Eder Ross Molesto me dirijo a mi habitación, necesito descansar; en estos días he estado estresado. Decido darme una ducha, me desvisto y entro al baño, abro la llave del agua fría y refrescante, así como me gusta. Me quedo por uno minutos bajo el agua; esos dos jades no se me olvidan mucho menos su cuerpo. Desde el hotel no he podido olvidar la noche que tuvimos, no quería hacerlo, pero su atracción me atrapó. El tacto de su piel me hace necesitarla, quiero besar de nuevo esos carnosos labios, succionar su pálida piel, acariciarla y de nuevo penetrarla con profundidad. De solo pensarla de nuevo se me comienza a endurecer, el agua fría no me es de ayuda. No puedo verla a los ojos como anteriormente lo hacía, cada vez que miro sus hermosos ojos me es difícil no resistir a su mirada, en

