Mary -dije evadiendo su pregunta- Aquí tienes -le entregué la ficha- Llené todos los espacios -le informé mientras sacaba mi tarjeta de identificación. - Perdón, no quise meter la pata -dijo algo culpable- A veces soy demasiado entrometida. - No hay problema -dije con una sonrisa comprensiva y le entregué mi tarjeta. Mary tomó mi tarjeta y comenzó a revisar que los datos que ambas compartían coincidieran. - ¿Qué haces? -pregunté ya llevaba más tiempo del esperado. - Nada, sólo miro el resto de tus datos personales -sonrió, orgullosa de ser quien es- No quise meter más la pata, pero ¿por qué no mencionaste que eres de Nueva York? - Lo olvidé por completo -respondí- ¿Necesitas que te entregue mi pasaporte? De pronto puso una cara de sorpresa tremenda. - ¿Qué sucede? ¿Hay algún problema con que sea extranjera? - pregunté preocupada. - No. Nada. Tranquila -dijo relajándome- Lo que pasa es que vivimos en el mismo edificio. - ¿En serio? -dije sorprendida- Supongo que el mundo es realmente una servilleta -dije algo feliz y extrañada- ¿En qué número vives? - En el 504, ¿y tú? Vaya, esta vez realmente abrí la boca de sorpresa. - No vas a creerlo -dije aún sorprendida- Vivo en el 505 -dije y Mary se sorprendió casi tanto como yo. - O sea que tú eres la chica que alquiló el apartamento con la peor vista de la ciudad -dijo entre preguntando y afirmando. - Eso creo, ya es la segunda vez esta semana que me lo dicen. - Bueno, no hay nada más interesante en tu ficha. Estás oficialmente registrada -sonrió y me devolvió mi identificación. - Entonces, ¿qué debo hacer ahora para llevarme los vídeos? - ¡Oh, cierto! -exclamó- Pasa por aquí -dijo caminando solo dos pasos a su izquierda, quedando frente a una máquina registradora- Tengo que anotarlos a tu nombre, pero para eso tendrías que estar en el sistema del computador -dijo algo avergonzada. - No hay problema, tengo el día libre -dije para que se relajara y tomara el tiempo necesario, después de todo era su primer día. Por suerte, no estuve todo el día en el local de películas, pero si estuve un buen rato mientras Mary me ingresaba al sistema, salí de ahí eso de las 11 a.m. con tres buenas películas que debía devolver el lunes próximo. Regresé a mi hogar y dejé las películas sobre la mesa, luego tomé la lista de compras para dirigirme al supermercado. Estuve como 3 horas comprando, la lista de esa semana era muy larga y las filas del lugar también. Llevaba muchas bolsas y no podía regresar a casa caminando. Tomé un taxi que me dejo a una cuadra de mi edificio, debido al tráfico, me dio igual, era una distancia caminable y yo tenía tiempo. Lo que si me molestó un poco fue que al llegar al edificio el ascensor estuviera descompuesto, pero me resigné, eran solo cinco pisos. Subía lentamente las escaleras, esperando llegar pronto al quinto piso. Sin embargo, cuando había logrado subir un piso, mi salvación se presentó. - ¡Lucy! -me llamó una voz conocida- ¿Necesitas ayuda? -preguntó James quitándome las bolsas, sin darme tiempo para responder. - Eso fue rápido, podrías dedicarte a robar bolsas de supermercado -dije bromeando. James rio, y luego dijo: - Estoy acostumbrado, cuando era más joven, y vivía con mis padres, mi mamá nos regañaba a mí y a mi hermano si no corríamos a ayudarla con las bolsas. - Me parece que fue un gran entrenamiento -dije observando que ya estábamos en el tercer piso- ¿Qué te trae por aquí? - Nada, lo de siempre, subir 22 escaleras para llegar a mi loft -dijo sarcástico. - Suena a una gran forma de ejercitarse. - Lo es, más cuando traes 50 kilos en compras de supermercado -se quejó. - Tú te ofreciste -le recordé. - Porque supuse que pesarían menos que las de mi mamá. No lo mismo -dijo defendiéndose. - Bueno, ya llegamos al quinto piso, puedes darme las bolsas y dejar de quejarte -dije estirando las manos. - Y ¿quedar como alguien no gentil? -dijo como si lo estuviera