En mitad de la noche Sophie se despertó. Estaba inquieta y había soñado con todas las personas que habían muerto por el dibujante. Ya habían pasado tres días, cuatro, si contaba que eran las cinco de la madrugada, y no había muerto nadie más. ¿Se había quedado sin víctimas? Es lo que no dejaban de preguntarse en comisaría, pero ella estaba segura que debía haber otra razón, una de más peso. Aunque no tenía ninguna pista que le facilitara saber cuál debía ser.
Se removió entre las sábanas y vio a su lado a John. Ya ni recordaba que le había invitado a cenar de nuevo y habían terminado durmiendo juntos. Cerró los ojos y trató de dormir, pero era consciente de que eso no iba a ocurrir. Cogió su camiseta, se la puso y salió de la habitación, con mucho cuidado para no hacer ruido. Dejó la puerta cerrada, bajó al despacho de su padre, donde había toda su investigación pegada en las paredes. Era un caos, sí, pero eso la había ayudado a resolver algunas partes. Abrió un cajón para coger papeles en blanco, bolígrafos, hilo y pinzas, además de tijeras y cinta adhesiva. También cogió fotografías de los casos de su asesino y subió a su antigua habitación. Por suerte ahí solo había una cama y un armario pegado a la pared. Cortó varios trozos de hilo y los pegó en las paredes. En cada hilo puso una fotografía de uno de los muertos y empezó a llenar papeles con información sobre las víctimas. Terminó creando un segundo caos en la casa, pero eso la ayudaba. Imaginaba que los hilos eran la conexión entre las víctimas, y esa era el asesino. ¿Qué tenían todos en común?
Le pareció que su cerebro producía más información de lo común porque recordó un pequeño detalle al cual no había dado importancia alguna hasta entonces. El profesor había ido a un museo con algunos de sus alumnos un viernes. ¿No era ese el mismo día en que la primera víctima no había ido a la cafetería de siempre? Una teoría le surgió en la mente. Su relación debía estar en ese sitio. El asesino les vio ahí. Y probablemente les había elegido por algún comentario que debían haber hecho. Pero necesitaba comprobarlo, no solo con los conocidos de las primeras víctimas, sino que también con las amigas de la última. Si lo que pensaba era correcto, estaba más cerca de la verdad. O eso esperaba.
─Sophie, ¿qué haces…?─empezó a preguntar John, antes de abrir por completo la puerta de la habitación y ver todas las paredes llenas de papeles escritos con diferentes colores y fotografías. Era un caos. Una obsesión.─¿A qué hora te has levantado?
─A las cinco. No podía dormir─contestó ella, de pie en el centro de la habitación. Se había girado en oír la voz de Beckett, pero él tenía la sensación que no le miraba.
─Normalmente, ¿sabes a cómo se le llama hacer esto?
─No, y siento decir que tampoco me interesa.
─Estás obsesionada, Sophie.
─Quiero pillarlo. ¿Tan extraño es?
─No, pero la gente no hace esto en su propia casa. Deberías limpiarlo.
─Eres psicólogo. Deberías saber mejor que nadie que la mente humana es un caos. Ideas inconexas que se relacionan por detalles tan pequeños como colores. James Joyce supo representarlo bastante bien en su libro Ulisses.
─¿Y qué significa eso?
─Esto no es más que lo que tenía en mi cabeza. Y verlo me ha ayudado. Puede que sepa dónde conoció a todas las víctimas.
─Solo es una posibilidad, ¿no?
─Sí, pero seguramente no me equivoco. Necesito ir al instituto de nuevo y preguntar una cosa y mandaré a alguien a por las cintas de seguridad del museo donde trabajaba Mary Bower. Necesito la cinta del viernes antes del primer asesinato.
─¿Para?
─Seguramente fue ese día en el que todos coincidieron.
─Desayunemos, ¿vale?─dijo John, para cambiar de tema.
─Claro.
