Estoy tan sumergida en mis pensamientos que todos se mezclan, se revuelven y me hacen confundir más. No sé si sentirme bien ante lo que pasó; de mi parte me gustó mucho, o si sentirme mal por su actitud. Reacciono a su voz mencionar mi nombre. Dejo de ver el techo, sujeto la sabana cubriendo mi cuerpo, me siento sobre la cama y lo miro a los ojos, ojos que al encontrarse con los míos evade; de la misma manera dejo de mirar su rostro y me fijo en su anotomía que está cubierta por una bata blanca de baño. —Puedes ducharte. No te tardes, te esperamos abajo para desayunar. Eso es todo lo que dice, no más. Se da la vuelta dándome la espalda y me acerca a su ropa que guardó en el armario. No quiero quedarme en este ambiente tan raro, es la primera vez que lo siento distante. Con pocos ánimos