ofendiendo- ¡Jamás! Te acompaño hasta tu casa -ordenó mientras caminaba por el pasillo. - Lo seguí, después de todo no tendría que cargar con las bolsas. Abrí la puerta y James se quedó indeciso de si entrar o no. - Pasa, puedes dejar las bolsas en la mesa. ¿Quieres algo de beber? Tengo jugo, leche y… agua -dije amablemente para que se relajara. - Sí, claro me vendría bien un vaso de jugo -sonrió mientras dejaba las bolsas en el lugar indicado. Serví dos vasos de jugo y le entregué uno a James antes de empezar a ordenar mis compras. - Aquí tienes Jamie. - Jaja. Muy graciosa -dijo algo molesto- Gracias -sonrió. - No, gracias a ti por tu ayuda. - Cuando la necesites. Siempre estoy desocupado. - Bien, lo tendré en mente -dije y comencé a guardar las primeras cosas. - Como ahora, por ejemplo, ¿no necesitas ayuda? - No te preocupes, ya ayudaste suficiente, y además demostraste tu gentileza -reí. - Yo insisto -dijo fingiendo la voz de un caballero. - Como quieras, aunque de cualquier modo no sabes dónde debe ir cada cosa. - Pues, tú me lo dirás. - Bueno -sonreí. Entonces comenzamos a guardar lo que había comprado ese día en el supermercado. La verdad no fue muy difícil indicarle a James donde iba cada cosa, ya que, la cocina seguía casi igual a como era cuando él vivía ahí. Al momento justo, en que terminamos de guardar todo, mi estomago sonó hambriento, provocando que me avergonzara como nunca. - Me suena a que tienes hambre -dijo James bastante relajado. - Quizás sea porque aún no he almorzado -me justifiqué. - Yo tampoco -empatizó- Y aunque mi estomago no me haya delatado todavía, muero de hambre. - ¿Quieres cocinar algo juntos? -dije amigablemente, sin ver una segunda intención en ello. - Seguro, ¿por qué no? - Ya sabes lo que hay para comer, ¿qué se te apetece? - No lo sé. ¿Algo rápido? - ¿Fideos? - Está bien, siempre y cuando yo prepare la salsa -sonrió y nos pusimos a cocinar. Y para entonces, aunque me fuese difícil notarlo en ese momento, debía admitir que me estaba empezando a agradar James Covell más que como solo un amigo. - Tienes que probar esto -dijo James poniendo la cuchara en mi boca, casi obligándome a comer. - ¡Oh por dios! ¿Dónde aprendiste a cocinar tan bien? - También es culpa de mi madre -rio- Siempre me dijo que un hombre atractivo y moderno, tenía que saber cocinar muy bien. - Pues estaba en lo correcto -dije sin pensar, aún muy cerca de James. - ¿Tú crees? - dijo James acercándose peligrosamente. - Sí, bueno... quiero decir... -decía yo muy nerviosa, pero sin moverme, como esperando a que me besara. Y cuando estaba a punto de besarme y sentía como nuestros alientos se mezclaban... fui salvada por... ¿la “campana”? - ¡Lucy! ¿Estás en casa? -dijo la voz de mi mejor amigo, provocando que James y yo nos separáramos rápidamente. - Estamos en la cocina -dije sospechosamente rápido. - ¿Estamos?, ¿Tú y cuantos más? -dijo la voz acercándose. - Solo estamos yo y... -Noah llegó a la cocina antes de que terminara. - Oh -sonrió Noah ante la obvia situación- Hola James -saludó Noah a lo que James respondió con un gesto de mano- Parece que ya prepararon algo de comer. - Sí, preparamos algo rápido. Fideos y salsa Covell -dijo James rápidamente. - Y yo que venía a buscarte para comer -dijo Noah refiriéndose a mí, y James me miró como si dudara si me quedaría o no. Podía sentir un poco de tensión en el ambiente. - Podrías quedarte a comer con nosotros -dije intentando aligerar el ambiente. - No podría, no quiero interrumpirlos -James y yo lo miramos con cara de no entender- Pude notar que estaban en medio de algo cuando llegué. - ¿Qué? No estábamos en medio de nada -dijimos rápido y al mismo tiempo los dos sospechosos. Noah nos miró incrédulo. - Es en serio, no estás interrumpiendo nada -dije con la voz más sincera que pude fingir- Insisto en que deberías quedarte. - Está bien, me quedaré. Nunca he rechazado la salsa especial de James, y