Al abrir los ojos Sophie vio que estaba entre los brazos de John y ella tenía la mano en su pecho. Miró hacia arriba. Beckett estaba despierto y en notar que se movía bajó la mirada para encontrarse con la de la chica. Sonrió en verla despierta y le colocó el pelo detrás de la oreja. Le acarició los labios con el pulgar, lo que sorprendió a Sophie, pero no se apartó.
─Buenos días─dijo él, entonces.
─Buenas...─murmuró ella. Por alguna razón estaba un poco avergonzada y no sabía qué decir o hacer. Vio luz desde fuera. Luz del sol. Se incorporó rápidamente y miró el reloj que había en la mesita de John. Las ocho.
─¿Qué pasa?─preguntó él, sentándose también en la cama. Había dejado al descubierto medio cuerpo. Estaba delgado y musculado, aunque eso ya lo había notado cuando la había abrazado. Parecía que iba al gimnasio, pero no se debía pasar muchas horas ahí. Solo las necesarias para estar ligeramente en forma.
─Es que es un poco tarde… Entro a las nueve…
─Puedes desayunar aquí.
─Ya, pero quería darme una ducha…
─Usa mi baño. Si quieres tengo ropa de mi hermana… para que no tengas que usar la de ayer.
─¿A qué ropa te refieres?─preguntó ella, tapándose con la sábana por vergüenza.
─Creo que lo sabes─contestó él, riendo.─Y, Sophie…
─Dime…
─Si hice algo que…
─¡Pero si yo lo empecé! No sé por qué deberías disculparte tú…
─Es que te estás escondiendo de mi… osea, con la sábana y…
─Es vergonzoso estar desnuda a pesar de que anoche nos acostasemos.
─Ah… claro. Perdona. Esto… Te dejaré ropa en el baño y mientras preparo el desayuno, ¿está bien?
John se movió para levantarse, pero Sophie se acercó a él, sujetando la sábana contra su pecho y le besó rápidamente. Él se sorprendió, pero segundos después se inclinó y la besó de nuevo. Después de eso se puso en pie, se vistió solo con calzoncillos y pantalones y salió de la habitación. Sophie vio en el suelo su ropa interior, pero solo cogió las bragas y la camisa que llevaba John el día anterior y que ahora estaba en el suelo, a los pies de la cama. Se vistió con eso rápidamente y se levantó. Se miró en el espejo. La camisa le iba grande, pero apenas le cubría medio muslo y sus pechos se veían perfectamente porque la llevaba desabrochada. De repente el espejo reflejó otra figura por detrás de ella, y eso la sobresaltó. Se giró para mirar de frente a John, quien fue incapaz de centrar la mirada en sus ojos, sino que analizó su cuerpo, casi completamente visible bajo la poca ropa que llevaba. El pelo le caía en la espalda, pero algunos mechones le llegaban hasta el pecho, apenas tapado por la camisa. No parecía que su talla fuera muy grande, pero tenía un tamaño perfecto para su pequeño cuerpo lleno de curvas, la que más resaltaba era la de su cadera. Sus piernas, no demasiado delgadas pero ligeramente musculadas delataban que hacía ejercicio, algo normal siendo policía. Tenía una cicatriz por debajo de la rodilla, y cuando se movió pudo ver que también tenía algunas estrías en la cintura, y a pesar de eso era perfecta. Miró su rostro. Estaba sonrojada. ¿Se daba cuenta de lo mucho que eso le pasaba? Se mordió el labio y bajó los ojos. Empezaba a sentirse incómoda.
─No debería haber entrado así. Perdona─dijo él.─Solo me preguntaba si quieres café o prefieres té.
─Café.
─Como tus ojos, ¿eh?
─Sí...─murmuró, y recordó algo.─Mierda. Ayer no me saqué las lentillas.
John se rió.─Parece que finalmente te expresas como cualquiera, enfrente mío.
─Ya… Como sea, ¿sabes que mirar a alguien tan fijamente no está bien?
