Al día siguiente Sophie y Aidan llegaron más pronto de lo normal a su despacho. Iban a investigar todos los últimos movimientos de Sasha Kelly. Actividades nuevas, sitios típicos, algo casual… Incluso iban a mirar sus r************* y las de sus conocidos para asegurarse de que no hubiese algo realmente raro o llamativo. Además, tenían el segundo dibujo y tenían pensado investigar los posibles sitios donde pudiese ocurrir el crimen, pero la única pista que parecían tener, es que esta vez encontrarían el cuerpo en un sitio público. No sabían quién, dónde ni cuándo. Y solo eran dos, aunque Murphy les había comentado que les pondría más agentes e investigadores para ayudarles.
─Maldita sea. Aquí no hay nada─dijo Aidan dos horas después de revisar los movimientos bancarios.─Lo único que no parece saber el marido es que cada viernes va a tomar un café cerca de Trinity College.
─Podríamos preguntar si se ve con alguien ahí… No hay fotos de ella ahí. Parece extraño si es una rutina.
─Una rutina interrumpida hace dos semanas. Ese día no fue, o pagó con dinero.
─No es algo normal. Si tienes una rutina, no sueles romperla.
─Yo pago con dinero en algunos supermercados algunas veces a pesar de pagar normalmente con tarjeta.
─Me refiero a que no vaya a la cafetería. Deberíamos preguntarle a su marido si sabe si tenía algo que hacer ese día.
─Le podemos llamar.
─¿Puedes ocuparte tú? Voy a ir a por café. ¿Quieres uno?
─Porfavor.
─Perfecto. Entonces, ahora vuelvo.
Sophie se levantó de su silla y una vez fuera miró su móvil. Había recibido un mensaje de Niall. “¿Te va bien cenar mañana en Temple Bar?” preguntaba. Sophie pensó un poco. No tenía nada que hacer y si realmente conocía a alguien que la podía ayudar con su hermano, necesitaba probar. “Perfecto. Dime la hora y ahí nos vemos” escribió como respuesta. Guardó de nuevo su móvil y empezó a caminar para ir a comprar café. Podría ir a la sala de descanso y hacer dos rápidamente, pero el café de ahí le sabía horrible. Era solamente agua con gusto a rancio y estaba cansada de beber eso. Además, a un par de calles de la comisaría había una buena cafetería. En llegar al ascensor las puertas se abrieron antes de que ella pulsara el botón, así que miró quién era. Molly.
─Ah, Sophie. Buenos días.
─Hola...─saludó ella, confundida.─No sabía que ibas a venir.
─Ya, ha sido una decisión de último minuto. Necesitaba hablar algo con Aidan…
─Comprendo. Por suerte podréis hablar solos un rato. Voy a por café, así que…
─¿Está en el despacho?
─Sí. Puede que esté haciendo una llamada en relación al caso que estamos investigando, así que intenta no hacer mucho ruido cuando entres.
─Ya. Nos vemos─dijo Molly en un tono serio y frío que sorprendió a Sophie. Siempre era una mujer alegre y viva, además de amable, pero en ese momento no parecía que fuese de esa forma.
Sophie se metió en el ascensor y le dio al botón de planta baja, y mientras las puertas se cerraban vio a Molly acercarse al despacho.
Murphy acababa de recibir una llamada de la científica. Le habían confirmado que la razón de la muerte de Sasha era que alguien la había ahogado con una cuerda fina, pero en su cuerpo no había trazas de drogas. Eso significaba que no la había obligado a tomar nada, pero podía haber usado cloroformo y haber hecho que perdiese el conocimiento, aprovechando el momento para matarla. ¿Pero por qué esa ropa y las flores? Sabía que iba a necesitar más agentes en el caso y no solo a Doyle y O’Reilly, a pesar que eran buenos agentes y que se estaba considerando ascender a Sophie. Suspiró y se recostó en su silla mientras observaba la calle por la ventana. Terminó llamando a otros de sus hombres para informarles que iban a trabajar en el caso y les explicó que era posible que estuvieran a punto de tratar con un asesino en serie después de muchos años sin ninguno en la ciudad.
Estaba enfrente de su puerta y podía oír gritos en el interior. No sabía si abrir o no. Seguramente no sería lo mejor, pero tenía que seguir trabajando. Además, el café se estaba enfriando. De repente el ruido cesó. Sophie cogió aire y abrió la puerta. Molly estaba enfrente de la mesa de Aidan, quien tenía la cabeza entre las manos. Parecía estresado y cabreado, por lo que se le marcaban las venas en el cuello. Con el ruido de la puerta Molly se había girado, pero en ver a Sophie había fruncido el ceño. Ella lo ignoró y se acercó a la mesa de su compañero y le dejó el café encima.
