Aina Ivanova El dolor de espalda es insoportable, llevo tres días postrada en esta cama, ni siquiera puedo sentarme estoy atada. El idiota de Enzo me engaño de nuevo y como siempre yo de tonta creyendo en él. De cierta manera me utilizo y a la vez me dijo parte de la verdad. Qué quiso a cambio, pues que me casará con él y lo hice, pero fue más por obligación. Intento jalar las cuerdas de mis manos para poder aflojarlas, nada. Solo me lastimo las muñecas que están irritadas y con sangre. Al ínstate se abre la puerta, me detengo al ver quién entra; como siempre entra con su traje libre de arrugas, limpio y que lo hace ver como lo un dios. —¿Cómo estas, amore mio? (Amore mio: amor mío.) —Jódete idiota —lo digo con repulsión hacia su persona. Él solo sonríe con satisfacción. Lo miro de m