El aula de dibujo volvía a estar sin alumnos, aunque estaba llena de cuadros. Liam O'Donnell estaba sentado enfrente de Sophie y John, esperando a que le preguntaran cualquier cosa.
─Perdone que volvamos a venir aquí repentinamente...─comentó Sophie.─Es solo que necesito cierta información.
─Lo que sea necesario si ayuda en el caso…
─Será breve. ¿Puede decirme a qué museo fueron de excursión?
─A la Galería Nacional. Había varias exposiciones, incluso de pintores no famosos… así que creí que sería bueno llevar a los alumnos de arte… para que vieran que incluso sin ser famoso se puede pintar perfectamente.
─¿Vio a Murray hablar con alguien que no fuera del instituto?
─No lo recuerdo. Estaba pendiente de los alumnos.
─Ya… Eso es todo. Bueno, otra pregunta… ¿se le ha ocurrido algo más sobre los dibujos?
─No, lo siento.
─¿Piensa que son buenos?─preguntó Beckett.
─Bueno… en lo que cabe… si no implicara muertes, supongo que diría que sí.
─A mi me parece de mal gusto, la verdad. Además, sin color parece que falte algo… aunque claro, sabrá usted más de arte que no yo.
─Si nos disculpa...─murmuró Sophie, girándose para salir de la clase.─¿Por qué le has hecho esa pregunta?
─Para ver cómo reaccionaba… cosas de psicólogos.
─¿Y cuál es tu opinión?
─No parece loco… pero la mayoría de sociópatas tampoco lo parecen.
─Volvamos a la comisaría… Con suerte ya tendrán las cintas de la galería… Y confirmaré lo que ya pensaba.
─Hemos tenido suerte─comentó Ryan.─Esta misma semana iban a grabar encima del vídeo de ese viernes. Pero… ¿qué estamos buscando exactamente?
─A todas nuestras víctimas.
─¿Realmente crees que las eligió a todas un mismo día?─preguntó Sullivan. No parecía completamente convencido con la teoría de Sophie, pero no quería cerrarse en banda, así que trataba de estar abierto a todas las posibilidades. Como el agente con más experiencia en el grupo, sabía que los asesinos a veces no eran demasiado lógicos.
─Sí─contestó Sophie, completamente seria. Empezó a reproducir el vídeo hasta encontrar la exposición donde había los cuadros a nombre de Cian Clarke. Empezó a pasar las imágenes a cámara rápida con sus compañeros mirando detrás de ella.
─Para ahí─dijo Flynn, cuando la cinta marcaban que eran las 10:18.─Ahí está el profesor con todos sus alumnos.
─¿Y esa del fondo no es Maggie?─añadió Ryan, señalando una esquina del vídeo.
─Lo parece.
─Ahora nos queda la primera víctima─murmuró Sullivan. Ahora ya no dudaba tanto de que la joven agente Doyle tuviese las ideas más claras que nadie.
Siguieron avanzando las imágenes hasta encontrarla. Sasha Kelly estaba en la grabación del viernes. Contando que James Quinn solo hubiera sido un accidente por haber visto al culpable, ya tenían una relación entre todas las víctimas. La galería de arte de la ciudad.
─¿Qué tal si buscamos a alguien que esté un largo rato cerca de la exposición de Clarke? Quizás así podemos tener una lista de sospechosos─propuso Flynn.─Aunque igual es complicado…
─Podemos intentarlo─respondió Sophie.─Alguien que se quede un largo rato observando solo un par de cuadros digo yo que resaltará entre todos los visitantes.
Después de una hora enfrente de una pantalla de ordenador viendo grabaciones en cámara rápida, tenían tres hombres que se habían quedado sentados enfrente de la exposición de su asesino. Gracias a que había diferentes cámaras en varios ángulos y sitios pudieron sacar una imagen más o menos nítida de los tres.