─No tardes demasiado o se va a enfriar─comentó.─Um… Molly… lo siento pero estamos bastante ocupados con el caso… y son horas de trabajo, así que…
Chasqueó la lengua. Era algo extraño en esa mujer, pero en ese momento lo había hecho.─Ya hablaremos esta noche─dijo, mirando a su marido.
─Dudo que pueda venir. Es complicado y necesitamos investigar a fondo─mintió Aidan. No tenía ganas de seguir esa estúpida conversación, y si para ello tenía que dormir en el despacho, lo haría.
─Seguro que podrás volver a casa…
─No creo, somos pocos y necesitamos a todos los agentes disponibles─contestó.─¿Verdad, Sophie?
─Ah, sí… Es algo complicado.
─Si piensas que puedes escabullirte, sácate la idea de la cabeza, Aidan. Adiós.
Molly salió del despacho dando un portazo, y entonces el hombre suspiró sonoramente. Hundió completamente su cabeza en las manos y golpeó el café. Un poco se esparció por la mesa, pero Sophie lo cogió antes de que se cayera todo. Sacó un pañuelo y secó la mesa, pero Aidan de repente la detuvo, cogiéndole la mano.
─¿Podemos hablar?
─En el descanso, ¿vale?
─Gracias por cubrirme. Ya lo limpio yo, no te preocupes. Gracias por el café.
Sophie retiró su mano y volvió a su silla. Cogió su café y dio un sorbo largo mientras miraba de reojo a su compañero. Las últimas palabras las había pronunciado roncamente y su mano había ardido cuando se la había cogido. Volvió a beber y cogió los papeles enfrente suyo para vaciar la mente de pensamientos innecesarios.
─No deja de decirme que Callum aprende demasiado poco y lento en el colegio donde está, que en la nueva escuela incluso aprendería lenguas extranjeras además de saber apreciar la religión y no sé cuántas tonterías más… y ya no la aguanto. Ni siquiera me está pidiendo mi opinión, me está diciendo que piensa hacer lo que quiera. Molly cada vez es más inaguantable y estresante─explicó Aidan, apoyado en la pared de la terraza.
─Igual le pasa algo… no sé, algo hormonal─murmuró Sophie.─¿No estará…?
─Imposible. Con el tiempo que hace que no nos acostamos, en su cuerpo se notaría. Solo está siendo pesada. Además, ha oído a las vecinas que es un colegio de prestigio, y solo quiere que nos consideren algo que no somos.
─¿Tan mal va entre vosotros? Seguro que solo es esto… Ya se le pasará.
─No, Sophie. Cuando no es el colegio es la casa, y sino la comida, o una mascota o cualquier excusa para discutir.
─¿Pero la quieres?
─Ya no lo sé. Solo deseo que haya tanto trabajo que no pueda ir a casa.
─¿Entonces no sería más fácil separarse?
─Ella terminaría con la custodia de Callum argumentando que trabajo tanto que no podría cuidar de él. Me sacaría todo el dinero que pudiese y yo me quedaría sin ver a mi propio hijo. Solo me queda aguantarla, pero… es demasiado. Desearía que fuese más como tú. Cuando quieres un cambio das tu opinión y preguntas la del otro… si ves que sus argumentos son mejores, lo entiendes y no insistes más o das una opción buena para ambos. Aunque no es en lo único en que quisiera que se pareciese.
─Aidan…
─Sé que últimamente estoy muy pesado. Seguro que te estoy molestando tanto como Molly a mi.
─¿Por qué no duermes en mi casa? Será más cómodo que el sofá de la sala…
─¿Estás segura?
─Sí…
─Bien. Entonces acepto tu oferta. Gracias.
Sophie se dirigió hacia la baranda y miró la ciudad bajo sus pies. Veía el río, partiendo la ciudad en dos. Algunos decían que Dublín no era de los mejores sitios, que le faltaba algo, pero era todo lo que ella necesitaba. Todo lo que conocía. Siempre había vivido en esas calles y nunca querría dejarlas. Empezó a soplar una brisa suave que removió todo su pelo. Cerró los ojos para disfrutar del poco viento que anunciaba que se acercaba la primavera. Su temporada favorita.
Murphy estaba de pie en una sala de reuniones y en ella se encontraban Sophie Doyle y Aidan O’Reilly, además de los nuevos agentes que se unían al caso. Ryan Fitzgerald, Sullivan Byrne y Flynn Gallagher. Seguían siendo pocos, pero suficientes para el caso. Aún había un solo cuerpo, pero tenían el dibujo que amenazaba que habría un segundo, y quién sabía cuántos más.