hoy no es un buen día para empezar -me relajé. La salsa especial de James sabía igual de bien mezclada con simples fideos, su receta era realmente deliciosa. La comida fue bastante normal en cuanto a la conversación, cada uno habló sobre su mañana y todo fluyó bastante bien, a mi parecer no hubo más momentos incómodos. James se retiró antes porque dijo que tenía un par de asuntos por resolver, dejándonos solos a Noah y a mí. - Entonces, ¿James te gusta oficialmente? -preguntó Noah moviendo las cejas, con mucho interés en saber la respuesta. - Sí, me gusta James y mucho -dije segura- Pero como amigo -terminé, matando su ilusión. - ¿Cómo puedes decir eso después de estar a punto de besarle? - ¿Cómo sabes eso? -pregunté muy sorprendida. - No lo sabía. Tú me lo acabas de decir -rio victorioso. - Te odio -dije con falso enojo. - Me da igual -dijo con verdadero desinterés- Volvamos a lo importante. Siendo 100% honesta, ¿No te gusta James ni un poquito? -realmente estaba interesado en el tema. - ¿Siendo 100% honesta? -Noah asintió con la cabeza- Bueno, sí y creo que más de lo que debería. Pero no estoy lista para estar con alguien. - ¡Ese es el problema! -lo miré algo confundida- Ése, es el problema que tienen todas ustedes, las mujeres - seguía sin entender del todo- De hecho, en tú caso son dos: Primero, ¿por qué tienes que necesariamente estar comprometida o en una relación formal para involucrarte con alguien? -hubo una pequeña pausa- Y segundo, ¿por qué tienen que pasar como 6 meses antes de que alguien te pueda volver a gustar en serio? -suspiró algo frustrado- Si encuentras a alguien que te agrada y te hace sentir bien el sólo mirarlo después de 1 mes, es porque tenía que pasar, ¿por qué habrías de esperar? -dijo algo molesto con las mujeres en general- Es cierto, hay que vivir alguna especie de duelo después de una relación y eso, pero si te llegas a enamorar o si realmente sientes deseos de estar con alguien, significa que tu duelo ya terminó, y que ... - ... y la relación no era tan importante como se suponía -dije automáticamente- Ese es el porqué, no queremos sentir que nos equivocamos, y que todo no era tan real como creíamos -dije con una voz tranquila, pero con los ojos llenos de lágrimas- porque sentiríamos que todo fue solamente tiempo perdido. - Pero no lo fue, Lucy. Quizás todos dirían que 10 años de relación con un patán que terminaría engañándote, fue tiempo perdido, pero no lo fue -dijo consolándome- Todo lo que vivimos en nuestras vidas, sea bueno o malo, es para aprender, no sólo del mundo, sino también de nosotros mismos -las lágrimas comenzaron a caer- Esos años no fueron una pérdida de tiempo, además, ¿cuál fue una de las primeras cosas que te dije? - Aún te queda mucho por recorrer. - Y sigue siendo tan cierto como lo era hace un mes -dijo logrando que me sintiera un poco mejor- Déjate ser feliz. Prueba a salir un tiempo con James, no tiene por qué ser algo serio. Eso hizo que me pusiera a pensar. - Voy a subir a la azotea un rato, sólo para mirar las estrellas -dije y acto seguido me pare para realizar la acción anteriormente mencionada. Estaba tranquila, en la parte más alta de mi edificio, simplemente observando la calle, como la gente vivía su vida, cuando alguien más llegó. - ¿Qué haces aquí? - Observo. Y ¿tú? - Nada, sólo subí a fumar. ¿Qué observas? - A la gente vivir su vida -reí. - ¿En lugar de vivir la tuya? Asentí. - ¿Ha pasado algo interesante? - Bueno, esos dos que se están ahogando uno en el otro, se acaban de conocer-dije apuntándolos- No puedo entender como se pueden comportar de ese modo con alguien que acaban de conocer -dije realmente sin comprender. - Es simple, cuando dos personas tienen química, de una u otra forma terminaran juntos. Ellos sólo se están dejando llevar por su instinto. Nuestras miradas se cruzaron justo después de eso.
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