─Eh, Sophie, mira eso─dijo de repente Ryan, inclinándose adelante para acercarse más a la pantalla.─Este tío… está siguiendo a la señora Kelly.
─Y es uno de los que hemos apuntado en nuestra lista─añadió ella.─Pasaré su imagen por reconocimiento facial… quizás sacamos su nombre.
─Oye, ¿alguien sabe dónde se ha metido Aidan?─preguntó Flynn.
─Yo le he visto hablando con Murphy─respondió Sullivan.─El jefe parecía serio mientras que O’Reilly, cabreado. ¿Sabes algo, Doyle?
─No. ¿Debería?
─Es tu compañero.
─Ya...─murmuró ella, justo cuando el programa de la policía emitió un sonido.─¡Premio! Nuestro hombre se llama Gary Campbell. Fichado por robo y violencia. ¿A quién le apetece una visita a su casa para traerle?
─Iremos Flynn y yo─contestó Ryan.─Esperemos que no se resista a venir.
─Perfecto. Yo tengo que hablar con Sam del departamento de narcotráfico.
─¿Y eso?─preguntó Sullivan.
─Le pedí que vigilaran a los que vendían anfetaminas… ya sabes… nuestro sujeto las usa para dormir a las víctimas. He supuesto que alguien que de repente empiece a comprar cantidades más o menos grandes y en poco tiempo sería sospechoso.
─Piensas bastante─dijo Flynn, riendo.─Espero que tenga algo bueno.
─Yo también. Bien, os veo luego.
Como solía ser normal, la sección de narcotráfico estaba bastante tranquila y silenciosa. Dublín no era una de las ciudades donde más drogas se vendieran, aunque había más de lo que les gustaría reconocer. Aún y así, la policía lo tenía casi todo controlado. Sophie buscó a su amigo, y en encontrarle se acercó.
─Oh, Sophie. Tengo algo para ti─dijo Sam, nada más verla.
─Espero que sea algo bueno.
─Bueno… a medias. Han visto a dos hombres comprando anfetaminas constantemente… pero a uno no le vieron la cara y el otro es extranjero.
─Al que no le vieron la cara… ¿tienen por lo menos una definición? Color de pelo, altura…
─Era moreno, de metro setenta y poco. Llevaba una sudadera y una mascarilla, además de unas gafas, por eso no pueden describirle mejor. Seguiremos alerta por si le viéramos de nuevo.
─Si lo hacéis, detenedle. Comprar drogas ya es delito suficiente, así que…
─Está bien.
─Gracias por la información.
─De nada. Nos vemos.
─Sí.
─¡Sophie!─gritó alguien desde la otra punta del pasillo, cerca del despacho de Murphy. A ella no le hacía falta girarse para saber quién era, aún y así se dio la vuelta para observar a Aidan acercarse cabreado.─¿Sabes algo?
─¿De qué hablas exactamente?
─Pues de porqué pretenden separarnos.
─Es la primera noticia que tengo.
─No juegues conmigo, que nos conocemos. ¿Has dicho algo sobre mi al jefe? ¿Acaso tratas de arruinarme?
─Aidan, no todo gira a tu alrededor. Estoy ocupada con el asesino. ¿Piensas ayudar o vas a dar pataletas porque no todo sale como tú quieres?
─Será mejor que nada de lo que digas y hagas me repercuta, ¿me entiendes?
─Si esto es una amenaza, sabrás que hacer con ella si no quieres problemas de verdad─respondió Sophie, mirándole a los ojos con tanta seriedad que no era común en ella. Sin importar que sus ojos fueran marrones, parecía que estuvieran en llamas. Aidan la conocía lo suficiente como para saber qué significaba eso. Si la seguía cabreando, quizás acabaría con algo roto. Dejó el tema y se fue hacia el ascensor a pesar que aún estaba en horas de trabajo y dejo a la agente Doyle sola en su despacho, mirando información y esperando a que trajeran a su sospechoso.