─Para empezar. Este caso es prioritario, aunque ocurra algo más lo pasaremos a otros agentes de la sección. Quiero que estéis completamente centrados. Tendremos que esperar para ver cuánto tarda en volver a actuar, pero teniendo en cuenta que dejó el primer dibujo y actuó el día siguiente, no creo que podamos tener suficiente suerte como para que espere mucho más. Quien sabe si hoy mismo no recibiremos una llamada informando de otro c*****r. Como sea, aunque puedan no parecer relacionados, mientras lo ocurrido sea como dice el dibujo, no dudéis que estamos tratando de un mismo asesino. Por ahora no quiero que la prensa se entere, así que trataremos esto con la máxima discreción. Que a nadie se le ocurra decir que hay un asesino en serie suelto o habrá consecuencias. Quiero que encontréis cualquier cosa extraña y si por nuestra mala suerte hay más víctimas, buscad relaciones entre ellos incluso en cosas tan estúpidas como dónde toman el café y qué carreteras toman en la ciudad, ¿entendido? Lo más mínimo, pero quiero una conexión.
─¿No será una conexión como que se parecen?─preguntó Flynn.
─El primer dibujo era una mujer, el segundo parece advertir que será un hombre. No sabemos nada más, ni color de pelo, ojos ni nada, pero no parece seguir ese tipo de patrón.
─Bien. Entendido.
─¿Tenéis alguna duda más?─silencio.─Perfecto. Sophie se encargará de comunicarme vuestros avances, así que hablad con ella si queréis decir algo. Podéis iros.
Los cuatro hombres se levantaron y salieron, pero Sophie se quedó sentada en el mismo sitio, quedándose a solas con Jack Murphy. Se la quedó mirando sin comprender por qué no se iba.
─¿Ocurre algo? ¿No quieres estar al cargo?
─No es eso. Siempre hemos tenido investigaciones “pequeñas”, alguien que mata a otro por deudas, odio, en algunos casos extraños, amor, o eso dicen ellos… pero no tenemos ni idea de qué mueve a este sujeto. Parecía arrepentirse, eso es lo que pensarías viendo la escena, pero ya había planeado dejarla así, por lo tanto, ¿disfraza sus emociones? ¿O las planea por avanzado? Además, no puedo olvidar que ese loco sabe dónde vivo.
─Descubriremos quién es. Confío en tus capacidades, Sophie. Sabes que hay un inspector a punto de jubilarse… Ha habido un solo nombre para su reemplazo, y es el tuyo. Piensan que eres una buena policía, además les interesa mostrar que apoyan a las mujeres en este trabajo, pero créeme que si lo consigues, será porque te lo has ganado.
─Gracias, supongo.
─Sal ahí fuera, y coge a ese cabrón.
─Sí, señor─dijo ella, riendo.
─¿Qué quieres cenar?
─Estamos en mi casa, deja que lo haga yo.
─Que no. Me estás haciendo un favor dejando que me quede aquí, así que por lo menos deja que haga algo por ti.
─Vamos, Aidan…
─Me encanta cómo te molesta que los demás hagan cosas por ti.
─No me molesta, solo que no me parece correcto. Por lo menos deja que…
─Nada. Vete a bañarte o a ver la tele o lo que quieras. Yo me ocupo de la cena.
─¡Pero…!
─Sabes que no voy a cambiar de opinión.
─Otra vez te quedas en el sofá.
─Sí, sí…
Sophie subió a su habitación. Cogió ropa para ir por casa, se encerró en el baño. Se duchó rápidamente y se vistió. Se onduló ligeramente el pelo y en verse en el espejo, vio que el jersey que llevaba le iba tan grande que apenas se notaba nada de su cuerpo. Salió del baño, cogió una camiseta de tirantes negra y se la puso. Los pantalones deportivos se le adaptaban perfectamente al cuerpo. Dejó de mirarse y bajó a la cocina. Olía bien, aunque no sabía qué podía estar preparando su compañero. En verla abrió la boca para decirle que se fuera, pero ningún sonido salió de sus labios en ver cómo iba vestida.
─¿Vas a tardar mucho?
─Ya estoy… casi…
─Bien. ¿Qué es?
─Boxty.
─Creo que no como de eso desde que mi madre se fue.
─Pues mejor─dijo Aidan, parando el fuego.─Así te va a gustar más.
Sirvió la comida, se sentaron con un par de cervezas en la mesa y empezaron a cenar. Su tema de conversación fue el mismo que en el trabajo. El asesino de los dibujos. Cuando acabaron de comer Aidan recogió los platos, aunque Sophie había insistido en que la dejase a ella.
Después ella le enseñó su antiguo cuarto para que durmiera ahí, pero en cuanto le miró a los ojos, Aidan se acercó a Sophie y la besó. Seguía conociendo sus labios aunque lo que había habido entre ellos hubiera sido años atrás. Terminaron en la habitación donde dormía ella, echados en la cama y repitiendo lo mismo que aquella vez.