─Perdona─contestó él, pero igualmente no podía dejar de echarle miradas. Notó una presión en sus pantalones y apretó los dientes.─Ya te he dejado lo que necesites en el baño.
─Gracias…
─Me voy a preparar el desayuno. Tomate tu tiempo.
Sophie sonrió y John volvió a salir de la habitación para ir a la cocina. Nada más entró cerró la puerta y se tocó el pantalón. Si se hubiera quedado un rato más enfrente de ella, hubiese terminado con una erección de la que se hubiera percatado. Suspiró y trató de dejar de pensar en eso para cocinar.
En entrar al baño vio una toalla verde, ropa interior bastante discreta y su propia ropa del día anterior. Abrió el grifo, se desnudó y después de coger un par de jabones se metió bajo el agua. Mientras estaba lavándose el pelo recordó la noche anterior. Las manos de John deslizándose por su cuerpo. Descubriéndolo. Sus manos se detuvieron y ella miró su cuerpo. La había estado mirando con curiosidad cuando había entrado en la habitación. Se había entretenido en sus curvas y cicatrices, pero no había hecho ninguna expresión de desagrado. ¿Había notado que sus pupilas se dilataban? Tragó saliva y apartó todas esas ideas. Terminó de ducharse y después de secarse se vistió, pero en coger la camiseta notó que su olor no era demasiado agradable. Suspiró y volvió a ponerse la camisa de John.
─Por casualidad no tendrás algún jersey de tu hermana, ¿verdad?─preguntó Sophie, cuando entró a la cocina.
─Hay alguno… pero los gustos de ella… bien, digamos que le encanta mostrar su pecho.
─¿Y no hay nada discreto?
─No aquí. La ropa que dejó aquí era toda de esa forma.
─Bien, pues déjame tú algo.
─¿Qué?
─Mi jersey huele mal. Entre sudor, comida y todo…
─Está bien. Te dejaré algo, pero primero desayunemos.
Llegaron a la central de policía a las nueve menos cinco. Sophie llevaba sus tejanos y una camiseta negra de John. Se había puesto las gafas porque le dolían los ojos por culpa de haber dormido con las lentillas. En vez de ir a su despacho, ambos fueron a la planta de narcotráfico y una vez ahí Sophie buscó a su amigo con la mirada, y poco después le encontró. Se acercó a él, y este sonrió y se levantó para hablar con ella pero vio a su acompañante.
─Ah, sí. Sam, él es John Beckett. Es psicólogo criminal. Nos está ayudando con el caso. John, él es Samuel Ward.
─Encantado─dijo Sam, tendiéndole una mano al otro hombre. John la aceptó y después de encajarse las manos, el policía miró de nuevo a su compañera.─Ayer dijiste que necesitabas mi ayuda.
─Sí. Es posible que nuestro sujeto empiece a comprar cantidades, seguramente alarmantes, de anfetaminas. No hay mejor sección para controlar a quién se les vende esos productos y quién es el vendedor.
─Más o menos sabemos quiénes son los traficantes de anfetas. No son demasiados. Todos prefieren heroína o pastillas.
─¿Podríais mantenerlos más o menos vigilados? Y avisarnos si veis a alguien que va muy repetidamente. Más de lo normal. Aunque de repente deje de comprar anfetamina y compre algo más.
─Lo intentaré, pero no prometo nada. La ciudad es grande y esta gente sabe esconderse.
─Es suficiente con que lo intentes. Gracias. Si descubres algo, ya sabes, llámame.
─Claro, lo haré. Nos vemos.
─Sí. Gracias de nuevo, Sam.
─¿Qué has dicho?─preguntó Sophie, en oír a su jefe.
─James Quinn está muerto. Le han encontrado en el río. Y no se ha ahogado, le han estrangulado.
─No había ningún dibujo sobre esto─dijo Aidan.─¿Podemos estar seguros de que es obra de nuestro sujeto?
─Se ha descontrolado. Y probablemente James le vio. Ayer estaba aterrorizado cuando le pregunté qué había visto en Phoenix Park.
─Genial, así que nuestro único testigo está muerto─comentó Sullivan.─¿Y ahora qué?
─Ahora que el caso es público, podemos preguntar a artistas reconocidos que analicen los dibujos por si les resulta parecido la forma de dibujar─respondió Flynn.─Hasta ahora no querías hacerlo, pero ahora ya no importa.
─Está bien─contestó Jack.─Contactaré con algunos. Necesitamos ayuda, la verdad.
─¿A qué hora han establecido la muerte de James?─preguntó John.
─Aproximadamente las ocho, pero podría haber sido un poco más tarde. El agua no ayuda demasiado.
─Se fue de aquí algo antes de las siete… ¿No podríamos mirar las cámaras de la ciudad para seguir sus movimientos?─propuso Sophie.
─Podemos probarlo. Ordenaré a un par de agentes que lo hagan.
─Con todas las víctimas podemos establecer que el sujeto no actúa entre las nueve o diez y las seis, aproximadamente. Tiene horarios fijos─dijo Sophie.─Aunque hay demasiados trabajos con esos horarios…
─Y no tiene una zona de confort. Toda la ciudad le parece un buen sitio─añadió Ryan.─Es posible que tenga coche. Y tiene facilidad para acercarse a las víctimas, así que podemos establecer que es bueno relacionándose con la gente y si incluso logró acostarse con Mary Bower puede ser que también sea atractivo. O por lo menos joven.
─¿Y qué consideras tú atractivo? Porque cada persona tiene gustos diferentes─interrumpió Aidan.─A ti quizás te gustan las rubias y a mi las pelirrojas, ¿sabes? Eso dudo que sirva para algo.
─En resumen─cortó Sophie.─Nuestro sujeto tiene trabajo fijo, es bueno relacionándose y debe tener entre treinta y cuarenta, como todas las víctimas. Es un hombre, artista, y está fuera de control. Podemos esperar más víctimas en un corto periodo de tiempo.
─Necesitamos más información. Hay cientos de personas que coincidan en esa descripción.
─Ryan y Flynn, vosotros ocuparos de Mary Bower, por alguna razón cambió ligeramente su forma de actuar con ella. Investigad también si había rechazado a algún artista en el museo donde trabajaba. Sullivan, ¿puedes ocuparte del profesor? Y Aidan, tú de Sasha, la primera víctima. Yo me encargo de James. Quizás recibió alguna llamada o algo que nos dé una pista─dijo Sophie, mirando a sus compañeros. Todos asintieron, aunque sorprendidos de que quien diera las órdenes no fuera Jack Murphy. Se levantaron y salieron de la sala, salvo Sophie, John y Jack.
─Veo que estás motivada, Doyle.
─No quiero más asesinatos en la ciudad. ¿Usted se ocupa de hablar con artistas?
─Sí, tranquila.
─Bien. John, tú…
─Escucharé lo que digan los artistas que vengan pero prefiero seguir la investigación, por si sacáis nuevas conclusiones que puedan aportarme algo sobre la mentalidad del sujeto.
─Está bien. Como prefieras─contestó. Miró a su jefe.─Me ocuparé de informarle de nuestros avances cada día antes de irnos.
─Me parece bien. Pero id con cuidado.
Sophie y John también abandonaron la sala. Fueron a los laboratorios, donde aún debían estar las pistas del asesinato de James. Vieron el c*****r y les explicaron que le habían matado, pero que antes le habían inyectado anfetamina. Era una gran cantidad y depende de cómo también podría haberle matado si antes no le hubieran asesinado, pero ya era menor cantidad que en el cuerpo de Mary. Después hablaron con Brianna y Niall. No había pruebas de ADN, es decir, como siempre, su sujeto se había ocupado de no dejar rastros. Pero el teléfono de James se había encontrado en unas escaleras a unos metros del río. Había incluso pisadas, como de forcejeo. Sophie miró a John, y por cómo la estaba mirando supo que habían pensado lo mismo. Le drogó en la calle, le mató en algún sitio privado y después le tiró al río. Ya no tenían dudas de que este era el único crimen no premeditado. No tenía nada contra James salvo que este le había visto.